11 de julio

Hoy es un nuevo día 11. Y nosotros seguimos siempre contigo en el recuerdo y en el corazón. Ya nos gustaría que fuese aquí, bien lo sabes,  hijo.

Así que,  porfa,  no dejes de cuidarnos.

Resistiremos. Por ti. Hasta que podamos darte el abrazo que se nos quedó pendiente.

5 de julio de 2025

Hola, Rodrigo, hijo querido. Desde el calor más bochornoso, te pienso y te escribo estas pocas frases.

Ojalá estuvieses aquí.

No para soportar esta ola de temperaturas, obviamente. Para compartir contigo las cosas sencillas de esta vida rara sin ti, que nos empeñamos en seguir transitando con serenidad y consciencia, pero que nos cuesta tanto.

Si estuvieses aquí…

Ojalá.

No desisto, porfa, mándanos fuerza y esperanza.

Finalizando junio

Ya casi es el cumple de Papá y aquí estamos, Rodrigo, constatando que el tiempo fluye con rapidez. Y que el clima es una locura.

Vamos resolviendo marrones, menos mal. Parece que todo se va encauzando y, además, enseguida podremos disfrutar de unas pocas jornadas de vacaciones. No serán muchos días, porque huimos de las fechas tópicas, pero es que esos días los sentimos totalmente necesarios.

Lo triste es que aquí cada vez somos menos gente, hijo. Y esa constatación da mucho miedo y mucho vértigo. Y duele. Lo triste es que estamos muy solos sin ti.

Pero tú sigue cuidándonos, ¿vale? No dejes de mirar por esta diminuta y menguante familia tuya, cariño.

Mientras tanto,  yo te envío lo poco que puedo: millones de abrazos de oso.

Ya sabes. Lo esperable de la pesada de Mamá.  Porfa, tenme paciencia.

Verano

Hola, hijo, buenos días de calores y nueva estación. Ya está aquí el verano.

Te escribo, como de costumbre, de madrugada (sigo despertándome prontísimo).

Se acaba el curso. Aunque no esté en activo, mantengo esa forma de medir el tiempo. Y este es el sexto sin alumnos. Y aún se me hace extraña la situación.

Del mismo modo que todavía resulta raro, difícil y triste que no estés tú.

Ojalá estuvieses aquí.

Pero ya que no es posible, ya que eres de otra dimensión, Rodrigo, porfa, mándanos ayuda.

A cambio, yo te envío mil abrazos, risas, libros, juegos y  series. Y millones de cariños.

No te olvidamos.

Te queremos.

Mediados de junio

Hola de nuevo, hijo, ¿qué tal todo? Aquí nos agobia el estrés,  pero nos consuela la proximidad de las vacaciones.

Me despierto cada madrugada deseando no tener tantas cosas pendientes.  Van por orden, priorizando las urgencias. Y entre todo ese marasmo, pienso, pensamos papá y yo, en ti.

Ayer estuvimos en la casa de Ela y qué raro resultaba que no estuviese, que ya nadie viva entre esas paredes, muebles, cosas tan conocidos. No somos nada, apenas el montón de trastos que nos sobreviven. Y me horrorizó la enorme cantidad de idem que le dejaremos a tu pobre hermano. Y lo solo que se quedaría.

Hoy ando un poco triste, frustrada por las limitaciones a la libertad que antes tenía y ahora me atenazan. Resistiendo entre la responsabilidad y el cansancio. Muy floja de esperanzas.

Así que,  Rodrigo, cariño,  mándanos un poquito. O una tonelada, porfa.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

11 de junio

Hoy vuelve a ser once. Cuánto me molestan los malditos onces. Hoy, que es once, te escribo. Como llevo haciendo ya demasiados años de ausencia y recuerdo melancólico.

Ay, hijo, si supiera qué decirte y cómo. Ojalá el paso de tantos días, meses, años no hubiera teñido todo de inconsistencia.

Mándanos serenidad, paciencia y esperanza.

Te queremos.

Junio

Cuando empieza junio, siempre recuerdo que llegaste  un par de semanas antes de la fecha prevista. A estas alturas ya no sé cuál exactamente, si era el 5 el 6 o el 7, me falla la memoria. Aunque sí me acuerdo bien del detalle chusco de que coincidía con la del nacimiento de la  madre fundadora del cole en que trabajaba entonces. Y que las monjitas aquellas me proponían su nombre para ti. Bonifacia se llamaba la buena mujer en cuestión. Casi nada.

Fuiste Rodrigo y no Bonifacio. Menos mal. Pero te marchaste como viniste, hijo querido, antes de tiempo.

Dos semanas de antelación son cosa llevadera. Pero no los sesenta años de vida posible que robaron aquellos locos asesinos. Ese tiempo fue, es y será siempre demasiado antes. Demasiadísimo.

Aquí nos contamos esa anécdota manida una y otra vez. Como si hacerla costumbre y recordarte con ella pudiese paliar el enorme hueco que has dejado,  cariño. Aquí seguimos echándote en falta cada día. No te olvidamos. No queremos olvidarte, hijo.

Y te queremos. Siempre.

Último día de mayo

Pasan los días, las semanas, los años y tú no regresaste a casa, aunque te llamamos y estuvimos esperando mucho tiempo.

Hay veces, como hoy, en qué no sé qué decirte,  si reprocharte el abandono, mi pobre, a ti que no tienes ninguna culpa, o a mí misma por no haber sabido cuidarte mejor.

Y no sirve de nada, porque nada te trae de vuelta con nosotros. Y la esperanza se hace más chiquita y solo me quedan las lágrimas.

Por favor, Rodrigo,  no dejes de cuidarnos. Porfa, hijo. Mándanos ayuda, sabiduría y serenidad.

Te queremos.

Tu cumple 2025

Este año, hoy, coincide en  sábado la fecha de tu cumpleaños. Y así, puedo escribirte un texto por ambas razones. Buenos días, Rodrigo. Muchas felicidades.

Si estuvieras…

Este año, hoy, vamos a comer juntos con tu tía y los primos. Un poco en tu nombre y otra pizca por el placer de compartir un ratito.

Ojalá estuvieses aquí.

La vida ha continuado sin ti, hijo. Pero nosotros seguimos llevando las cuentas de los años que deberías haber cumplido,  Cuarenta y dos.

No te olvidamos.

Desde esta enorme distancia de años, no importa cuantísimos sean, te queremos.

Mediados de mayo

Este año es particularmente lluvioso, ¿sabes, hijo? Todo brilla de color verde, hasta las plantas del campo o de las cunetas se ven esplendorosas y nuestro jardincito está pletórico de yerba, de yedra, de flores y hojas.

En medio de todo, seguimos bien. Algo tocados, pero resistiendo. Las dos últimas semanas hablando de ti en un cole y un insti. Y con papá, siempre.

El próximo sábado, el que sería tu cumple si estuvieras, hemos quedado a comer con tu tía y los primos. En tu nombre. Ojalá vinieses tú.

Porfa, sigue ayudándonos, ahora que hemos asumido más responsabilidades. Siempre te pido que guíes nuestros pasos, pero en estas nuevas circunstancias en que hay otros que dependen de nosotros, muchísimo más.

Porfa, cariño.

Te mandamos millones de abrazos de oso. Dile a Ela que sea feliz. Os queremos.