
Hoy tenemos una inauguración con esos números tan simbólicos.
Una Exposición Didáctica sobre lo que sucedió el 11 marzo de 2004. Os pasó. Te pasó a ti, hijo.
Todo lo hacemos por ti. Porfa, cuida nuestros pasos.
Te queremos.

Hoy tenemos una inauguración con esos números tan simbólicos.
Una Exposición Didáctica sobre lo que sucedió el 11 marzo de 2004. Os pasó. Te pasó a ti, hijo.
Todo lo hacemos por ti. Porfa, cuida nuestros pasos.
Te queremos.

Hay poca cosa nueva que contarte, en las tinieblas del sueño, esta mañana otoñal. Llueve. El silencio de la casa es enorme desde que no la llenáis tu hermano y tú,
Me rondan la pena y la melancolía del ineluctable ritmo del tiempo. Tic, tac, tic, tac… pesan los años, la fatiga y las malas intenciones de algunos. La ansiedad no se marcha,
Atrapados en obligaciones que no queríamos, seguimos por ti. Por favor, Rodrigo, continúa ayudándonos. Se nota tu dulce aliento cuando todo parece ir en contra, mil gracias.
Te queremos. Abrazos enormes: Papá, Mamá y Gonzalo.

Hoy, que es sábado y fecha simbólica a la vez, te añoramos muy especialmente, Rodrigo. Desde la noche de Halloween, con niños llamando a la puerta, hasta esta mañana del día de los difuntos, plagada de flores y visitas rituales a los cementerios, todo vuelve a hablar de ti.
Son las seis. La casa está oscura y calmada. Han pasado veintiún años, pero tu risa y tus pasos todavía resuenan por las escaleras. Y lloramos por haberte perdido. Por la familia que no pudiste crear y los hijos tuyos que nunca llegaremos a conocer.
Este 2025 de nuevo te lloro, hijo. Brotan lágrimas que ya creía suficientemente restañadas.
Este año, como todos, como siempre, te recordamos en la intimidad. Tenemos otras fechas para llevarte flores. Este año, sin embargo, se os ha unido Ela. Y esperamos que te haya dado, que te siga entregando, todos los besos y abrazos que te tenía pendientes, cariño.
Yo también te los mando. Y papá. Y Gonzalo.
Porque te seguimos queriendo como si siguieras aquí. Porque, de hecho, con nosotros sigues, Rodrigo.

Se pasan las semanas como una exhalación. Y se llevan con ellas la serenidad de mi pobre espíritu atormentado.
Hola, Rodrigo, buenos días.
Lo terrible es que ha regresado la ansiedad excesiva, tanto que tuve que volver al médico. Pero parece que voy encaminándola. Además, hemos recibido variados empujoncitos de ánimo, algunos con tu marca emocionante, que nos incitan a no desistir.
Aquí nos tienes, hijo. Te necesitamos. Porfa, cariño. Mándanos más ayuda.
Nosotros, a cambio, te enviamos toneladas de abrazos y besos. Y millones de agradecimientos.

Hoy es domingo y te escribo a las 6, cuando todavía está oscuro y solo entra la luz de una farola entre las cortinas.
Ayer vinimos con la Aso a Barcelona, muy temprano, y no tuve tiempo de ponerte unas líneas. Hoy, después de haber hablado de ti con todos, y después de haber dormido muy poco, te cuento estas cosas, Rodrigo.
Son demasiadísimas impresiones que no puedo procesar, que me hacen sentir extraña, ajena, como si viese todo desde fuera de mí misma.
Estoy en fase roma, de agotamiento mental y emocional. Pero como ya lo conozco, no me asusta.
Porque desde aquí, da igual mi estado, también te quiero, hijo.Con todo mi corazón.

Sábado y 11, aquí me tienes, Rodrigo, escribiéndote.
Esta vez desde la emoción de haber dejado las cenizas de Ela y el tío en la montaña.
Fuimos con Papá tu hermano y yo. Los tres siempre juntos.
Están en un lugar discreto y hermoso, bajo un acebo pequeño. En la sierra que tanto les gustaban y tanto recorrieron.
Gracias por vuestra compañía, discreta, desde vuestro universo, pero verdadera. Y miles de abrazos de oso para todos.

El tiempo se acelera aún más cuando hay tantas cosas que hacer, pero no nos olvidamos de pensarte, ni de escribirte unas pocas líneas semanales.
Seguimos necesitando tu ayuda, Rodrigo. Porfa, muchísima.
A cambio solo podemos enviarte besos, y abrazos de oso. También muchísimos, enormísimos, apretadísimos, eso sí. Y con enorme cariño.
No dejes de cuidarnos, hijo.

Hola, hijo, buenos días otoñales por fin. Te escribo arropada con mi cobertor favorito, muy temprano, en el silencio de apenas las siete, con la mañana aún oscurecida.
Echo en falta la libertad de viajar de antes. Ahora estamos atados a mil acontecimientos y actividades. Pero aprenderemos a sobrellevarlos. Prometido.
Tú no dejes de mirar hacia aquí, Rodrigo, porfa. Sigue cuidándonos.
Necesitamos sabiduría, serenidad, constancia y fortaleza. Tu ayuda y tu cariño, siempre.
Te queremos. No te olvidamos. Mil besos azules y mil abrazos de oso: Papá, Mamá y G.

Hola, cariño. De nuevo te anoto unas frases.
No sé si te llegan, pero no desisto.
Ojalá las leas, desde dondequiera que estés, y nos mires, y nos cuides, y te salga una sonrisa Rodrigo.
Aquí luchamos por ti.
Y te queremos.

Sigue la vida, sí. Sin tu compañía, siempre, la muy puñetera.
Y nosotros. Como buenamente podemos. Sintiendo el hueco que dejaste. Que te obligaron a dejar.
Te siento demasiado lejos, Rodrigo. Y eso me da muchísima rabia. Se me desdibujan todas las imágenes, sensaciones y recuerdos.
Sin embargo, resisto. Me niego a rendirme. Te escribo y te espero, hijo.
Te quiero.