Último día de mayo

Pasan los días, las semanas, los años y tú no regresaste a casa, aunque te llamamos y estuvimos esperando mucho tiempo.

Hay veces, como hoy, en qué no sé qué decirte,  si reprocharte el abandono, mi pobre, a ti que no tienes ninguna culpa, o a mí misma por no haber sabido cuidarte mejor.

Y no sirve de nada, porque nada te trae de vuelta con nosotros. Y la esperanza se hace más chiquita y solo me quedan las lágrimas.

Por favor, Rodrigo,  no dejes de cuidarnos. Porfa, hijo. Mándanos ayuda, sabiduría y serenidad.

Te queremos.

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