
Último finde de trabajo

He terminado los exámenes. También los papeleos burocráticos. Me esperan más el lunes, pero mientras tanto, enardecida por el ritmo frenético del último trimestre, he seguido trabajando y me he lanzado a revisar de nuevo el manuscrito: toda nuestra tragedia, hijo. La memoria de tu ausencia y de nuestro duelo.
Además de hacer arreglos menores que no puede evitar mi afán perfeccionista, el texto me sigue emocionado. Y esa lectura intensiva me ha inundado el alma con las sensaciones de todos estos años escribiéndote, Rodrigo.
Mi relectura, que pretendía ser crítica, me lleva de nuevo a la conclusión de que el texto merece la pena, algunos amigos y algunos editores independientes lo han corroborado, pero ahí está la realidad. Tuve la oferta de una editorial muy chiquita que pretendía censurar toda la crítica y que, obviamente, no acepté. Y luego, una promesa de revisión que todavía espero de otra más grande y combativa, pero pasan los meses y no sé qué pasará.
No hay prisa, me digo. Lo que cuento no tiene urgencia periodística, sino el poso ya de un hecho histórico que puede ser estudiado en cualquier momento. Tal vez para el décimo quinto aniversario.
Y te añoro, y añado estas nuevas líneas a nuestra bitácora, hijo, mientras el día va despuntando. No te olvido.
Acabando el curso

Estoy más allá del cansancio, agotada y triste. Te me desdibujas y eso me entristece más. Paso un mal trago en revisiones médicas, pero, sobre todo siento que me faltas tú.
Espero que las vacaciones curen esta tristeza que me está inundando el alma. Tres veces ya la he citado en las pobres líneas que te dedico, hijo querido. Supongo que tan extremo agotamiento es lo que me debilita el ánimo. Pero no me rindo.
Te quiero, Rodrigo. Sigo luchando por papá y por tu hermano, pero sobre todo contigo y por ti.
Once de junio

Nuestros onces, Rodrigo. Siempre te pienso. Y te quiero.
Te echo de menos
Da igual el tiempo que haya pasado, de pronto regresa la consciencia de tu marcha repentina. Y duele. Suena tu nana en el televisor, ni idea de por qué, y te recuerdo apenas un bebé al que abrazaba cantando esas notas. Y la emoción me embarga hasta las lágrimas. Comprendo con una nueva y prístina claridad que ni tu hermano, ni tú vivís ya con nosotros. Y siento que cae sobre mí hasta casi aplastarme una losa emocional de ausencias y desconciertos.
Así sigue esta segunda vida que emprendimos la misma maldita mañana de tu marcha. Contigo en el corazón. Con toda la dignidad y fuerza que podemos, pero por siempre doloridos.
Segundo premio

Nuestra Asociación ha concedido su segundo premio por la memoria y la paz. Ha sido para el jefe de los TEDAX que no se doblegó ante las presiones de los políticos aquel 11 de marzo. Quisieron que mintiera para salvarles la credibilidad, pero él ya se temía que pudieran convertirlos en los culpables de un supuesto error, en cabezas de turco, e hizo documentar todo el proceso. Con él acudió a los juicios y con esa verdad fue vapuleado por los voceros de la teoría de la conspiración durante años.
Oírle me ha emocionado. Una persona honesta, un servidor público que puso incluso la vida en juego por vosotros, hijo. Su dignidad y sensatez me hacen recobrar la fe en el género humano.
Un pequeñín

Tuvo una vida corta como estrella fugaz. Sus pocos años estuvieron marcados por una enfermedad repentina y aniquiladora. Su final sorprendió pero a la vez era esperable. Y sin embargo a todos nos ha dejado tocados.
Pobre chiquitito. Martín. El niño que nunca vimos pero todos hemos amado en la distancia se cansó de luchar.
Espero que le hayáis recibido con abrazos enormes ahí, en el Otro Lado.
Junio ya

El tiempo no se detiene. Se acaba el curso y yo sigo como puedo, con el cansancio lógico, esta vida loca. Siento con emoción tus guiños renovados, recuerdo tu amable compañía con nostalgia agridulce, te escribo, busco el halo de tu existencia alegre por la casa…
Es lo que vengo haciendo muchos meses ya, cuando, de improviso, la monotonía de los últimos años se rompe. Cambia el ritmo.
La política ha dado un quiebro inesperado y brota de nuevo la esperanza de recuperar todo lo recortado, esquilmado y robado a manos llenas sin rubor por los que ahora se van sorprendidos del rechazo que producen. Puede que me dé tiempo a ver recuperación antes de jubilarme. De la verdadera, de la educación, los servicios sociales, la sanidad, la libertad de expresión… Y eso me aporta nuevas energías.
Lo hablo con tu hermano y con tu padre. Y a ti te lo escribo.
Feliz cumpleaños

Hace treinta y cinco años que naciste, hijo. Una mañanita de jueves. Solo compartimos contigo veinte cumpleaños, no llegaste a hacer veintiuno con nosotros. Pero te llevamos las cuentas y te queremos como si siguieras aquí, cariño.
Aunque no pueda impedir que se me llenen los ojos de lágrimas, te recuerdo en este día 24. Y lucho porque siga teniendo connotaciones hermosas en medio de tanta desgracia.
Te queremos, Rodrigo.
Te pienso

Insomne, en la oscuridad de la noche pienso en ti. En nuestra vida, el paso del tiempo, los casi veintiún años que compartimos y los catorce que estamos echándote de menos.
Esta casa vacía parece la misma y me arropa a veces, cuando no pienso en lo que fuimos y ahora nos falta. Aunque la existencia nos arrastra hacia adelante y parece que no hay nada más que muchas sucesiones de presentes, Rodrigo, hijo añorado, espero con toda mi alma encontrarte en el futuro.
Por ello, por favor, nunca dejes de decirnos dónde estás, porque vamos a buscarte.









