Octubre

Buenos días de sábado, hijo. Otra vez siento que han volado las horas, y los días, y que apenas hace un instante te acababa de escribir las últimas palabras. Tempus fugit irreparabile.

Tu pequeña familia sigue avanzando, con esfuerzo emocional. La vida continúa, con sus miserias y las grandezas, lo cotidiano.

Y sin ti.

Eso es lo horrible: siempre sin ti.

Lo que no acepto, que es, que sea para siempre.

Me niego, me llena de coraje. Todavía. Aunque hayan pasado veintidós años y siete meses.

Por favor, Rodrigo, tenme paciencia. Y espérame.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

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