11 de enero de 2025

Apenas fue ayer el vigésimo aniversario y resulta que estamos a dos meses del veintiuno. Buenos días,  hijo, la realidad se me antoja extrañísima.

Apenas he hecho propósitos para este año nuevo,  solo resistir a los achaques que han dejado de rondarme porque se han instalado campechana y absolutamente.

Papá y tu hermano me cuidan un tanto preocupadillos, ojalá estuvieras, Rodrigo. Somos tan pocos y nos asusta todo tanto…

Ela está muy mayor y repite las mismas frases una y otra vez, con voz pastosa, lejísimos de lo que fue, cada vez más ajena a la realidad.

Esta es la vida que vivimos sin ti.

No te olvidamos,  cariño. Porfa,  no nos olvides tú.

Siamo a Roma

Con tu hermano, contigo en el corazón, recorremos las calles atestadas de esta ciudad eterna.

Ojalá estuvieras aquí estos pocos días. Mañana regresamos a casa y tampoco nos esperas allí.

La vida sigue funcionando, extraña y cruel, desde tu marcha. No me explico cómo es que no implosionó, entonces; cómo puede ser que no nos haya pedido disculpas ni una vez durante estos veinte años, ocho meses y veinticinco días de tu ausencia forzada.

Me despierto en medio de la noche y te escribo estas líneas, Rodrigo. Porque no te olvidamos. Y te queremos.

28 de diciembre de 2024

Se nos acaba el año veinte de tu ausencia y tú lejísimos, Rodrigo. Casi el mismo tiempo contigo que sin ti, tu presencia se difumina entre las mil vacuidades de lo cotidiano. Y me duele no tenerte muy amarguísimamente. Y te echo muchísimo falta, hijo.

Nuestra próxima cita ya será en enero, el primer sábado de un 2025 a la vuelta de la esquina. ¿Estarás con nosotros a tu modo sutil? Ay, ojalá, cariño, no nos dejes  solos del todo.

Estas fiestas remueven penas y añoranzas, es inevitable, por lo que parece. Que tú no estés es la peor de todas.

No dejes de cuidarnos, porfa, Rodrigo. Es que seguimos tristes y somos demasiado pocos.

Millones de abrazos gigantes: Mamá.

Nochebuena y Navidad

En estas fechas en que hijos que viven lejos se acercan a ver a sus ancianos padres, y se reúnen las familias, soñaré que tú vives en el otro lado del universo y que llamarás para decirnos que estás bien y que volveremos a encontrarnos.

Algún día.

El finde antes de Navidad

Hola, hijo querido,  buenos días. Hoy, solsticio de invierno,  te escribo estas líneas deseando que las puedas leer. Y que me contestes muchas veces como el martes pasado:

I just call to say I love you, I just call to say how much I care

No es lo habitual. O es que yo estoy torpe y roma, y no me entero de tus mensajes sutiles. En fin, millones de besos agradecidos,  de todas maneras.

Solo puedo contarte que aquí seguimos sin ti como buenamente podemos. Que siempre tienes tu silla a la mesa. Que soñamos con volverte a abrazar… y que no te olvidamos.

Que tengas una muy feliz Navidad, Rodrigo.

Fiestas navideñas

Hola, Rodrigo, buenos días del día de la fiesta de la Aso. En unas horas nos vamos para allá y estaremos rodeados de niños. ¿Cómo andas tú?

Aquí la vida toma velocidad y luego para,  así que la transitamos como a trompicones. Siempre dolorosamente sin ti. Siempre con toda la serenidad que podemos.

Como te decía, vamos a rodearnos de niños y de su maravillosa energía, pero con un filo de dolor. Porque en nuestra familia no los hay. Y somos poquísimos, cada vez menos, en cada reunión navideña.

La verdad, cariño, sin nuevas generaciones no hay esperanza de futuro. Es duro aceptarlo, pero es lo que hay. Ya resulta áspero vivir sin ti y sin tus hijos, Rodrigo. Y la pena se acentúa sin los de tu hermano, que va pareciendo que no serán.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y que la vida da muchas vueltas. No sé qué decirte, Rodrigo. En nuestra diminuta familia parece que se diluye, se hace diminuta y levísima. No dejes tú de ayudarnos, porfa, a mantenerla como llama encendida.

Te queremos, hijo. Te queremos.

11 de diciembre de 2024

Todos los onces, como hoy, te pensamos, Rodrigo.

Aunque hayan transcurrido ya veinte años y nueve meses, no te podemos ni queremos olvidar. Tú vuela alto, cariño. Y no dejes de cuidarnos.

Diciembre

Te escribo todavía de noche, esperando que llegue el frío del invierno, Rodrigo. Dicen los meteorólogos que este año empezará a partir de ahora.

Estamos en el puente de la Constitución y la Inmaculada, aunque ya las fechas no tienen el sentido de antes, cuando teníamos horarios laborales. Ahora la vida es más continua y sencilla.

Ayer pasamos la tarde con tu hermano,  para hoy y mañana no tenemos planes en especial,  porque preferimos huir de las fechas multitudinarias. Y porque las próximas semanas están llenas de acontecimientos y actividades a veces agobiantes.

Seguimos aquí, los tres, cuatro de corazón, y siempre contigo. No te olvidamos, hijo. Porfa cuídanos.

Mil abrazos de oso: Mamá.

Último sábado de noviembre

Hola, cariño.  Estas citas semanales contigo son un hito en el continuo temporal. Aquí me doy cuenta, aquí constato absolutamente, el tempus fugit.  Y me duele tu ausencia.

Anteayer Papá y tu hermano me acompañaron en el acto de nombramiento de colegiados de honor, de eméritos,  en mi Colegio Profesional.

Faltabas tú.

Aunque Papá dice que estuviste, a tu modo y a  mi lado, te echamos en falta los tres.

Así seguimos, Rodrigo.

Nunca te olvidamos.

23 de noviembre de 2024

Siempre se me hace extraña la fecha. Cada vez que te escribo, me parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde la última ocasión,  normalmente una semana. Y ya ni te cuento desde que no estás…

Vivo, intento vivir, una rutina de existencia sencilla. Me asaltan nuevos quehaceres y vuelvo a estresarme. Y tú te me diluyes, qué rabia me da, Rodrigo, entre tanto ajetreo.

No te preocupes, que no nos rendimos. Aquí estamos. Contigo en el corazón. Así que sigue cuidándonos, hijo.

Te queremos.