
Hola, cariño, buenos días desde la oscuridad de una madrugada fresquita por fin.
Mientras la casa, la calle y el barrio entero duermen, yo te escribo.
Vuelven los usos y costumbres de septiembre. No hemos dejado de hacer cosas estas semanas vacacionales, aunque a medio gas. Ahora intentaremos volver a las rutinas sin que nos agobien las obligaciones. Contigo siempre en el corazón.
Esta tarde vemos a tus amigos E y N. Con tu hermano. Un poco también estarás tú.
Y así va nuestra vida sin ti, sin dejar de pensarte o quererte. Ocupada. Intentando que sea razonablemente plena.
Te mando muchos abrazos. En piña familiar. Y libros, pelis, risas, juegos… No te olvidamos, Rodrigo.









