
Nuestros onces, siempre pensándote, Rodrigo.
Las sensaciones de irrealidad han vuelto. Y el desconcierto emocional.
No te olvidamos, cariño.

Nuestros onces, siempre pensándote, Rodrigo.
Las sensaciones de irrealidad han vuelto. Y el desconcierto emocional.
No te olvidamos, cariño.

¿Tenéis a Ela con vosotros ya? Me resulta extrañísimo escribirlo, fue anteayer y mi mente aún no lo procesa. ¿Ha llegado bien?, ¿le diste el abrazo de oso que siempre nos pedía en tu nombre?
Aquí estamos tristes.

Finde largo en casa, después de un apagón histórico y mucha ansiedad acumulada.
Cada día me resulta más difícil desconectar.
Acabo de cumplir 66. Me acerco a los 70 peligrosamente. Pero te los daría todos para que los tuvieras tú. Si me dejasen. Si me lo hubieran dejado hacer, me habría cambiado por ti.
No te olvidamos, hijo. Porfa, cuida de esta familia tuya de agobiosos.
Miles de abrazos: Papá, Mamá y G.

Por ti y contigo.
Empieza una etapa de vorágine y de trabajo voluntario que no hemos podido soslayar.
Por ti y contigo.
Mándanos empatía, perseverancia, paciencia y claridad de pensamiento. Cuídanos. Porque lo hacemos por ti y contigo.
Muchos abrazos de oso: Papá, Mamá y G.

Estamos unos días fuera. Ojalá tú estuvieses también. Aquí, con nosotros, o en casa, como tu hermano, compartiendo fotos y mensajes de WhatsApp.
Te queremos, Rodrigo.

Desde amaneceres en el mar te pienso y te quiero, Rodrigo.
Un mes después del aniversario XXI, camino del XXII y tú todavía sin llegar a casa, hijo.
Haz que nos volvamos a encontrar.

He cambiado el color de mi pelo, ya no es rojo. Y la vuelta al tono natural me recuerda el tiempo en que tú estabas, y me inunda de una tremenda melancolía.
No soy la misma. Soy veintiún años mas vieja. Y, además, es que estoy intentando dejar fluir las canas, lo que me recuerda que, efectivamente, lo soy. Pero resulta que me miro en los espejos y no puedo evitar imaginarte junto a mí, con tu disfraz de mago de aquella que fue tu última Navidad.
Rodrigo, hijo, seguramente te reirías al verme tan preocupada. Y me dirías que no fuese «tan agobiosa». No puedo evitarlo.
Porfa, cariño, no dejes de mirar por nosotros. Sigue cuidando nuestros senderos. Continúa enviándonos mapas. Y brújulas.
Te queremos muchísimo los tres. No te olvidamos.

Hola, Rodrigo, de nuevo en casa tras tres días fuera, lo cotidiano se ha roto y seguimos como buenamente podemos. Ojalá todo fuese suave y delicado. La ansiedad sigue con sus vaivenes.
Papá y yo sacamos fuerza de flaqueza. A menudo incómodos, pero siempre luchando por ti, diciendo tu nombre.
Aunque la verdad es que preferiríamos nuestra quietud discreta, que ya nos la merecíamos. Continuar aquí, resistiendo, también es una forma de quererte.
Porfa, hijo, ayúdanos.

Hola, cariño, buenos días de aguas y amenaza de lluvias intensas. Intentamos regresar a la normalidad, pero ni el clima, ni la vida nos dan tregua.
Llueve. Como los días en que tuvimos que decirte adiós. Llueve tanto que hasta el Manzanares parece un río de verdad.
Desde el lunes, Ela está en el hospital. El cáncer ha vuelto. Y cuando la devuelvan a casa, será para irse apagando, porque a sus noventa y dos poco mas se puede hacer. Toca decirle adiós.
Porfa, hijo, sal a buscarla, con Elo y tu tío J.
Y no nos dejéis tan solos aquí, Rodrigo, que cada vez somos menos. Con tan pocos efectivos, vamos a perder la batalla. ¿No puedes mandarnos tropas nuevas?
Esperamos que sí.
Mientras tanto, te envío millones de abrazos de oso. Te quiere muchísimo: Mamá.

Mañana todavía tenemos un evento de XXI aniversario. Estamos un poco cansados.
Y tú, tan lejísimos. Y nosotros, tan solos…
Comimos con tu hermano en una mesa de tres. Normalmente son de cuatro y te pensamos mientras la vemos vacía. Pero esta vez, no. En esta tonta y estúpida ocasion, el restaurante tenía una mesa más pequeña.
Y ya no sentí la nostalgia de tu ausencia. Ahora era rabia, porque hasta eso nos habían quitado.
Cuantísimo tiempo sin verte, oírte, abrazarte o besarte, escuchar tu risa, disfrutar tu voz…
No, no me conformo. Te echo de menos.