1 de noviembre

Hoy, que es sábado y fecha simbólica a la vez, te añoramos muy especialmente,  Rodrigo.  Desde la noche de Halloween, con niños llamando a la puerta,  hasta esta mañana del día de los difuntos, plagada de flores y visitas rituales a los cementerios, todo vuelve a hablar de ti.

Son las seis. La casa está oscura y calmada. Han pasado veintiún años,  pero tu risa y tus pasos todavía resuenan por las escaleras. Y lloramos por haberte perdido.  Por la familia que no pudiste crear y los hijos tuyos que nunca llegaremos a conocer.

Este 2025 de nuevo te lloro, hijo. Brotan lágrimas que ya creía suficientemente restañadas.

Este año, como todos,  como siempre,  te recordamos en la intimidad. Tenemos otras fechas para llevarte flores. Este año, sin embargo,  se os ha unido Ela. Y esperamos que te haya dado,  que te siga entregando,  todos los besos y abrazos que te tenía pendientes,  cariño.

Yo también te los mando.  Y papá.  Y Gonzalo.

Porque te seguimos queriendo como si siguieras aquí. Porque,  de hecho,  con nosotros sigues, Rodrigo.

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