Último sábado de mayo

Cómo pasa el tiempo, cómo vuela, parece increíble. Querido hijo, otra vez te anoto unas líneas para no perderte el contacto. Aunque haga diecinueve años y dos meses que te fuiste.

La vida sigue sin ti. Nos vamos haciendo viejos. Todo es lo mismo y a la vez no es igual porque faltas tú. De vez en cuando algo diferente rompe la rutina: un viaje, una quedada, una reunión de amigos… El tiempo ha suavizado la pena, pero sigue doliendo que no estés aquí. Vas a faltarnos siempre.

Me cuesta mantener el ánimo. Porfa, Rodrigo, mándame fuerzas. Papá, G y yo no te olvidamos. Te queremos como antes, como siempre, hijo. ¡Te echamos tanto en falta!

Visítanos en sueños, mándanos señales, cartas, canciones o pájaros, lo que sea y se te ocurra, cariño. No te olvides de nosotros, ni de tu hermano, ni de tu casa. Aún nos quedan pendientes millones de abrazos de oso. Te queremos hasta el infinito. Allá donde estés, espéranos, hijo.

Todo nuestro amor: Papá y Mamá.

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