11 de septiembre de 2018


Catorce años y medio de tu muerte innecesaria, del vacío que dejaste y nunca se ha llenado. En este aniversario de los atentados fatales que fueron la antesala de los vuestros, te pienso, te añoro, te llamo, te rezo, te quiero y te abrazo con toda mi alma.

Preparativos

Fuimos juntos los tres a la sastrería, a la última prueba, y ya tenemos en el armario los trajes de la boda. Ay, Rodrigo, este es el último finde de soltero de tu hermano. El siguiente será un señor casado. Y no es que haya mucha diferencia aparente, seguirán viviendo juntos en la misma casa, pero sí de concepto.

Hoy faltabas tú en la ecuación. Parece que nos hemos acostumbrado a ser tres, sin embargo siempre nos faltas. Qué harías, qué dirías, cómo acompañarías a tu hermano, quién habría sido tu pareja, tus hijos, cuál el estilo de tu vida…

Nada me hizo señas demasiado claras, hijo. Salimos a la calle charlando animados y me encontré de pronto con un cielo de nubes hermosas y un avión navegando entre ellas. Contemplé por un instante sus magníficos matices de grises y blancos, pero no me pareció suficiente señal para tenerla en cuenta. Ay, Rodrigo, y yo quería sentir que nos acompañabas de forma más concreta.

Todo cambia a mi alrededor y ando desconcertada, apenas controlando el día a día. Pero te quiero también desde este caos emocional. Mucho. Para siempre. Espérame.

Plenamente septiembre

Empiezo un curso de despedidas. No habrá otra primera semana de programar el calendario y las secuenciaciones como esta que estoy viviendo. Y luego seguirán desapareciendo los pormenores del día a día, los del otoño, poner exámenes y corregirlos, la Navidad y la Semana Santa, y todo el continuo acostumbrado hasta el mes de junio.

Te echo de menos, hijo. Has estado conmigo muchos comienzos y te he llorado otros cuantos. En el fondo toda la existencia es un adiós al presente. Que yo lo note más en estas circunstancias no va a ninguna parte.

Pero te lo cuento y hasta parece que compartimos estos minutos de reflexiones en la vida corriente que no nos dejaron disfrutar.

Y de nuevo septiembre

El tiempo pasa deprisa y despacio a la vez, pero siempre inexorable. Hijo querido, vamos avanzando en esta vida que nos tocó vivir sin ti como podemos. Echándote mucho en falta, indignados con la mala suerte, el destino o lo que quiera que sea que te/nos pasó.

Ahora resulta que empiezo mi último curso, otra despedida que me apetece muchísimo pero también me asusta. Y siempre estás tú, cariño, tu ausencia injusta, el tiempo y las oportunidades que te robaron.

Tengo miedo de no volver a verte, pierdo la ilusión y la esperanza. Porfa, Rodrigo, hazme señas, mándame un mensaje cuando puedas. Dime que nos estás aguardando al otro lado del mar.

Te queremos. Nunca dejes de volar alto. Millones de abrazos de oso.

Cumples, viajes y regresos

 

Una semana más tarde hemos recogido a tu hermano y a B, de vuelta a casa. Pasó su cumpleaños en Irlanda y entre eso, las cosas que vieron y los compañeros de viaje, nos fueron contando montones de anécdotas mientras regresábamos del aeropuerto. Pasamos un rato feliz en familia. Solo faltabas tú, Rodrigo. Pero estabas, a tu modo, ¿verdad que sí?

Mediados de agosto

 

Con mejores temperaturas, por fin algo de fresco, hemos llevado a tu hermano y su novia al aeropuerto. Vine pensando en nuestra vida privilegiada de trabajo, familia y necesidades más que básicas cubiertas. Solo la pena de tu ausencia, Rodrigo. Y el miedo a que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento que se nos ha quedado pegado al alma desde que te arrancaron de nuestro lado.

Te escribo, te llamo, te pienso feliz, te añoro al otro lado de la Estigia, hijo querido. Vuela alto, por favor, pero échanos un vistazo de vez en cuando y no te olvides de venirnos a buscar cuando sea nuestro momento.

Te queremos.

Perseidas

Este año no he visto las estrellas fugaces de agosto. Pero las pienso de otras veces. Y a ti con ellas.

Once de agosto

Me gusta escribirte al menos una vez por semana, Rodrigo. No renuncio a comunicarme contigo, cariño. Aunque se te hayan llevado lejos y no pueda llamarte por teléfono o escribirte mensajes al estilo de este mundo, te pienso y sigues siendo mi hijo.

Nada ni nadie va a cambiar eso. Ni los asesinos que te arrancaron de nuestro lado, ni las reglas absurdas que dicen que debo dejarte descansar. Pero si no te fuiste cansado…

No estás reposando. Te creo activo en tu nuevo universo, hijo querido, desde donde nos haces guiños a veces y nos esperas. Porfa, Rodrigo, Rodrigoso de los grandes abrazos de oso, qué difícil es estar aquí sin ti, no dejes de volar alto.

Te queremos.

Ela

Hoy te recuerdo muy niño, llamando a tu Ela entre lágrimas, un día que andabas castigado por alguna pequeña fechoría. Y me emociono. Y me enternezco.

No dejes de mirarnos, hijo.

Te recordamos

Hace ya tanto tiempo que no estás que me falla la memoria. El presente se adueña de mis impresiones y los recuerdos del pasado se vuelven inconsistentes, como si nunca hubieran sucedido. Charlando con tu hermano, Ela y papá, sin embargo, sale a colación un suceso en el que estabas. Y vuelves por un ratito.

No es mucho, hijo. Pero es lo que tenemos.