
Hoy, comiendo con tu hermano y su chica, somos cuatro aunque tú no estés. Pero estás. A tu manera. Porfa, sigue dejándonos pistas para seguir el camino. Y visita nuestros sueños.
Te queremos.

Hoy, comiendo con tu hermano y su chica, somos cuatro aunque tú no estés. Pero estás. A tu manera. Porfa, sigue dejándonos pistas para seguir el camino. Y visita nuestros sueños.
Te queremos.

Hoy hace treinta y cinco años que nos casamos. No termino nunca de asumir todo lo que ha pasado en este tiempo, especialmente tu muerte, Rodrigo.
Tu llegada fue un regalo. Tu partida, el horror más oscuro y profundo por el que hemos pasado.
Nunca dejaremos de echarte en falta, hijo. Y mucho menos en fechas señaladas como la de hoy.
Te queremos.
Te llevo la cuenta, hijo. Este es el verano 🏖 décimo cuarto sin ti. Estuviste veintiuno con nosotros. Y me molesta mucho que no estés.
¿Dónde andas, cariño? ¿Estás bien?
Nuestros onces nos reúnen de nuevo en espíritu. Hasta que llegue el reencuentro total, me toca conformarme con eso.
No te olvido, Rodrigo. Y te quiero.

Tecleo en la oscuridad de las seis de la mañana. Llueve. Hace una temperatura deliciosa. Paseo con tu padre junto al mar y sé que tú nos sabes juntos y serenos porque nos haces guiños. Te echo de menos.
Hablamos de tu hermano, de la vida, de cosas nimias y de grandes dilemas, nos reímos. Y hasta parece que todo es posible, que hemos vuelto a la normalidad, y que nadie diría que nos faltas tú por nuestra apariencia. Pero sale tu nombre de pronto, Rodrigo, y tu recuerdo, y se nos llenan los ojos de lágrimas. Y sabemos que lo cotidiano será para siempre la añoranza.
Gracias por ser nuestro hijo querido, el primero, con el que aprendimos a amar y a ser padres. Gracias por las señales que nos mandas. Vuela alto, cariño, pero sigue ayudándonos, no te olvides de nosotros, tus pobres papis.
Abrazos de oso 🐻. Te queremos.

Hoy empiezan el verano y las vacaciones, pero también es el cumpleaños de Papá.
Lo celebraremos con tu hermano y parece que nos hemos acostumbrado a tu ausencia, pero, mira, hijo, siempre nos faltas tú.
Qué estarías haciendo, viviendo, pensando si estuvieras con nosotros. Cómo sería tu vida. Y las nuestras a tu lado. Esa es siempre nuestra duda vital.
Te pensamos, te echamos en falta, Rodrigo. Por favor, hijo, haz sonar los cascabeles de tu risa.
Te queremos. Siempre contigo. Siempre cuatro.

Feliz mañanita de San Juan, hijo.
Si de veras esta fecha de solsticio tiene un solo gramo de magia, la uso para ponerme en contacto contigo y decirte que te quiero.
Seguimos avanzando, entre el calor y el cansancio, la añoranza y la búsqueda de motivaciones. Te echamos muchísimo en falta, Rodrigo. Pero vamos hacia ti.
Desde el vértigo de la existencia diaria, te llamo, cariño. Por favor, nunca dejes de volar, ni de ser feliz, ni de hacernos señales que nos sirvan de brújula.
Te queremos.

Son las seis y media, no puedo dormir, sufrimos una ola de calor sofocante y no bajan las temperaturas ni por la noche. Pienso en ti.
Veo a tu hermano, a tus amigos, y vuelvo a sentir el vacío que ha dejado tu muerte injusta y malvada. Rodrigo, hijo querido, qué difícil es seguir viviendo tras aquel momento horroroso. Parece que nos hemos hecho a esta nueva vida sin ti y regresa el dolor, por oleadas, y la pena negra de tu marcha. Y la rabia de lo injusto se remueve con otras acciones terroristas, con otros sucesos que implican muchas víctimas.
Por más que los intentamos evitar, nos afectan. Aunque la gente que no ha sufrido pérdidas traumáticas no lo llega a entender y volvemos a ser unos bichos raros. Casi parece que nos acusan de recrearnos en nuestro sufrimiento. Ojalá pudiérmos salir de esta rueda infernal.
Como el calor que nos sofoca es la angustia que nos acompaña, me temo que ya de por vida.
Pienso en ti, Rodrigo. Y te quiero, te llamo, te ruego que no nos olvides, por favor, porque vamos siguiendo tus pasos.
No tenías que haberte ido tan pronto, antes de tiempo.
Te queremos.
Hola, cariño
Otra vez día once. Trece años y tres meses contando los onces que te arrancaron de nuestro lado.
Te queremos, Rodrigo. Nunca dejaremos de pensar en ti, ni de echarte de menos.
Buenos días, Rodrigo. Te escribo medio dormida, mientras escucho el canto de los pájaros mañaneros.
Todos seguimos bien. Tu hermano y su novia, Papá y yo. Solo nos faltas tú. Qué extraño es este vacío. A pesar del tiempo transcurrido, te echamos en falta. Siempre.
Siempre.
Y aunque el día a día nos pinta cierta cotidianeidad, el cuadro está raro, hueco, sin ti.
No te olvidamos, hijo. Espéranos.

Entre el calor y el cansancio, pienso en ti, hijo. Otro sábado que te escribo, otra semana que ha pasado … Me pierdo en los engranajes de la vida.
Sin ti.
Y tú cada vez más lejano, más ausente, más niño de apenas veinte años. Perdido en el pasado de muchas primaveras de añoranza, veranos de recuerdos, otoños de nostalgias e inviernos vacíos.
Rodrigo, repito tu nombre en mi corazón, y en voz alta, y hasta lo canto. Pero no vuelves a casa.
Desde el desconcierto de esta existencia te sigo queriendo, llamando y deseando volver a encontrar.
Te quiero.