Mediados de enero

Hola, Rodrigo,  buenos días. Te escribo tempranito, mientras escucho el ruido manso de la lluvia. Aún está oscuro y la noche me llena siempre de emociones tristes.

Sigue ayudándonos, por favor, hijo. A veces nuestro esfuerzo parece inútil. Otras, los resultados son descorazonadores. Pero aquí seguimos. Luchando. Por ti.

Te queremos. Por eso y por tu dulce memoria no nos rendimos. Gracias por la ayuda, la intuición y el coraje. Contigo siempre. Hagamos todo juntos,  Rodrigo, cariño. Por favor.

Te llegarán millones de abrazos de oso, sí, de los pesados de tus padres. Porque tu familia te quiere infinitamente.Y millones de fotos, canciones, juegos, libros y risas de tu hermano.

Ojalá los recibas. Todos y cada uno. Junto con  los montones de cariños que se nos quedaron pendientes.

No te olvidamos. Siempre cuatro contigo, te queremos: Papá, Mamá y G.

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