
Siguen pasando el tiempo y mil cosas discretas (agradecemos que la vida no se ponga intensa). Tengo poco nuevo que contar. Y es una alegría que sea así.
Te pensamos hijo. Hablamos de ti. Te seguimos echando de menos infinitamente.
Ojalá leas mis pobres frases, Rodrigo. Ojalá me visites en sueños.
Llueve El jardín se ha llenado de hojas. Tecleo en la madrugada mientras se me inundan los ojos. Veinte años y seis meses después de tu marcha, sigo llorando cuando menos me lo pienso.
Nunca olvides que te queremos, hijo. Millones de abrazos de oso: Papá y Mamá.









