11 de septiembre

Y aquí seguimos,  Rodrigo.  Sin ti, pero siempre contigo en el corazón.

Te queremos.

No dejes de cuidarnos,  por favor,  hijo.

Otra semana más

Seguimos caminando,  ocupadísimos, a veces estresados. Y lo hacemos por ti.

Ojalá nos veas y ayudes, hijo querido.

Por ti y contigo, por favor.

Miles de abrazos de oso: Mamá.

Último sábado de agosto

Se nos acaba el verano, y aunque ahora no es tan perentorio como cuando trabajábamos, con nuestras obligaciones en la Aso volvemos a tener que regresar en septiembre. Hola, cariño.

Se me llenan los días de actividades y el tiempo se acelera. Nos vamos poniendo viejos y escasean las ganas de pelear más batallas. Solo lo hacemos por ti.

Porfa, Rodrigo, danos templanza y sabiduría para afrontarlo todo.

Lo sabes, pero me gusta repetírtelo: te queremos y nunca, jamás, nos olvidamos de ti. Por eso te enviamos millones de risas, muecas, libros, pelis y de abrazos de oso. Sigue ayudándonos, hijo.

Cumple de tu hermano

Hoy coincide que es sábado y que es el cumpleaños de tu hermano. Hemos quedado con él para comer juntos. Ojalá pudieras estar aquí tú también, Rodrigo.

Me llega una oleada de rabia porque es injusto que no estés.  Intento calmarme porque no sirve de nada. Y así es nuestra vida sin tu compañía.

Hace 21 años, 5 meses y 17 días que no te tenemos con nosotros. Pero te queremos, hijo. Como antes, cuando sí estabas.

Miles de abrazos de oso. Millones de cariños. No te olvidamos.

Mediados de agosto

Apenas amanece este sábado, te escribo. Hoy desde la campiña asturiana.

Miro el paisaje, sereno y hermoso desde las ventanas, y te echo de menos, Rodrigo. En la naturaleza es más fácil sentirte conmigo.

Nada más. A lo lejos se oyen pájaros, una esquila titilante, los balidos de una oveja… Y la luz se extiende por todo el valle.

Buenos días, cariño. Miles de abrazos y besos. Te queremos.

11 de agosto

Hoy vuelve a ser 11 y te pienso,  y te escribo cuánto te echamos en falta. Aunque el paso del tiempo ha desteñido los recuerdos y la inconsistencia se sigue adueñando de nuestras vidas,  te queremos,  Rodrigo. Más allá del infinito donde puedas estar. A pesar de todo. Siempre.

Nueva y ardiente ola de calor

Buenos días, muy tempraneros, por cierto.

En medio de esta noche tropical de sorprendentes 25°C, te escribo.

El paso de los días se ha vuelto a acelerar, tal vez por la rutina de cosas simples y sin pretensiones. Espero que se ralentice un poco la próxima semana, cuando cambiemos de tercio.

Hay poca gente en nuestra pequeña calle, parece que todos se han ido. Papá y yo vivimos en nuestra pequeña burbuja. Tu hermano anda lejos,  de vacaciones, pero nos saluda cada día. Ojalá pudieras tú, hijo. Ojalá.

Espéranos, Rodrigo, que vamos a buscarte. Y en el mientras tanto, no dejes de cuidarnos en nuestro camino.

Millones de abrazos de oso. Te quiere con todas sus fuerzas la pesada de Mamá.

Despiste espacio-temporal

¿Hoy tampoco vas a escribirle a Rodrigo? me dice Papá. Y cuando le contesto que no caía en que ya es sábado, él me comenta que tampoco te escribí la semana pasada. Me percato, entonces, de que me salté esa cita. Y vengo rápidamente a contarte que ando desubicada. Un poquito solo.

Yo sé que tú ya lo sabes. Y lo demás no importa.

Pero es que quiero seguir diciéndote que te tenemos en cuenta, que decimos tu nombre, que no te olvidamos.

Eso es todo.

Mil abrazos, risas, libros, series, juegos y cariños. Te queremos.

Sábado 19 de julio

Ya estamos de nuevo en casa, con el calor aplastante del que intentamos huir y que hoy, prontito, nos ha dado un poco de tregua. Buenos días, Rodrigo.

Te escribo tecleando en la buhardilla, lujo que no suelo poder permitirme cuando las temperaturas la convierten en un lugar inhabitable. Hoy aprovecho el fresquito.

De momento toca quedarse aquí, ya sabes que huimos de las multitudes y los tiempos puramente vacacionales. Pero vamos a hacer pequeñas escapadas. ¿Y tú, cariño?

Tu nombre resonando a nuestro alrededor, en momentos inesperados, nos llena el alma de serenidad y de esperanza. Porfa, cielo, no dejes de cuidar de estos tres locos tuyos: tus padres y hermano. Porque nosotros no te olvidamos.

Besos. Abrazos. Risas y libros. Te queremos.

De vacaciones,  por fin

Solo van a ser unos pocos, poquísimos días,  pero se agradecen el frescor y el cambio de panorama.  Buenos días, hijo.

Te escribo,  como siempre,  de madrugada. Rodeada de un silencio que no rompen ni siquiera las gaviotas de otras ocasiones.

Coincidimos con tu hermano. Nos acompaña este finde. Es así de majo. Supongo que tú también andas por aquí,  para que seamos, para que sigamos siendo nuestra familia de cuatro.

Te tenemos presente. Te queremos.