Mediados de noviembre

Buenos días muy madrugadores, Rodrigo. Otra vez me parece que ha pasado la semana demasiado deprisa. Tempus fugit.

Vivimos entre rutinas suaves y desconciertos vitales varios. Tu ausencia siempre es de estos últimos y siempre duele, de mil maneras distintas e inopinadas.

Y así continuamos, sin saber a ciencia cierta hacia dónde nos estamos dirigiendo. Porque así es vivir, esta serie de variopintos sucesos encadenados. Y, porfa, que sigan siendo suaves.

Te echamos en falta.

11 del 11 de 2024

Veinte años y ocho meses sin ti.

Parece todo un sueño.

Pero lo cierto es que hace demasiado tiempo que no estás.

Te echamos de menos infinitamente.

Noviembre

Hola, cariño, buenos días de un nuevo sábado, cómo corre el tiempo…

Papá y yo vamos haciendo rutina, aunque aún nos persigue la sensación de vacaciones.  Vemos a tu hermano a menudo. Charlamos mucho con él.

Todo fluye ordenada y pacíficamente, solo faltas tú, Rodrigo. Siempre, en toda circunstancia, alegre o triste,  echamos de menos tu compañía.

No tenías que haberte marchado tan antes de tiempo, hijo. Ojalá sientas nuestra añoranza de ti y te pases a vernos. Ojalá volvamos a encontrarnos.

Aquí sigue estando tu casa y tu gente. Y te queremos.

Primeros de noviembre de 2024

No he querido escribirte el día 1, de los difuntos, ni te he llevado flores. Nunca lo he hecho, tampoco ahora. Hoy, que es 2 y dicen que el día de los santos, te pongo estas letras, hijo querido. Más que nada por sábado, aunque tampoco quiero desechar la otra advocación. Con todo el tiempo que llevas lejos, ya habrás ascendido en los escalafones, ¿no?

Ay, ojalá me leas y te rías.

Aquí seguimos como podemos, fastidiados sin ti, pero con la compañía de G. Siempre echándote en falta, pero unidos los tres y en tu nombre.

Esta vida sigue, cargada de desgracias nuevamente. Los centenares de muertos y desaparecido tras una DANA espantosa en Valencia nos hacen pensar en ti, en vosotros. Reavivan nuestros recuerdos traumáticos. También nuestra empatía. Y volvemos a preguntarnos qué hacemos aquí, el por qué de esta existencia de desdichas y sufrimiento.

Porfa, en lo que puedas o te dejen, cuídanos. A todos.

26 de octubre de 2024

Los días se acortan y está noche es el cambio de hora,  «A las tres serán las dos» es la extraña frase que acompaña todos los últimos sábados de octubre, como el de hoy. Siento que la vida se repite y me da coraje que tú no estés aquí en esa serie de repeticiones.

La Aso y sus quehaceres absorbe más parte de nuestro tiempo de lo que nos gustaría. Esperamos que hasta que todo ruede un poco más fluidamente.

El otoño y sus colores hermosean el jardín, las sendas y paseos. Los prunos envejecen, el de la entrada, el tuyo, está malito. Nada permanece.

Seguimos tus pasos, Rodrigo. Espéranos.

19 de octubre de 2024

Hoy salimos de excursión con la Aso. Contigo también.

Espero que sea un día sereno,  de convivencia y de memoria.

Porfa, Rodrigo,  no dejes de venir.

Millones de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Días y días

Siento que te estoy contando nimiedades y las mismas aburridas cosas, Rodrigo. 

Perdóname.

Solo pretendo mantener esta levísima conexión contigo, con la esperanza de que me leas o me oigas, desde dondequiera que estés. Desde algún lugar que deseo que exista, para así poder pensar en volver a abrazarte.

Ay, hijo, sigue siendo difícil vivir sin ti.

Saludos desde Vitoria

Hola, cariño.

Estamos lejos y un tanto descolocados, pero contigo siempre en el corazón ❤️

Porfa, Rodrigo,  no dejes de cuidar nuestros pasos, un poco  temblorosos cuando salimos de la rutina.

Te queremos.

Millones de abrazos y libros, desde este Festival de novela negra. Ojalá estuvieses aquí.

Veranillo de San Miguel

Ya se ha instalado el otoño, han pasado veinte sin ti,  y tú sigues ausente, hijo querido.

Envejecemos. Últimamente siento que me falla este corpachón regordete y poco ágil. Papá está más flaco y se le marcan manchas y arrugas en el rostro. Y tú sin regresar, Rodrigo.  Se hace larga y durísima la espera.

Nos van cercando el tiempo y los achaques. Ley de vida, dicen. Tu hermano nos acompaña por ti y por él,  amorosamente. Vivimos veinte años contigo y otros tantos sin ti. Y sigo sin aceptar tu muerte innecesaria.

Te escribo cada sábado desde hace todo ese tiempo y aún se me inundan los ojos al teclear cuantísimo te añoramos.

No quiero ponerme triste, te mando abrazos de los nuestros. Vuela, cariño. Pero vuelve a casa cuando puedas. Te esperamos.