
Te llamo y te pienso esta nueva mañana de sábado, Rodrigo. Entre mil obligaciones hago un espacio para ti. La vida me arrastra y estas letras me ayudan a no perder el norte.
Te llamo, sí. No dejes de inspirarme, hijo. Ni de hacernos señales de por dónde seguir. Cada día me pierdo al menos en un vericueto, gracias por tus ayudas continuas. A pesar de que el tiempo lava tu presencia, o, mejor, su sensación mágica, siempre estás.
Te echamos de menos. Qué vacío terrible dejaste, cariño. Pero el amor sigue reuniendo nuestros mundos.












