2022

Hola, Rodrigo. Te escribo a ti, en tu bitácora, mis primeras palabras de este año. Nuevamente los cómputos nos hacen pensar en comienzos y novedades, cuando la realidad es que solo es un día más que ayer. En todo caso, te pienso. Y te quiero.

Nochebuena y Navidad solitarias, en casita Papá y yo. El 25 comimos con tu hermano y B. Hoy, solo con él. Nada de reuniones familiares grandes, simplemente nuestra diminuta familia nuclear, ventanas abiertas y todas las precauciones. El mundo se ha vuelto distópico, extraño y ajeno.

Estamos en las decimoctavas festividades sin ti. Es muchísimo tiempo, pero no te olvidamos, hijo.

Millones de abrazos de oso. Contigo siempre en el corazón. Te queremos.

Navidad 2021

Hola, cariño, buenos días navideños. Te saludo desde otra Nochebuena extraña. La de 2020, por la pandemia, nos reunimos solamente con tu hermano. Esta vez hemos estado solos Papá y yo.

B no pudo quedarse con su familia, por brote inesperado de COVID-19. G ya estaba con nosotros y el asado casi en su punto cuando llamó para decir lo que pasaba. No quería venir con nosotros por prudencia y, por supuesto, le pedimos a tu hermano que no la dejase sola en Nochebuena. Así que ellos y nosotros hemos cenado en pareja.

Hoy tocaba comer juntos los cuatro. Se harán una prueba antes de venir. Ya veremos qué sucede.

Así que anoche Papá y yo comimos cordero y bebimos lambrusco, y nos fuimos pronto a la cama. Tal vez hoy comamos en familia. O quizás no. Sin embargo, no estamos tristes. Quizá porque te soñé la noche previa. O porque habíamos estado un ratito con G. O porque hemos aprendido a querernos en la distancia, a pesar de todo.

Feliz Navidad, Rodrigo. Millones de abrazos.

Casi Navidad

Hola, Rodrigo, buenos días. Hoy te escribo muy temprano y desde otro lugar. Enseguida estamos en casa de nuevo, solo es una escapada.

Todos seguimos bien. Esperando las próximas festividades, solitarios y hartos de desconcierto. Lo que hay. Lo que nos está tocando vivir.

Pasamos un día alegre y soleado con amigos, pero con la noche llegó el frío. Ahora y afuera debe de estar bajo cero. Y se nota, a pesar de la fuerte calefacción.

Con tu hermano seguimos en contacto siempre. Contigo, todo cuanto podemos, hijo querido. Pero es muy poco escribirte aquí y esperar el reencuentro. Te echamos mucho en falta.

Por eso, cariño, no dejes de velar por nosotros. Millones de abrazos. Te queremos. Hasta pronto: Papá y Mamá.

11 de diciembre de 2021

Buenos días, Rodrigo. Hoy tenemos doble cita, por sábado y por once, en este lugarcito virtual en el que te busco, te escribo y nos encontramos.

Poco queda para la Navidad y vuelve a mostrarse tristona y solitaria. Demasiadas sillas vacías, más la tendencia al aislamiento de esta covid19 recalcitrante, hacen muy mala combinación.

La familia se reduce, poco a poco se van contigo, hijo, y aquí ni hay relevo, ni surgen suplentes. Sufro por tu hermano, que no te tiene a ti y se quedará solo cuando su padre y yo no estemos. Pero ya no me corresponde otra cosa que no sea esperar lo mejor, porque el partido se juega en su cancha.

Por supuesto que me encantaría que nuestra diminuta familia aumentase con hijos suyos, pero esa es una decisión personalísima y privada. Mira a ver si tú le echas una mano desde tu mundo, Rodrigo. Si puedes. Si te parece conveniente. Porfa.

Desde este otoño casi acabado, de árboles sin hojas, viento y grisura intento no ponerme triste y te mando millones de cariños. Te quiero. Siempre. Papá también, cada noche me pide que te sueñe y te lo repita. Es que no te olvidamos, Rodrigo, nunca, nunca, nunca. Abrazos de oso.

Diciembre

Hola, Rodrigo, buenos días. Escribiéndote aquí, cada semana, es como me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.

Mucho ya sin ti.

Tu ausencia repentina e injusta marcó el comienzo de una nueva vida. Tuvimos que aprender a seguir bregando con tu ausencia. Y no fue (no es, nunca será) fácil.

Últimamente siento que estoy en otra etapa vital diferente, que me acerca a ti. En los últimos años de mi trayectoria.

Esta es ya la última fase y la supongo más breve que las anteriores. Nunca sabemos cuándo llegará nuestra hora, pero es evidente que no estará demasiado lejos.

¿En esta década, como tu tío J, en los setenta como mis padres, en los ochentas como mis abuelos, Elo o la tía P?

Con Papá te pienso y te pido ayuda para nuestro día a día. Gracias por contestarnos. Te echamos de menos y nunca te olvidamos. Miles de abrazos de oso, cariño. Hasta pronto.

Acabando noviembre

Hola, cariño. Espero que todo bien. Aquí seguimos como siempre, nada especial. La rutina nos arropa, siempre te lo digo, y ojalá siga así. Ya hemos tenido suficientes sobresaltos vitales.

Escribo, sigo tres cursos creativos y al menos así me relaciono con el exterior y veo a otros. Porque desde el confinamiento, llevamos una vida bastante solitaria.

¿Y tú qué tal? Ojalá pudieras llamar, escribir, contarnos… Ay, Rodrigo.

Te mando millones de abrazos, besos y risas. No te olvidamos. Vuela alto, hijo. Te queremos.

Otro sábado más

Buenos días, Rodrigo. Aquí me tienes, muy temprano, como todas las semanas.

Siento que la vida se mueve muy rápida, que no sucede nada demasiado especial, pero avanza a buen ritmo. Y en ese proceso envejecemos Papá y yo. Se nos nota en las bolsas de los ojos, en las pieles oscurecidas y descolgadas, en nuestra forma de movernos, en los achaques viejos recrudecidos, en los nuevos que llegan inesperadamente y amenazan con quedarse.

Desde este mundo te sigo llamando, hijo. Te añoro y espero tus noticias. No te olvido, no te olvidamos. Espéranos,

Besos, risas, bailes, libros y abrazos a millones. Te quiere con toda su alma: Mamá.

13 de noviembre de 2021

Hola, cariño. Aquí seguimos, sin ti. Lo mejor que podemos.

Poco nuevo hay hasta hoy, excepto que intentamos volver a la normalidad. G y B respecto a la casa, porque los arreglos de cosas pequeñas pendientes son un rosario interminable. Papá y yo, echándoles una mano.

No me quejo. Mejor normalidad que malas noticias. Pero me pregunto muchas veces cómo sería tenerte aquí. Solo puedo imaginarlo y me duele, siempre me duele. Te echo de menos, Rodrigo. Muchísimo.

En fin, hijo, ya sabes cuánto te queremos y que no renunciamos a ti. Te mandamos miles de besos, abrazos y risas. Tú, a cambio, ven y visítanos en sueños. Porfa, cielo. Porfa, porfa, porfa…

Cuídate. Haznos guiños. Sé feliz y vuela alto. Hasta pronto: Mamá y Papá.

Once del once, y también jueves

Solo un apunte, hijo, como todos los onces de todos los meses de esta larga condena de vivir sin ti.

Que te pienso. Que te llamo. Que te quiero libre, feliz y esperándome.

Vuela muy alto, Rodrigo.

Abrazos de oso: Mamá

No me gusta el día 1

Hola, Rodrigo, feliz sábado. Como todas las semanas, te escribo. Prefiero estas charlas nuestras al estereotipo de los días de difuntos. Pienso en ti todos los días, no me hace falta uno socialmente estipulado.

Hoy vamos a conocer a H, el niño de tus amigos. Y le llevamos alguna cosa de tu parte. Ojalá hubieras sido tú el que los visitara, y les diera los abrazos, y las felicitaciones. Ya ves, hijo, nos toca en tu lugar. Eso sí, vamos los cuatro, todos, en piña. Somos pocos, pero estamos unidos. A veces parece que tú también estás, cuando se ven tus destellos entre nosotros.

Si estuvieras aquí, quizá tendríamos nietos tuyos. Nos faltais tú y todo lo que podías haber sido, hecho, dicho y amado. Incluidos esposa, hijos y nuevos amigos. Ya sé que te lo digo mucho, pero es que es la pura verdad y no quiero reprimirla por no repetirme: te echamos de menos.

A veces me asalta la duda y paso etapas de oscuridades. Otras me animan los cascabeles de tu risa, que resuena por todos los rincones. Lo único que puedo segurarte, hijo, es que vivo con consciencia.

Y, por supuesto, que Papá y yo seguimos tus pasos. Y te queremos.