
Hay poca cosa nueva que contarte, en las tinieblas del sueño, esta mañana otoñal. Llueve. El silencio de la casa es enorme desde que no la llenáis tu hermano y tú,
Me rondan la pena y la melancolía del ineluctable ritmo del tiempo. Tic, tac, tic, tac… pesan los años, la fatiga y las malas intenciones de algunos. La ansiedad no se marcha,
Atrapados en obligaciones que no queríamos, seguimos por ti. Por favor, Rodrigo, continúa ayudándonos. Se nota tu dulce aliento cuando todo parece ir en contra, mil gracias.
Te queremos. Abrazos enormes: Papá, Mamá y Gonzalo.









