
No es posible, ¿sábado otra vez? Buenos días, Rodrigo. Aquí me tienes, escribiéndote las mismas impresiones de tempus fugit y de nostalgia por tu compañía de todas las semanas.
Han llegado ciertos fríos, tampoco te creas que muchos, y el otoño por fin se desliza suavemente por el jardín.
Papá, tu hermano y yo vamos cumpliendo metas despacito, pero la sensación temporal es de extraña rapidez. Y en el mientras tanto no te olvidamos. Ni nos aburrimos, por cierto.
Mañana comemos con E y N. Todos juntos. Ojalá fuese también contigo.
Y puedo contarte poco más, hijo. Que te seguimos queriendo con todo nuestro corazón. Y que, porfa, cariño, nos sigas cuidando.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









