
Mañana todavía tenemos un evento de XXI aniversario. Estamos un poco cansados.
Y tú, tan lejísimos. Y nosotros, tan solos…
Comimos con tu hermano en una mesa de tres. Normalmente son de cuatro y te pensamos mientras la vemos vacía. Pero esta vez, no. En esta tonta y estúpida ocasion, el restaurante tenía una mesa más pequeña.
Y ya no sentí la nostalgia de tu ausencia. Ahora era rabia, porque hasta eso nos habían quitado.
Cuantísimo tiempo sin verte, oírte, abrazarte o besarte, escuchar tu risa, disfrutar tu voz…
No, no me conformo. Te echo de menos.









