Claro que pienso en ti 


Inmersos en actividades y charlando con amigos vamos enjugando el estrés del curso. Ya el tercer verano en que tu hermano es independiente, puede parecer a veces que tú también andas tu vida cerca, como él. En esos destellos momentáneos atisbo cómo podría ser la existencia de a cuatro que nos fue robada. Luego la realidad se impone y te pienso, te añoro y te pido que no te olvides de volar alto. 

Buenos días, Rodrigo. Te queremos. 

Un sábado más

¿Qué puedo contarte, Rodrigo? Esta vida sin ti sigue su marcha loca, camino de los quince años de tu muerte injusta. Tu hermano hace su propio sendero, le seguimos viendo en sus proyectos musicales de ocio y nos preguntamos qué harías, qué dirías tú.

Sigo agotada, una semana no alcanza para diluir este cansancio que empieza en lo laboral pero se tiñe de otras mil contingencias. Porfa, hijo querido, ayúdame a recuperar el aliento y la energía, porque sin ellos la esperanza y el sogiego desaparecen. Te echo mucho en falta.

Vacaciones 

Siempre que salgo de la rutina entro en fase de irrealidad. Intento orillar las preocupaciones laborales mientras te escribo, hijo. Tecleo en medio de la noche porque me he despertado muy temprano. Como tantas veces desde que te arrancaron de nuestro lado son las cinco y no puedo conciliar el sueño. Tu asesinato rompió para siempre mi capacidad de dormir de un tirón.

Hace buena temperatura, apenas entran ruidos por la ventana abierta y se me ofrecen los dos meses próximos de vacaciones como un regalo y una oportunidad. Pero, a la vez, muestran que ni tú ni tu hermano estáis ya aquí.

Me envuelven la nostalgia y el vértigo mientras hago revista de mi vida y la organizo en tres fases: la de mi familia de origen, hasta los veinte. La de trabajo, pareja y familia propia, hasta ahora mismo, los cincuenta y muchos. La de la vejez, en breve, en unos meses, en cuanto llegue a los sesenta y me jubile.

Qué larga y qué corta es esta existencia, Rodrigo. Ojalá estuvieras aquí, hijo querido. Cuánto te añoro. 

Te quiero 

Cuando estoy cansada, lo esperable en el final del curso, me vuelvo roma y obtusa emocionalmente. Pero te mando todo mi amor, Rodrigo.

Elijo esta imagen de un niño se te parece y me llena de nostalgia. El flequillo, la ropa, los brazos extendidos y el intento de guardar el equilibrio son muy tuyos. Y te pienso. Y te mando cariños. 

Cuando estoy poco empática, me cerca la desesperanza. Pero tú siempre estás ahí y me cuidas. Cuánto te quiero. 

Último finde de trabajo 

He terminado los exámenes. También los papeleos burocráticos. Me esperan más el lunes, pero mientras tanto, enardecida por el ritmo frenético del último trimestre, he seguido trabajando y me he lanzado a  revisar de nuevo el manuscrito: toda nuestra tragedia, hijo. La memoria de tu ausencia y de nuestro duelo.

Además de hacer arreglos menores que no puede evitar mi afán perfeccionista, el texto me sigue emocionado. Y esa lectura intensiva me ha inundado el alma con las sensaciones de todos estos años escribiéndote, Rodrigo.

Mi relectura, que pretendía ser crítica, me lleva de nuevo a la conclusión de que el texto merece la pena, algunos amigos y algunos editores independientes lo han corroborado, pero ahí está la realidad. Tuve la oferta de una editorial muy chiquita que pretendía censurar toda la crítica y que, obviamente, no acepté. Y luego, una promesa de revisión que todavía espero de otra más grande y combativa, pero pasan los meses y no sé qué pasará.

No hay prisa, me digo. Lo que cuento no tiene urgencia periodística, sino el poso ya de un hecho histórico que puede ser estudiado en cualquier momento. Tal vez para el décimo quinto aniversario.

Y  te añoro, y añado estas nuevas líneas a nuestra bitácora, hijo, mientras el día va despuntando. No te olvido.

Acabando el curso 

Estoy más allá del cansancio, agotada y triste. Te me desdibujas y eso me entristece más. Paso un mal trago en revisiones médicas, pero, sobre todo siento que me faltas tú. 

Espero que las vacaciones curen esta tristeza que me está inundando el alma. Tres veces ya la he citado en las pobres líneas que te dedico, hijo querido. Supongo que tan extremo agotamiento  es lo que me debilita el ánimo. Pero no me rindo.

Te quiero, Rodrigo. Sigo luchando por papá y por tu hermano, pero sobre todo contigo y por ti. 

Te echo de menos 

Da igual el tiempo que haya pasado, de pronto regresa la consciencia de tu marcha repentina. Y duele. Suena tu nana en el televisor, ni idea de por qué, y te recuerdo apenas un bebé al que abrazaba cantando esas notas. Y la emoción me embarga hasta las lágrimas. Comprendo con una nueva y prístina claridad que ni tu hermano, ni tú vivís ya con nosotros. Y siento que cae sobre mí hasta casi aplastarme una losa emocional de ausencias y desconciertos.

Así sigue esta segunda vida que emprendimos la misma maldita mañana de tu marcha. Contigo en el corazón. Con toda la dignidad y fuerza que podemos, pero por siempre doloridos.

Segundo premio 

Nuestra Asociación ha concedido su segundo premio por la memoria y la paz. Ha sido para el jefe de los TEDAX que no se doblegó ante las presiones de los políticos aquel 11 de marzo. Quisieron que mintiera para salvarles la credibilidad, pero él ya se temía que pudieran convertirlos en los culpables de un supuesto error, en cabezas de turco, e hizo documentar todo el proceso. Con él acudió a los juicios y con esa verdad fue vapuleado por los voceros de la teoría de la conspiración durante años.

Oírle me ha emocionado. Una persona honesta, un servidor público que puso incluso la vida en juego por vosotros, hijo. Su dignidad y sensatez  me hacen recobrar la fe en el género humano.