
Buenos días de sábado, hijo. Otra vez siento que han volado las horas, y los días, y que apenas hace un instante te acababa de escribir las últimas palabras. Tempus fugit irreparabile.
Tu pequeña familia sigue avanzando, con esfuerzo emocional. La vida continúa, con sus miserias y las grandezas, lo cotidiano.
Y sin ti.
Eso es lo horrible: siempre sin ti.
Lo que no acepto, que es, que sea para siempre.
Me niego, me llena de coraje. Todavía. Aunque hayan pasado veintidós años y siete meses.
Por favor, Rodrigo, tenme paciencia. Y espérame.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









