Mediados de enero

Hola, Rodrigo,  buenos días. Te escribo tempranito, mientras escucho el ruido manso de la lluvia. Aún está oscuro y la noche me llena siempre de emociones tristes.

Sigue ayudándonos, por favor, hijo. A veces nuestro esfuerzo parece inútil. Otras, los resultados son descorazonadores. Pero aquí seguimos. Luchando. Por ti.

Te queremos. Por eso y por tu dulce memoria no nos rendimos. Gracias por la ayuda, la intuición y el coraje. Contigo siempre. Hagamos todo juntos,  Rodrigo, cariño. Por favor.

Te llegarán millones de abrazos de oso, sí, de los pesados de tus padres. Porque tu familia te quiere infinitamente.Y millones de fotos, canciones, juegos, libros y risas de tu hermano.

Ojalá los recibas. Todos y cada uno. Junto con  los montones de cariños que se nos quedaron pendientes.

No te olvidamos. Siempre cuatro contigo, te queremos: Papá, Mamá y G.

11 de enero y vuelta a la tarea

Hola, cariño, buenos días. Ya estamos en casa, solo hemos salido tres noches, ¿tú qué tal?

Hemos pasado frío, pero también hemos conversado mucho, y comido cosas ricas, y nos hemos reído, y hemos disfrutado de estar juntos.

Ojalá estuvieras tú, y tu posible familia. Nosotros tres intentamos crear buenos recuerdos, porque sabemos, muy malamente, desde que se te llevaron, que todo se puede perder en un instante.

Por favor, Rodrigo, sigue ayudándonos. Por favor, hijo querido.

Nosotros prometemos seguir viviendo con serenidad y buena intención, con paciencia, haciendo las cosas con cariño; como tú siempre nos has visto y querido. Así intentamos continuar, aunque ahora contigo en el corazón.

Miles de abrazos de oso y fotos de Pisa, montones de pizze, spresso lungo, cioccholata calda, dolci, y «vorrei il conto, per favore» Esperamos tu ayuda subito. Te añoramos sempre. Jajajaja. Ay, Rodrigo, ríete tú también.

Más millones de besos y abrazos, te queremos: Papá, Mamá y G.

3 de enero de 2026

Estrenamos año y seguimos echándote de menos en este 2026. Las previsiones climáticas anuncian un poco de nieve, justo cuando tenemos un viaje relámpago juntos. Tú no dejes de venir y de cuidarnos, porfa,  Rodrigo. Luego volveremos a las responsabilidades, muy pronto, enseguida, prometido. Pero en ese levísimo impás, vente con nosotros.

Y mientras tanto,  dales abrazos a todos los que andan ahí contigo.

Millones de cariños de año nuevo, siempre juntitos los cuatro,  no te olvidamos: Mamá, Papá y G.

Nochebuena y Navidad 2025

Hemos sido cinco en Nochebuena y seis en Navidad.  Tu silla vacía duele porque no estás y porque ya no es cotidiana tu presencia-ausente. Ojalá fueras el niño de la imagen, tan parecido al tú de tu infancia,  Rodrigo. Ojalá hubiese en esta casa un  pequeño como ese, tan parecido a ti, que la llenase de risas,  que nos llamara abuelos.

No estás,  hijo, pero sigues a tu manera, con tu ayuda y cariño,  echándonos una mano.  Y con eso nos tenemos que conformar.

Dondequiera que te encuentres,  felices fiestas,  cariño. Te enviamos millones de abrazos de los infinitamente largos, de los de oso.

20 de diciembre de 2025

Cuando apunto fechas, me asombra siempre cuánto tiempo ha pasado sin ti, hijo querido. Es que veintiún años, nueve meses y nueve días desde que se te llevaron es muchísimo, Rodrigo. 

Se me hace extraño, casi ajeno. Todo se vuelve neblinoso, como sueño. Y hasta parece que la vida contigo no existió y tú no fuiste. Y esa inconsistencia también duele.

En este finde previo a la Navidad,  te echamos en falta, cariño. Ya solo somos tres. Pero tú siempre eres el número cuatro. Contigo en el corazón seguimos. Aunque duela.

No dejes de cuidarnos, porfa, hijo,  solos sin ti no somos nada. No dejes de venir a vernos.

Nosotros te enviamos toneladas de amor: de abrazos y besos,  de risas, villancicos y libros.

Porque te queremos. Y nada ni nadie va a  impedir que sigamos queriéndote con todas nuestras fuerzas.

Te queremos.

Te queremos.

La Fiesta de Navidad

Hoy tenemos la celebración con niños de la Aso. A veces conseguimos que sea mágica. Ojalá también este 2025.

Y en eso seguimos ocupados, Rodrigo. Será la última actividad multitudinaria, luego ya un par de reuniones y cuadrar el fin de año; que no es poco, pero no implica movilizar tanta gente.

Cantaremos cumpleaños feliz por todos los que no estáis, hijo. No dejes de venir a vernos. Os llamaremos con muchas voces inocentes, ¿nos verás?

Porfa, mándanos resistencia, sabiduría y esperanza. Nosotros, de vuelta hacia ti, te enviamos todo nuestro amor.

Millones de besos: Papa, Mamá y G.

El puente de 6 y el 8

Por fin tenemos unos días de descanso,  aunque nunca de escribirte, Rodrigo. Este fin de semana largo queremos desconectar de tanto ajetreo.

Hoy veremos a tus amigos, E y N, con su pequeño H. Ojalá estuvieses tú.

Nos cuesta encontrar motivos para la esperanza, pero resistimos. Ojalá con menos agobios.

Mándanos fuerza, sabiduría y serenidad, hijo. Nosotros te enviamos cariños por toneladas.

Y millones de abrazos de oso.

Finales de noviembre

Estamos cansados estos días, Rodrigo. Pero ya pronto serán las vacaciones y eso nos da ánimos para resistir.

Lo difícil vendrá con las fiestas navideñas, porque es cuando más se notan las sillas vacías. Sobre todas, la tuya.

Y no sé si contarte cómo están el jardín y tus árboles. O cómo estamos nosotros. Pocos, cada vez menos, y tristes.

Pasan los años, nos inundamos de canas, arrugas y achaques. Al menos no eres testigo de nuestro declive, me digo, como para consolarme de tu ausencia. Luego me entristece lo solo que está tu hermano para afrontarla.

No nos olvides, hijo. Nosotros no te olvidamos.

Millones de besos: Mamá.

Aquí seguimos

En esta gélida mañana, te anoto estas líneas simples, hijo querido. 

Todo sigue razonablemente bien, aunque trabajoso. La cercanía de la Navidad y una charla están removiendo nuestra añoranza y nuestra pena. Vuelven las imágenes intrusivas, los recuerdos difíciles, rebrota la ansiedad. Pero  resistimos, contigo siempre en el corazón,

Porfa, no dejes de ayudarnos, Rodrigo.

Millones de abrazos de oso, te queremos.

Mediados de noviembre

Este finde rompe la monotonía de tanto trabajo con una celebración familiar. Tú sigues lejos. Tú no traes a tu pareja, ni a tus hijos. Nos hacemos mayores y  sigues desaparecido, lejano y juvenil.

Por favor,  cariño,  cuídanos. Esto desgasta. Por favor,  Rodrigo,  que siga siendo motivo de unión entre nosotros tres, como hasta ahora.

Se intuye la Navidad acercándose y no tenemos ni tiempo ni energía para pensar en ella. Ojalá pudiésemos contar contigo y tu presencia fuese sólida y total. Pero no. Seguimos con ese hueco doloroso.

Te queremos. Ojalá estuvieras. Te queremos. Gracias por mandarnos estrellitas de esperanza. Te queremos,