
Hola nuevamente. Espero que todo muy bien, hijo. En la antesala del día de difuntos, te vuelvo a escribir. Y me vuelve a molestar tener que pensarte hoy.
Difunto. Tú. Veintidós años y siete meses después sigo sin aceptarlo.
Tú no, hijo. Tú no, Rodrigo. Como vas a estar difunto tú, cariño.
Evito las noticias, pero me salen al paso los sesenta y nueve fallecidos en un choque de trenes cerca de Toledo. Y las imágenes de vagones destrozados. Las familias que buscan y no encuentran, que finalmente esperan la confirmación de lo peor me remueven muy hondo.
Con el país entero de luto, ha surgido la solidaridad de muchísimos. Qué triste que también la maldita mala baba de los impresentables. Esos que utilizan las desgracias para medrar.
Ay, esta naturaleza humana. Junto a los que arriesgan vida y fortuna por ayudar, hay siempre otros que aprovechan el dolor ajeno para hacer caja, o política marrullera, o sensacionalismo mediático.
Estamos tristes. Por ti y por todos los que se acaban de reunir contigo. Porfa, Rodrigo, sigue cuidándonos mucho a todos.
Abrazos, besos y lágrimas: Mamá.









