Por fin sábado

Esta semana se me ha hecho larguísima. Leo mi post anterior y me parece que lo escribí hace al menos un mes. La boda de tu hermano, ay, cariño, fue solo hace ocho días, pero tengo que repetírmelo para que la distorsión temporal no se apodere de mí.

Te pienso niño, por eso he elegido un dibujo infantil, porque de pronto tus ocho o diez años me resultan más cercanos. Hace demasiado que no estás aquí con nosotros, hijo, se me acaban los trucos para sentirte a mi lado. Me fío de la intuición y me aferro a lo que te me traiga de nuevo, y esto creo que funciona.

Papá y yo te llamamos con todas nuestras fuerzas, Rodrigo. Vemos a tu hermano, charlamos un poco, hacemos arreglos domésticos, damos paseos… Somos dos, a veces, con él, tres, y, contigo, siempre cuatro.

Te queremos.

El día siguiente

Otra vez te escribo de madrugada. Nos volvimos pronto de la fiesta. Teníamos que llevar a Ela a su casa. Gonzalo también se unió a la escapada cuando la música de pachanga bailable se apoderó del evento. Ya sabes que no la soporta.

Rodrigo querido, te echamos en falta. Tu hermano anda demasiado solitario sin ti y es en situaciones como esta cuando más se nota. Con él estuvimos, cariño, sacando fuerzas de flaqueza, cantando los temazos que buscó para nosotros con tanto cariño que lloro al anotar ese detalle.

Y tú nos acompañaste con tu discreción habitual. Por eso solo nosotros nos dimos cuenta. Gracias. Te queremos.

De boda

Son las seis y media de la mañana del día en que se casa tu hermano.

No ha amanecido, la ventana abierta deja pasar un aire fresco muy agradable y los rumores de coches lejanos. Pienso en ti, Rodrigo.

Desde que no estás, desde que te arrancaron de nuestro lado, nada ha vuelto a ser normal. Ni siquiera un día alegre y festivo como este.

Si estuvieses me dirías que durmiera un poco más, que la vida es para disfrutarla, que los malos momentos ya llegan ellos por su cuenta y no hay que darles oportunidades innecesarias.

No estás, pero te acepto el consejo. Y aunque seguro que tendré sueño antes de tiempo por esta costumbre mía madrugadora, prometo cantar y reír, y pasarlo bien con la familia y los amigos, y añorarte solo en secreto, cariño. Y sentir que nos acompañas a tu modo sutilísimo.

Estás con nosotros. Somos cuatro. Te queremos.

Nuevas chispas de esperanza

De vuelta al trabajo, un poco estresada, pero recuperando conexión contigo y algunas cosas bonitas de la vida, anoto estas líneas para ti, Rodrigo. Gracias por ser nuestro hijo. Espéranos, cariño. Te queremos.

11 de septiembre de 2018


Catorce años y medio de tu muerte innecesaria, del vacío que dejaste y nunca se ha llenado. En este aniversario de los atentados fatales que fueron la antesala de los vuestros, te pienso, te añoro, te llamo, te rezo, te quiero y te abrazo con toda mi alma.

Preparativos

Fuimos juntos los tres a la sastrería, a la última prueba, y ya tenemos en el armario los trajes de la boda. Ay, Rodrigo, este es el último finde de soltero de tu hermano. El siguiente será un señor casado. Y no es que haya mucha diferencia aparente, seguirán viviendo juntos en la misma casa, pero sí de concepto.

Hoy faltabas tú en la ecuación. Parece que nos hemos acostumbrado a ser tres, sin embargo siempre nos faltas. Qué harías, qué dirías, cómo acompañarías a tu hermano, quién habría sido tu pareja, tus hijos, cuál el estilo de tu vida…

Nada me hizo señas demasiado claras, hijo. Salimos a la calle charlando animados y me encontré de pronto con un cielo de nubes hermosas y un avión navegando entre ellas. Contemplé por un instante sus magníficos matices de grises y blancos, pero no me pareció suficiente señal para tenerla en cuenta. Ay, Rodrigo, y yo quería sentir que nos acompañabas de forma más concreta.

Todo cambia a mi alrededor y ando desconcertada, apenas controlando el día a día. Pero te quiero también desde este caos emocional. Mucho. Para siempre. Espérame.

Plenamente septiembre

Empiezo un curso de despedidas. No habrá otra primera semana de programar el calendario y las secuenciaciones como esta que estoy viviendo. Y luego seguirán desapareciendo los pormenores del día a día, los del otoño, poner exámenes y corregirlos, la Navidad y la Semana Santa, y todo el continuo acostumbrado hasta el mes de junio.

Te echo de menos, hijo. Has estado conmigo muchos comienzos y te he llorado otros cuantos. En el fondo toda la existencia es un adiós al presente. Que yo lo note más en estas circunstancias no va a ninguna parte.

Pero te lo cuento y hasta parece que compartimos estos minutos de reflexiones en la vida corriente que no nos dejaron disfrutar.

Y de nuevo septiembre

El tiempo pasa deprisa y despacio a la vez, pero siempre inexorable. Hijo querido, vamos avanzando en esta vida que nos tocó vivir sin ti como podemos. Echándote mucho en falta, indignados con la mala suerte, el destino o lo que quiera que sea que te/nos pasó.

Ahora resulta que empiezo mi último curso, otra despedida que me apetece muchísimo pero también me asusta. Y siempre estás tú, cariño, tu ausencia injusta, el tiempo y las oportunidades que te robaron.

Tengo miedo de no volver a verte, pierdo la ilusión y la esperanza. Porfa, Rodrigo, hazme señas, mándame un mensaje cuando puedas. Dime que nos estás aguardando al otro lado del mar.

Te queremos. Nunca dejes de volar alto. Millones de abrazos de oso.

Cumples, viajes y regresos

 

Una semana más tarde hemos recogido a tu hermano y a B, de vuelta a casa. Pasó su cumpleaños en Irlanda y entre eso, las cosas que vieron y los compañeros de viaje, nos fueron contando montones de anécdotas mientras regresábamos del aeropuerto. Pasamos un rato feliz en familia. Solo faltabas tú, Rodrigo. Pero estabas, a tu modo, ¿verdad que sí?

Mediados de agosto

 

Con mejores temperaturas, por fin algo de fresco, hemos llevado a tu hermano y su novia al aeropuerto. Vine pensando en nuestra vida privilegiada de trabajo, familia y necesidades más que básicas cubiertas. Solo la pena de tu ausencia, Rodrigo. Y el miedo a que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento que se nos ha quedado pegado al alma desde que te arrancaron de nuestro lado.

Te escribo, te llamo, te pienso feliz, te añoro al otro lado de la Estigia, hijo querido. Vuela alto, por favor, pero échanos un vistazo de vez en cuando y no te olvides de venirnos a buscar cuando sea nuestro momento.

Te queremos.