El árbol al pie de tu ventana

Buenos días, cariño. Son las ocho y llueve. El viento y el agua desnudan los árboles de nuestro jardín. Te subo una foto antes de que pierdan todas las hojas. ¿A que están muy bonitos?

Siento que puedo hallarte en la hermosura de la naturaleza. Incluso en esta pequeñita de nuestro humilde jardín.

También que somos muy pocos desde que tú no estás. Y que demasiados miedos nos envuelven, Rodrigo. Caminamos en tu busca. Lloramos tu ausencia. Te echamos en falta.

Me distraigo cuanto puedo de la pena de vivir sin tu compañía. No siempre me sale bien. Te pienso, te llamo, te pido ayuda. Gracias por los guiños. No dejes de mandarlos, que me abruma la desesperanza.

Hasta prontito, hijo. Vuela alto. Te quiere con todas sus fuerzas: Mamá.

En casa otra vez

Hola, Rodrigo. Ando despistada. Tenía una cita médica a primera hora y no te escribí antes de irme, como hago normalmente. Solo después de comer he caído en la cuenta del día que es hoy, que toca charlar contigo. Perdóname el retraso.

Resulta que desde que volvimos de Alicante se me desconfigura el sentido del tiempo. A cambio, no todo iba a ser malo, me siento mucho más serena. Espero recuperar pronto la normalidad, ojalá que con una rutina dulce, de las que arropan el alma. Ya te contaré.

En fin, hijo, que estamos bien, tu hermano, B, papá y yo. Aquí tu árbol favorito presume de tres colores otoñales bajo tu ventana, y yo te mando millones de abrazos con él.

Vuela alto, por favor. Sé feliz. Mándanos mapas para que podamos encontrarte. No te olvidamos. Cariños gigantes de: Mamá.

Saludos desde Alicante

Buenos días desde la casa de mis padres, Rodrigo. Aquí respiramos otra brisa, recorremos otras calles, vivimos diferente.

Es solo una escapada. Teníamos cosas que hacer. De hecho solo he parado para una breve vuelta y ver el mar. Pero aún no hemos pisado la arena.

No es que vayamos a bañarnos. Supongo que hoy se podrá, con los 25°C maravillosos que se esperan por el día. Es que nos gusta pasear por la playa. Y ver el faro, con sus rompientes. Mañana, sin embargo, se anuncia lluvia. No nos quejamos, el clima aquí siempre es agradable.

Pienso en ti. Ojalá estés bien. Con los abuelos, con todos los que se os van uniendo. Te echo en falta siempre. No importa que hayan pasado diecisiete años y ocho meses.

Abrazos de oso, apretados y risueños. Te quiere mucho: Mamá.

11 de octubre de 2021

Hola, hijo, aquí me tienes de nuevo, procurando no olvidarme de nuestros onces.

Desde la casa de tu hermano, te escribo estas líneas con el móvil. He venido para echar un ojo a los técnicos de la nueva cocina. Es mi manera de ayudar mientras G y B cumplen sus obligaciones laborales. Aunque quien verdaderamente se lo está currando todo es papá. Qué majo es.

Así que, como te cuento, los dos han regresado a su casa. Aún no está toda al cien por cien y siguen surgiendo pequeños inconvenientes, pero la obra, por fin, está finiquitada.

Una alegría y, a la vez, un poquito de pena. Porque con su marcha nuestra casita se ha vuelto muy, muy silenciosa. Y han brotado sensaciones de vacío físico y emocional demasiado conocidas.

Creía tener asumido que cada nueva pena puede hacer revivir la de tu muerte. Pero ha vuelto a pasar y el dolor me ha pillado desprevenida. Está claro que conocer el mecanismo no evita que suceda una y otra vez.

Por eso solo me queda no rendirme. Sigo viviendo, sufriendo y queriéndote, Rodrigo. Tú vuela alto y ven a vernos pronto. Hasta el próximo sueño. Millones de besos. Te abraza fuerte: Mamá.

Nostalgia otoñal

Ya nos quedan pocos días con tu hermano en casa. La suya está casi a punto. Han sido unas semanas dulces, un regalo amable de esta vida malvada que a veces nos cura las heridas con sus propios y sorprendentes ungüentos.

Por lo demás, sigue el otoño con su melancolía característica y nos tomamos unos pocos, escasísimos, días de descanso.

Poco más puedo contarte, Rodrigo. Que te añoramos y que ojalá no se te hubieran llevado de aquí sigue martillando en mi cabeza, pero no quisiera ser una pesada que te repite lo de siempre y que te agobia diciéndote cosas que tú no puedes cambiar.

Ahora bien, escribirte que te quiero no me lo quita nadie, hijo.

Mil abrazos de oso. Te espero en un sueño.

2 de octubre

Buenos días, Rodrigo.

He cambiado la costumbre de escribirte apenas me despierto, tecleando en el móvil, como hacía los últimos años. Por eso hoy es más tarde y te hablo desde la buhardilla, sentada a la mesa de mi PC, tú ya sabes dónde porque todo sigue en el mismo sitio que antes, cuando andabas por aquí.

Hoy cumple mi hermana, parece que por fin terminan la obra en la casa de G y se ha instalado el otoño sin paliativos, hermoso como siempre lo son en esta ciudad. Pienso en ti.

En tu risa, que se quedó pegada a las escaleras; en tus habitación, tus libros y esa cama que nos recuerda que fuiste, viviste, exististe una vez y fuimos felices juntos. A ratos. Como es la verdadera felicidad.

A la casa de tus amigos E y N acaba de llegar H. Supongo que lo has conocido al Otro lado. Para la de K y J está otro en camino. Y nos ilusionan como si fuesen tuyos. Pero hazte notar, cariño. A veces es insoportable que no estés.

Veo mal. Por eso ya no te escribo con el móvil. Dice el doc que tengo cataratas. Anda, como mi abuelo y como mi madre. Genes. Qué le voy a hacer. Eso se opera rápido, me dicen. Y fácil. Y bien. De modo parecido a la miopía que una vez pensamos para ti y era innecesaria para mis pocas dioptrías. Ya ves. Al final, me toca.

No dejes de ser feliz, hijo. No te olvides de mandarnos pistas para encontrarte. Vuela alto. Te queremos. Te quiero. Muchos besos, risas, libros y árboles rojos de otoño. Te abraza con todas sus fuerzas: Mamá.

Finales de septiembre

Hace dieciséis años, un día 25 como hoy, tu abuelo, mi padre, se os unió allá donde quiera que estéis, Rodrigo.

Este 22 también se nos ha marchado su hermana, la tía Pepita. Anteayer la despedimos, en el lugar donde más tiempo vivió y finalmente está enterrada, en Becerril de la Sierra.

Mis abuelos maternos en los 80, el tío Carlos en los 90, tú, cariño en 2004, mis padres en 2005 y Elo en 2006, C y Manolo en 2009. J en 2019, JC y la tía Pepita en este 2021. Os repaso a todos. Una lista imparable de adioses.

Interrogantes horrorosos: quién será el siguiente, cuándo y cómo. Porque las despedidas no son cronológicas ni están debidamente anunciadas.

Desde este mundo extraño en el que vivimos os mando millones de cariños, hijo. Te queremos. A ti. A todos. Esperadnos.

18 de septiembre de 2021

Ayer fue el cumple de tu tío J, el segundo que espero hayais celebrado juntos. Hoy empieza un puente hasta el martes en nuestra pequeña ciudad, por el cambio de las fiestas (de mayo a septiembre) debido a la pandemia. Y el lunes se levantan gran parte de las restricciones en la comunidad de Madrid, porque con las vacunas parece que podemos ir volviendo a la normalidad. Eso esperamos. Aunque seguimos con mascarillas y cuidados mínimos.

¿Y tú qué tal?

G sigue con nosotros y la reforma va avanzando en su casita. Creo que queda menos de un cincuenta por ciento de trabajo. Y ya pronto podrán volver a su vida cotidiana.

Poco más puedo contarte, Rodrigo. La rutina vital esta, tan absurda sin ti, sigue adelante y yo procuro vivirla con consciencia. La aprovecho, porque sé que no hay vuelta atrás. Pero te añoro siempre. No dejes de pasarte a echarnos un vistazo, porfa, cariño. Te queremos. Muchísimo.

A veces atisbo qué hay al Otro Lado, ese en el que estás, como se ve en la foto: haciendo extraños equilibrios que enseguida se me desmoronan. Te lo digo de nuevo, vente por aquí y ayúdanos. Anda.

Besos, abrazos, canciones, libros, series, pelis, juegos nos hablan de ti. Te los compartimos. Recibe miles de cariños de la pesada de… Mamá.

11 de septiembre de 2021

Fue hace ya veinte años. Sin saberlo, fuimos testigos en directo del principio del mal. Estábamos en casa, comiendo con la tele de fondo. Los cuatro. Juntos.

Treinta meses después sucedió aquí. Te asesinaron con cruel premeditación, con absurdas, malvadas ansias de causar el mayor daño posible.

Te arrancaron de nuestra familia y nos dejaron solos, para siempre sin ti.

Hoy recordamos.

Sentimos la misma ausencia y el mismo dolor que otros muchos en USA, en Gran Bretaña, en Francia… en tantos lugares donde la locura yihadista atacó. El fanatismo, la imposición y la locura.

Te escribo desde casa, Rodrigo. Con tu nombre en los labios y tu recuerdo en el corazón. No te olvidamos. No nos olvides, hijo. Haz que nos volvamos a encontrar.

4 de septiembre de 2021

Hola, Rodrigo, buenos días, qué tal. Una semana llevamos compartiendo con G sus tres días de obra. De momento, todo bien. Disfrutando de la mutua compañía aquí, en esta casa, y apenas empezando la reforma en la suya.

Ha llovido por primera vez en todo el verano. Torrencialmente, eso sí. Y ya no hace tanto calor. Que G ande por aquí ha recargado todo con su energía joven, con lo que me siento mucho más animosa.

También estamos muy alegres por la llegada de H, el niño de E y N. Ha tenido que ser antes de tiempo, por razones médicas, y todavía está en la incubadora, pero progresa adecuadamente.

Espero que sigas pasándote por aquí, que compartas alegrías y afanes con nosotros. Por favor, cariño, sigue echándonos una mano.

No te olvidamos. Abrazos gigantes: Mamá.