Último sábado de febrero 2022

Hola, cariño. Estamos en Ribadesella, con las mentes ocupadas en el paisaje, las presentaciones, el contacto con otros, sí. Pero no se me olvida la cercanía del nuevo aniversario,

Por aquí hemos recibido calor humano y señales hermosas de esperanza. Mil gracias por lo que te toca. Hemos recorrido el lugar de punta a punta muchas veces, mañana, tarde y noche. Nos llevamos en la retina el impresionante espectáculo de las olas de invierno. Papá y yo, siempre juntos, contigo en el corazón.

Hoy hablaré de mi novela, y veremos a amigos, y regresaremos por unas horas a Oviedo. Después, la vuelta a casa, procurando que las fechas no nos duelan.

Como si se pudiese… En fin, lo intentaremos.

Te mandamos millones de abrazos. Tqm. Hasta prontito.

Finde de preparativos y estrés

Acabo de caer en la cuenta de que hoy es sábado. Hola, Rodrigo, buenos días, ¿qué tal estás?

Te escribo como la madre del pionero que enviaba cartas por si acaso llegaban. Nunca dejo de escribirte/hablarte por la misma razón. Y porque te añoro. Y, por supuestísimo, porque te quiero.

Pocas novedades te puedo contar. Que llevo tres semanas rehaciendo mis dos novelas en liza, muy cerca de acabarlas. Que estoy exhausta a ese respecto y me vendrá bien desconectar. Que tengo presentaciones y ese viaje próximo me ayudará en dicho sentido. Que me sube el estrés por las mil contrariedades que surgen cuando se rompen las rutinas…

El aniversario de tu muerte injusta anda cerca y siempre que puedo lo conjuro hablando de ti. Lo haré el próximo jueves ante jóvenes que ni habían nacido cuando tú tuviste que irte. Así pasa el tiempo. Hace ya casi dieciocho años que no estás.

Y pronto serán tu cumpleaños y el mío. Y después el de Papá y el de tu hermano, y todos nos haremos más viejos, mientras tú seguirás con tus jóvenes y dulces veinte. Ay, hijo.

Pero no quiero que me abata la desesperanza. Vuela, Rodrigo. Y ven a vernos en sueños. Te esperamos y queremos. Pronto con las flores rosadas de tus prunos. Abrazos de oso: Papá y Mamá.

La cuenta atrás

Hola, cariño. Queda un mes para la fecha fatídica. Da igual el tiempo que pase, siempre duele y nos asalta el efecto aniversario.

Hace tanto tiempo que no estás… Parece como si todo hubiese sido un sueño. Así empieza el síndrome, con la irrealidad. Luego llega la añoranza. Después la pena y el miedo. Finalmente la rabia. Oleadas de sentimientos y sensaciones contradictorios, que se repiten una y otra vez.

La pandemia impidió que siguiese haciendo presentaciones de tu libro, Rodrigo. Pronto volveré a hablar de ti nuevamente. Pero no es fácil. Me cuesta un esfuerzo.

Nos han invitado a la presentación de un documental sobre vosotros. Hay una serie a punto de estrenarse al respecto. Y no creo que llegue a verlos. Me duele tantísimo…

Aquí estamos, hijo querido. Recordándote. Queriéndote. Añorándote. Hoy muy en especial, porque es el aniversario de Nuria, necesitamos saber que voláis muy alto los dos.

Cuidaos mucho. No os olvidamos. Abrazos de oso: Papá y Mamá.

11 de febrero, un mes antes.

No me gustan los onces. Y menos aún este que anuncia el siguiente aniversario. Pero el tiempo fluye y llegan, uno tras otro.

Te pienso. Te llamo, Rodrigo querido.

Es lo único que puedo hacer. Espérame.

5 de febrero de 2022

Buenos días, Rodrigo. Espero que estés bien. Nosotros seguimos sin mayores novedades, retirados del mundanal ruido. Lo de siempre estos últimos tiempos.

Así que, poco tengo que añadir a mi cantinela de otros sábados. Que ha brotado la primera orquídea, que tengo previstas presentaciones a finales de mes aunque todavía sin confirmar, que llevo dos semanas escribiendo muchísimo, que casi son ya dieciocho años sin ti.

Te pensé ayer en el centro comercial, plagado de regalos de san Valentín. Recordé tu alegría tras los exámenes y que buscabas algo discreto para tu novia recién estrenada. Cosas sencillas de esas que conforman la vida y que tanto se echan de menos cuando da un quiebro inesperado. Como tu muerte. Como tu ausencia injusta.

A pesar de haber pasado tanto tiempo, a veces me llegan hilachas de memorias contigo. Suaves, desdibujadas. Y ya no me duelen con el filo acerbo de entonces, sino con melancólica tristeza. Escuecen, porque no estás, pero también abrigan el corazón con la ternura con la que nos queríamos, y aún nos queremos los cuatro.

Aquí estamos, hijo querido. Resistiendo. Recordándote. Lo que nunca cambia es nuestro amor por ti.

Miles de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Aislada sin pretenderlo

Hola, cariño. Hoy me he despertado a las tres. Tengo la vista y la mente muy cansados, así que te escribo desde la buhardilla, mientras Papi está en una reunión de esas pesadas y horribles, y a mí se me cierran los ojos.

Seguimos en pandemia y en la sexta ola. Excepto el día de la presentación, apenas veo a nadie. Mis actividades presenciales han vuelto a Zoom y de pronto, ahora que me pongo a reflexionar, me doy cuenta de que esta semana apenas he salido de casa un par de veces. Tampoco vemos a tu hermano, solo nos leemos o hablamos por teléfono.

Jo, lo siento, me he enfangado con mi novela, venga a escribir y escribir, y he perdido el sentido de la realidad. Hasta que hace un momento, el WordPress del móvil me ha recordado que hoy es sábado y toca hablar contigo. Madre mía, qué despiste 🙂

Será que me hago vieja. O que la dichosa COVID-19 está acabando con mi cordura. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, te pongo estos párrafos y te digo que te quiero. Con todo mi corazón, Rodrigo. Mándame pistas y ayudas, que las necesito, porfa. Ya te lo agradezco de antemano. Y vuela alto.

Volveremos a vernos.

22 de enero de 2022

Ayer hizo un año de la muerte de JCC. Papá, G y yo hemos recordado la fecha con agridulce desazón. Ojalá sigáis juntos, hijo, como en la adolescencia. Ojalá andeis cuidándonos a todos los de este lado, también juntos. Os echamos en falta por aquí.

Tu hermano es ahora el de una escapadita a Alicante. Con la pandemia, lo preferimos como lugar seguro donde podemos mantener todas las precauciones.

Lo cierto es que esa casa y esa ciudad nos ayudan a los cuatro en muchos sentidos. Especialmente a cambiar de aires y romper la monotonía. Su clima es maravilloso en invierno. Además, la casita de los Lalos parece tener todavía un poco de ellos, de esencia familiar y curativa.

En fin, cariño , no sé me ocurre ninguna otra novedad que contarte, pero te escribo, como todos los sábados. Para que sepas que no te olvidamos, Rodrigo. Para que no dejes de velar por nosotros.

A diecisiete años y diez meses de tu marcha, cómo duele tanto tiempo sin ti, te pienso, hijo querido. Te quiero. Y te mando millones de abrazos de oso.

Desde casa, con mucho frío

La nevadona de 2021

Hola, cariño, te escribo muy temprano, entre edredones, porque hace un frío polar. Estamos a – 3°C.

Tu hermano está recuperándose bien, Papá y yo continuamos bastante recluidos, y poco más. Estuvimos unos días en Alicante y el clima no nos fue tan propicio como en el viaje anterior, pero disfrutamos todo lo que pudimos del mar y del sol.

El próximo lunes hago una presentación. Es lo único diferente y especial en estas semanas, espero que salga bien. No dejes de venir a tu modo, porfa, Rodrigo.

Te queremos mucho. Hasta pronto.

11 de enero de 2022

Hago el cómputo de los onces de tu ausencia, Rodrigo, y me salen 218. Ay, hijo, resulta que cuento los meses sin ti como hacía antes, cuando eras un bebé y parecía que la vida iba a ser bondadosa contigo.

Tal como teníamos previsto, estamos en Alicante, en la casa de los lalos que ahora es nuestra y nos arropa mucho. G nos pidió que no dejásemos de venir, pues pasa la COVID-19 flojita. Después del susto, menos mal que no tiene ni fiebre, solo congestión nasal, laxitud muscular y dolor de cabeza, como un resfriado. En fin, se nota que es joven y tiene las dos vacunas de Pfizer. Estos días, entonces, teletrabaja y prefiere que estemos lejos para no contagiarnos.

Poco más te puedo decir, cariño. Que Papá y yo nunca te olvidamos y que te queremos. Hasta pronto, montones de abrazos de la pesada que te quiere tanto: Mamá.

Recluidos

Buenos días, Rodrigo. Hoy tecleo en el móvil y recluida en casa con Papá. Tu hermano dio positivo el día de Reyes en un autotest de antígenos, así que estamos esperando por si acaso nos contagió la última vez que lo vimos. Fue el martes pasado, llevábamos mascarillas y de momento no tenemos síntomas, pero seguimos el protocolo.

Parece ser que la nueva variante es algo más suave, en el caso de G parece un resfriado de vías altas, con mucha congestión pero sin fiebre. Estamos menos agobiados porque tiene las dos vacunas, pero la preocupación va por dentro. Imposible no tenerla en nuestro caso de angustia post traumática.

En fin, cariño, échanos una mano, porfa. Te queremos. Besos hasta tu cielo. Vuela alto.