
El tiempo vuela. En un parpadeo resulta que es sábado otra vez y te escribo unas líneas, Rodrigo. Aunque se me hace extraño decir, anotar, tu nombre, porque hace demasiado que no estás.
Ay, hijo.
Ayer tarde, transpuesta en el sofá, te vi en sueños un instante, sentado en la sala de espera de la dermatóloga. Supongo que porque justo fui a esa consulta el jueves. Pero, llámame simple, me hizo ilusión haberte visto, esa imagen nítida, tu aspecto juvenil y de aparente normalidad.
Porque es muy poco ya lo que tenemos de ti.
No dejes de cuidarnos, cariño.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









