Te quiero

Pasan los días, las semanas, los meses, los años sin ti, Rodrigo. Andas muy lejos, en La Comarca, o con los elfos, no sé, viajando de universo en universo. Vuela muy alto, cariño, que nuestro mundo imperfecto y caótico no te lastre.

Pero no te olvides de nosotros y de vez en cuando, por favor, sonríenos.

Sábado Santo 

Han vuelto el frío y la lluvia, tu nombre viene a mis labios en esta madrugada todavía oscura. Me duele saberte lejos, ajeno a esta vida, que es la única que yo tengo y conozco, sin poder verte evolucionar. Me sigue doliendo no escuchar tu voz, no tener llamadas tuyas, no recibir mensajes, no compartir universo contigo. 

Me aferro al amor que une nuestras almas, a pesar de la distancia, y a la llamita de esperanza de volver a encontrarte. 

Te quiero, Rodrigo. No dejes de volar muy alto. Nos veremos pronto. Nunca te olvido. 

Cuánto tiempo 

Me desazona el paso de los días.  Es cada vez más extraño el recuerdo de los años  que compartimos. Se diluye, se tiñe de inconsistencia y sueño. ¿Qué es la vida?  una ilusión, una sombra, una ficción…

Entonces nos mandas una serie de pequeños mensajes encadenados y respiro.

Nos volveremos a encontrar.

Fantaseando 

Entre los que te gustaban,  los de tu pequeña biblioteca personal y los míos hay miles de libros donde perderme y encontrarte, Rodrigo.

Quedamos en ellos. No dejes de venir. 

Y la vida continúa 

Exámenes, evaluaciones, notas, trámites… Al final llega el momento del descanso y me recluiré en casa, rodeada de las cosas que me arropan, con Papá y tu hermano cerca.

Serán unas vacaciones activas de mil recados y ocupaciones pendientes, de callejear Madrid, de entretenimientos varios.

Querido hijo, he sentido tus guiños sutiles e intransferibles, estos días, que me animan a proseguir. Y continúo. Como tú querrías. Como tú quieres.

Pero te echo muchísimo en falta. Y te quiero. Siempre.

Catorce años sin ti 

Cuando el aniversario  queda atrás, solo empieza un nuevo cómputo, los trescientos sesenta y cinco días para el siguiente. Mucho tiempo  para echarte de menos.

Llueve. Es el marzo más lluvioso desde que te fuiste, Rodrigo. Parece que el cielo sufre y llora las enormidades de este loco género humano.

Te pienso, te añoro, te llamo mientras escucho el repiqueteo de las gotas en los cristales. ¿Dónde estás, hijo?  ¿Por qué te siento tan lejos?

Anda, porfa, envíame cariños de los tuyos. Me pueden la tristeza y el cansancio. Por favor… 

Te quiero. No te olvido.  

El renacer de la primavera tarda

Otros años las flores del pruno de la entrada acompañaban estos días: llevé una rama a tu tumba la terrible mañana de tu entierro; te hicicimos señas con ellas  muchas primaveras para señalarte el camino a nuestra casa, tu tierra y  tu familia; te pedimos con su floración maravillosa tantas veces que nos hicieras guiños…

Pero este invierno está siendo más duro.

Mucho más duro. Apenas se notan  los nuevos brotes y parece el lyquidambar (tu otro árbol, siempre el segundón), el más adelantado. Hoy se perciben en él, abultadas, las bolitas verdes que pronto serán hojas. Es el único guerrero del jardín que se enfrenta al frío sin retraerse, no en vano procede de climas más austeros.

Y como cada primavera, te prometemos seguir, como hace la naturaleza con estos renaceres. Continuamos caminando, Rodrigo, cariño. Vamos a buscarte. ¿Vendrás a nuestro encuentro?

Catorce veces once de marzo 

El paso de los días y la  maldita, fatal e insoslayable cuenta de los onces me trae a este nuevo aniversario. Y parece que  se agotan las palabras para expresar tu ausencia, pero nunca el vacío que dejó tu muerte, Rodrigo, hijo querido.

Te escribo, como Machado, hablando sola, en un ansia infinita  de quererle hablar a Dios un día. Tú me escuchas y respondes a tu modo. A veces hasta incluso me consuelas del tedio de vivir sin ti.  No importa que solo sea por  instantes fugaces, porque la esperanza me permite amarte tanto como cuando estabas aquí. O más, incluso.

Aunque los días de este mes sean una tortura y vayan haciéndose cada vez más ásperos, aunque vuelva  el viejo dolor de un  nuevo once de un malhadado marzo, resistimos, hijo.

Como hace catorce años: a fuerza de cariño. Los tres juntos, soñando con  ser cuatro.

El día antes 

Ya estamos inmersos en actos y memoriales. Echo de menos el anonimato de antes, cuando nos refugiábamos entre tus cosas y nuestros recuerdos. 

Me emociono a veces, sigo  cuanto puedo, pero me faltan silencio e intimidad para sentirte cerca.

No dejes de mostrarnos el camino, hijo. Espéranos. Vamos a buscarte. 

Esperando tu aniversario

Sola en casa, porque he pedido un día de asuntos propios, me encuentro un mensaje de amor en FB de una de tus amigas:

Hoy es un día especial. Y yo sólo quiero hablar de una mujer. Porque es la más fuerte que he conocido nunca. De mayor, quiero ser como ella, como tú, mami, que estás pero sin atosigar. Que tienes unos hijos increibles. Porque ahora que soy madre entiendo muchas más cosas y quiero para mi nena lo que has conseguido tú con tu amor incondicional y con el respeto. Porque igual que G. ha crecido, imagino a Rodri igual, pero diferente, ya sabes, mami, en la Comarca nos espera subiendo niveles.
He crecido, he aprendido, he llorado, he reido. En estas fechas mi corazón llora, como el tuyo. Pero sobre todo, sigues en pie, adelante, siempre adelante.
Ojalá todos tuvieramos una madre como tú.
Un gran abrazo de oso, mi hija también los hace.
Pd.Dile a papi que él tiene también un hueco en mi corazón. Y a manito que tiene mucha suerte.

Recuerdo haber ido contigo a su casa un par de veces, a coser disfraces, a charlar y comer juntos. Y varias quedadas de compras de telas. Y luego, sin ti, muchos eventos que deberías haber disfrutado tú y a los que fuimos contigo en el corazón.

En estos días en que las fechas no ayudan,  tu amor y el de tus amigos nos siguen consolando. Aunque hayan pasado catorce años. Aunque sea mucho tiempo.

Mil millones de gracias. Te/os queremos.