Último sábado de agosto

Hola, cariño, buenos días desde la oscuridad de una  madrugada fresquita por fin.

Mientras la casa, la calle y el barrio entero duermen, yo te escribo.

Vuelven los usos y costumbres de septiembre. No hemos dejado de hacer cosas estas semanas vacacionales, aunque a medio gas. Ahora intentaremos volver a las rutinas sin que nos agobien las obligaciones. Contigo siempre en el corazón.

Esta tarde vemos a tus amigos E y N.  Con tu hermano. Un poco también estarás tú.

Y así va nuestra vida sin ti, sin dejar de pensarte o quererte. Ocupada. Intentando que sea razonablemente plena.

Te mando muchos abrazos. En piña familiar. Y libros, pelis, risas, juegos… No te olvidamos, Rodrigo.

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