Se pasan las semanas casi sin sentir, mientras se aproxima de nuevo el aniversario; redondo esta vez, lejanísimo en la consciencia colectiva; casi sueño, pesadilla tremenda, para tu pobre familia, Rodrigo.
Son las ocho de la mañana y te escribo desde la buhardilla, como tantas veces estos años sin ti, Rodrigo.
Se acaba enero, tempus fugit, y tenemos marcadas fechas importantes en cada mes, no nos envuelve el tedio, te lo aseguro, hijo. Así, poniéndonos hitos, vivimos lo mejor que se nos ocurre. Te echamos siempre en falta. Añoramos la familia que fuimos y la que ya nunca seremos porque nos faltas tú, tu pareja, tus circunstancias, tus hijos…
Eso es todo. A lo lejos, alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se conforma con haberte perdido...
Sin embargo, seguimos resistiendo. Contigo. Con tu hermano. Por vosotros dos.
Hola, Rodrigo, cariño, ¿qué tal estás? Ayer me despisté, pero nunca es tarde y te escribo hoy, domingo. Estuvimos juntos los tres y, cuando eso pasa, somos cuatro; porque tú, a tu modo, también estás.
Simplemente comimos y charlamos un ratuco. Es una gran ventaja estar tan cerca como para vernos cuando nos apetezca, pero no tanto como para invadir nuestras respectivas cotidianidades. Así es perfecto.
Sigo escribiendo y presentando mi último libro. Papá vuelve al trabajo después de disfrutar los últimos días de vacaciones de 2023. Y hacemos ya la cuenta atrás, pues le quedan pocos meses para jubilarse, por fin. Y aunque la cercanía del vigésimo aniversario nos incomoda, intentamos vivir con serenidad estos días, semanas, meses hasta entonces.
Tú, por favor, no dejes de cuidarnos. Porfa, porfa, porfa. Millones de abrazos, hijo querido. Y de besos. Y de canciones. Y de libros…
Hola, Rodrigo, cariño. Te escribo desde la buhardilla y el último sábado de 2023. Qué vértigo saber que tú no estás con nosotros desde 2004, nunca consigo aceptarlo, comprenderlo del todo.
Vimos a Ela el día 24, y a tu tía y primos el 25. Las fiestas son tristonas sin ti. Ojalá hubiera peques que las alegrasen, pero nos toca lidiar con esa ausencia también.
Papá y yo peleamos por no perder la esperanza vital. De momento, tenemos ilusión por los viajes. Ya veremos en el futuro, cuando los problemas de la vejez nos impidan disfrutarlos. Pero, por encima de todo, lo que nos falta es tu compañía. Lo que duele. Para lo que no hay solución alguna.
Te echamos muchísimo de menos, hijo.
Pasaremos solos la Nochevieja, ya sabes que no somos de mucha celebración de fin de año. Hasta ahora, siempre venía tu hermano a cenar y luego se iba a la fiesta. Esta vez él y B se dejarán caer a la hora del vermú. Ya te contaré qué tal esta novedad novedosa.
Ojalá me leas, Rodrigo. Ojalá me estés esperando en la última vuelta del camino. Te quiero siempre, a pesar de todo.
No te olvidamos, hijo; no nos olvides tú, por favor.
Buenos días desde la buhardilla. Ya pronto serán las fiestas. Tristonas. Sosas. Siempre sin ti. Poco puedo contarte en especial. Seguimos juntos y bien, que es lo importante, nostalgias a un lado.
A ver qué tal salen las cosas celebrándolo todo aquí, en casita. No dejes de venir, Rodrigo, que somos muy, muy pocos.
Abrazos gigantes, canciones y juegos, risas, música, comidas y regalos. Contigo hasta el infinito.
Egipto era tu viaje soñado. Fuimos sin ti. Quizá estuviste a nuestra sombra, sin saberlo nosotros; quizá ya has ido tú por tu cuenta desde que vives en la otra dimensión.
Hola, Rodrigo. Estamos a una semana de las fiestas navideñas, un poco más centrados, que celebraremos todos juntos aquí por primera vez. La casa de los abuelos ya no reúne condiciones.
No dejes de visitarnos, hijo. Veinte años son muchísimos, aunque el tango diga otra cosa, y perdemos el sentido de la realidad. Por favor, cariño, no nos olvides. Y gracias por tus amigos.
Besos xxxxxxxxxxxx, infinitos besos y abrazos. Te quiere: Mamá.
A tres meses del vigésimo aniversario, el peso de tanto tiempo sin ti es un dolor añadido.
Pero tuvimos la suerte de la visita de V. Tu amigo. Para siempre.
No te olvidamos. No dejes de mirar por nosotros.
Nuestro hijo fue una de las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004. Estaba en el andén 2 de la Estación de Atocha, esperando el primer tren que le llevara a la Universidad, pero la maldad y la locura se cruzaron en su camino y nunca llegó. En esta bitácora le cuento las cosas que vivimos sin él, sabiendo que a su modo las escucha y las contesta.
Nos dejaste esta frase: "La dicha de vivir consiste en tener siempre alguien a quien amar, algo que hacer y algo que esperar".
Papá, tu hermano y yo te queremos, Rodrigo. No vamos nunca a renunciar a tu amor, a tu recuerdo ni a seguir siendo cuatro.
No es un adiós para siempre. Vela nuestros pasos y espéranos en ese mundo desconocido que ahora te acoge, porque volveremos a estar juntos.
Atenea pensativa, tu estela
Aquel que roba nuestros hijos, roba también el sabor de los frutos del jardín de la tierra, roba la esperanza de las estrellas y la calma de las horas. Y hace del cielo un mármol frío donde yacen nuestras súplicas…
Los que se van
Los que se van demasiado pronto dejan en los que los conocieron una pizquita de desasosiego. Es una semilla de amor y de bondad, por todas las cosas buenas que no les dio tiempo a hacer en este mundo. Las hacen germinar en los seres queridos, en los amigos, a menudo incluso en simples conocidos, para que la tierra no se pierda esa bondad suya.
Nos hacen a todos más responsables de la vida, de lo que realmente es importante, de lo que querríamos dejar tras nosotros cuando nos vayamos. Nos llenan de luz, cariño, compasión, nos cambian nuestro sistema de valores; nos hacen más conscientes de que nada permanece.
Este es el regalo de Rodrigo y de los que se fueron en los horribles atentados del 11 de marzo, a pesar del mal que se hizo a su alrededor; el regalo de los que se van a los que nos quedamos, para que sigamos esperando el reencuentro.
Enciende una vela
En diferentes tradiciones la acción de encender una vela es sagrada. Expresa más de lo que se puede con palabras. Tiene que ver con el agradecimiento. Desde tiempo inmemorial, los seres humanos han encendido velas en lugares sagrados. ¿Por qué no considerar el ciberespacio como un lugar sagrado? Clicando sobre la foto, podrás encender una vela virtual.
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