De vuelta a la rutina

Mi penúltimo curso me llena de melancolía. Por  los treinta que compartí con tu hermano y los veinte que viví también contigo. Es extraño no teneros cerca. Y duele mucho tu ausencia, Rodrigo.

Me muevo ahora entre dudas existenciales sobre nuestras vidas, que empiezan el declive propio de la edad. Vuelven la pena, la rabia y la ausencia de tu muerte injusta, aunque también el amor que siempre nos unió y sigue juntando las dos orillas de este extraño mar en el que nacimos y morimos.

No te olvidamos, hijo. No se nota desde fuera, pero seguimos siendo cuatro. Mil abrazos de oso. Te queremos.

Trece años y medio 

Desde que tu hermano se independizó  parece que tu ausencia es menos ilógica. A veces incluso podría parecer que tú también vives con tu pareja y que vamos a quedar a comer todos juntos  el próximo sábado.

Luego la realidad golpea de nuevo en la herida de tu muerte y ya no tengo el consuelo de sentir tu sutil compañía por la casa, como antes. 

Pero te sigo llamando para no perder tu pista. Sin agobios, con la confianza de que nos esperas a pesar de todo.

Nuevo curso 

Parecía largo el verano y sin embargo ha pasado, ya llegó septiembre y con él un nuevo curso escolar. Si tengo suerte y no cambia la normativa, mi penúltimo.

Ya no tengo la nostalgia de vuestras vueltas al cole de tus primeros tiempos de ausencia, os habéis hecho adultos y vivís vuestras vidas independientes. Sigue siendo tu distancia lo que nos desazona, pero hemos aprendido a vivir el presente con un sosiego adquirido a fuerza de voluntad y de esperanza.

Ay, Rodrigo, por favor, alimenta esta última con los cascabeles de tu risa lejana, no dejes de mandarnos mensajes para seguir avanzando hacia ti. 

Unos días fuera

La última escapada estival nos ha venido de perlas para huir del estrés postraumático. Hemos estado cuatro días fuera visitando esos castillos que tanto te gustaban. Vamos aprendiendo a vivir sin ti, sin vosotros. Aunque la compañía de tu hermano es maravillosa, aun en la distancia de su independencia, la tuya duele; te seguimos echando en falta.

Ojalá puedas vernos y reír con nuestras carcajadas, y sabernos bien. Necesitamos saber que tú también lo estás y que volveremos a encontrarnos, y la duda a veces nos angustia. Pero seguimos queriéndote. Eso no nos lo pueden robar.

Muchos abrazos, Rodrigo. Espéranos.

El penúltimo sábado de agosto 

Pasan los días y la vida. Ese nuevo atentado nos hace pensar intensamente  en ti, en todo lo que nos robaron con tus pocos años. En la maldad y estupidez humanas.

Evito los informativos recurrentes y obsesos, pero a la vez  considero necesario no aislarme del todo y procuro estar mínimamente  informada. Una paradoja insoportable. Y es imposible no sentir que todo se remueve.

Te queremos. Nunca dejes de volar. No te olvidamos, espéranos.

Atentado en Barcelona

Era cuestión de tiempo que volviera a suceder en España un nuevo atentado yihadista. Ha sido un atropello masivo en las Ramblas. Se habla de trece muertos, cinco de ellos niños, ay, y un centenar de heridos. Cómo no pensar en ti, hijo.

Y en las familias que esta noche no han dormido porque faltaba uno de los suyos, y en la ausencia de noticias que supone, cuanto más tiempo pasa, el peor de los finales.

Ciego y loco odio fanático. Malditos sean los asesinos.

Pero nosotros, por favor, siempre pensando en ti y en el amor que une nuestros dos mundos. El amor es más fuerte que el terror que intentan extender.

Te queremos, Rodrigo.

Nuestros onces

Trece años y cinco meses. Ese es el cómputo de tu ausencia. Y el de todas las cosas que pudiste hacer acá y nos hemos perdido. Espero que las hayas realizado, y mucho más, en ese Otro Lado que te guarda.

Me he despertado en medio de un sueño y me emociona comprobar que estabas tú, que mi subconsciente no te ha borrado de nuestras vidas como hicieron aquellos fanáticos descerebrados. Esperábamos a papá en una fiesta del trabajo con familias. Tu hermano y tú érais niños y adultos a la vez, las cosas oníricas, ya sabes.

Al menos te he abrazado en ese mundo intermedio.

Te quiero.

En mundos de fantasía

Toda la semana viendo El Hobbit y El Señor de los anillos nos hacen pensar en ti. En la saga que leímos todos tantas veces, en cómo tú también quedaste rendido para siempre a su magia. Y en que las pelis de la novela, las mismitas escenas, las viste tú. Poco antes de tu muerte, Rodrigo. Y te encantaban.

He llorado despidiendo a Gandalf, aun sabiendo que luego volvería, y a Boromir, que se fue para siempre como tú, aunque me sé la historia palabra por palabra. Y todas y cada una de las despedidas eran un poco la tuya y las palabras, los gestos, el dolor y la esperanza, catárticas para nuestra pena. Tú andas por esos mundos, somos cuatro en esos universos de épica lucha entre el bien y el mal. Regresar allí es volver a abrazarte.

Hemos sentido de nuevo contigo la fascinación por los elfos, y te hemos sabido con ellos al otro lado del mar, esperándonos en los Puertos Blancos.

Te queremos, hijo. Nunca dejes de pensarnos.

Último finde de julio 


Qué rápido se pasan los días de verano, y cuántos meses de ausencia, Rodrigo.
Cuando te pienso apenas consigo capturar fragmentos de lo que fuimos. Ay, hijo, cada día, cada semana, cada mes me muestra nuevos matices del vacío que has dejado en nuestras vidas. Me sorprendo a mí misma aprendiendo todavía a bregar con ese hueco injusto e inevitable.

Solo me queda el amor que te tengo, que salta la barrera que separa nuestros mundos y nos une. No te olvidamos, cariño. Con serena esperanza vamos a buscarte.

Guíanos.