Último sábado de marzo

Buenos días, hijo. Acabo de darme cuenta de que es sábado y no te había escrito. Con papá aquí de vacaciones pierdo la cuenta del tiempo.

Nunca es tarde, sin embargo, para ponerte unas líneas, hijo. Desde la lluvia, la primavera de flores y de hierba, con árboles y paseos por las sendas que tú también viviste.

Regresamos despacito a la serenidad. Cuanto podemos. No es fácil.

Tú siempre nos faltas. No dejes de velar por nosotros, cariño, que lo necesitamos muchísimo.

Millones de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

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