Atentado en Barcelona

Era cuestión de tiempo que volviera a suceder en España un nuevo atentado yihadista. Ha sido un atropello masivo en las Ramblas. Se habla de trece muertos, cinco de ellos niños, ay, y un centenar de heridos. Cómo no pensar en ti, hijo.

Y en las familias que esta noche no han dormido porque faltaba uno de los suyos, y en la ausencia de noticias que supone, cuanto más tiempo pasa, el peor de los finales.

Ciego y loco odio fanático. Malditos sean los asesinos.

Pero nosotros, por favor, siempre pensando en ti y en el amor que une nuestros dos mundos. El amor es más fuerte que el terror que intentan extender.

Te queremos, Rodrigo.

Nuestros onces

Trece años y cinco meses. Ese es el cómputo de tu ausencia. Y el de todas las cosas que pudiste hacer acá y nos hemos perdido. Espero que las hayas realizado, y mucho más, en ese Otro Lado que te guarda.

Me he despertado en medio de un sueño y me emociona comprobar que estabas tú, que mi subconsciente no te ha borrado de nuestras vidas como hicieron aquellos fanáticos descerebrados. Esperábamos a papá en una fiesta del trabajo con familias. Tu hermano y tú érais niños y adultos a la vez, las cosas oníricas, ya sabes.

Al menos te he abrazado en ese mundo intermedio.

Te quiero.

En mundos de fantasía

Toda la semana viendo El Hobbit y El Señor de los anillos nos hacen pensar en ti. En la saga que leímos todos tantas veces, en cómo tú también quedaste rendido para siempre a su magia. Y en que las pelis de la novela, las mismitas escenas, las viste tú. Poco antes de tu muerte, Rodrigo. Y te encantaban.

He llorado despidiendo a Gandalf, aun sabiendo que luego volvería, y a Boromir, que se fue para siempre como tú, aunque me sé la historia palabra por palabra. Y todas y cada una de las despedidas eran un poco la tuya y las palabras, los gestos, el dolor y la esperanza, catárticas para nuestra pena. Tú andas por esos mundos, somos cuatro en esos universos de épica lucha entre el bien y el mal. Regresar allí es volver a abrazarte.

Hemos sentido de nuevo contigo la fascinación por los elfos, y te hemos sabido con ellos al otro lado del mar, esperándonos en los Puertos Blancos.

Te queremos, hijo. Nunca dejes de pensarnos.

Último finde de julio 

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Qué rápido se pasan los días de verano, y cuántos meses de ausencia, Rodrigo.
Cuando te pienso apenas consigo capturar fragmentos de lo que fuimos. Ay, hijo, cada día, cada semana, cada mes me muestra nuevos matices del vacío que has dejado en nuestras vidas. Me sorprendo a mí misma aprendiendo todavía a bregar con ese hueco injusto e inevitable.

Solo me queda el amor que te tengo, que salta la barrera que separa nuestros mundos y nos une. No te olvidamos, cariño. Con serena esperanza vamos a buscarte.

Guíanos.

Un sábado de verano 

Hoy, comiendo con tu hermano y su chica, somos cuatro aunque tú no estés. Pero estás. A tu manera. Porfa, sigue dejándonos pistas para seguir el camino. Y visita nuestros sueños. 

Te queremos. 

Aniversario trigésimo quinto 

Hoy hace treinta y cinco años que nos casamos. No termino nunca de asumir todo lo que ha pasado en este tiempo, especialmente tu muerte, Rodrigo. 

Tu llegada fue un regalo. Tu partida, el horror más oscuro y profundo por el que hemos pasado. 

Nunca dejaremos de echarte en falta, hijo. Y mucho menos en fechas señaladas como la de hoy. 

Te queremos. 

Catorce onces de julio 

Te llevo la cuenta, hijo. Este es el verano 🏖 décimo cuarto sin ti. Estuviste veintiuno con nosotros. Y me molesta mucho que no estés. 

¿Dónde andas, cariño? ¿Estás bien? 

Nuestros onces nos reúnen de nuevo en espíritu. Hasta que llegue el  reencuentro total, me toca conformarme con eso. 

No te olvido, Rodrigo. Y te quiero. 

Sábado de lluvia y nubes 

Tecleo en la oscuridad de las seis de la mañana. Llueve. Hace una temperatura deliciosa. Paseo con tu padre junto al mar y sé que tú nos sabes juntos y serenos porque nos haces guiños. Te echo de menos. 

Hablamos de tu hermano, de la vida, de cosas nimias y de grandes dilemas, nos reímos. Y hasta parece que todo es posible, que hemos vuelto a la normalidad, y que nadie diría que nos faltas tú por nuestra apariencia. Pero sale tu nombre de pronto, Rodrigo, y tu recuerdo, y se nos llenan los ojos de lágrimas. Y sabemos que lo cotidiano será para siempre la añoranza. 

Gracias por ser nuestro hijo querido, el primero, con el que aprendimos a amar  y a ser padres. Gracias por las señales que nos mandas. Vuela alto, cariño, pero sigue ayudándonos, no te olvides de nosotros, tus pobres papis. 

Abrazos de oso 🐻. Te queremos. 

Nueva etapa 

Hoy empiezan el verano y las vacaciones, pero también es el cumpleaños de Papá.

Lo celebraremos con tu hermano y parece que nos hemos acostumbrado a tu ausencia, pero, mira, hijo, siempre nos faltas tú.

Qué estarías haciendo, viviendo, pensando si estuvieras con nosotros. Cómo sería tu vida. Y las nuestras a tu lado. Esa es siempre nuestra duda vital.

Te pensamos, te echamos en falta, Rodrigo. Por favor, hijo, haz sonar los cascabeles de tu risa.

Te queremos. Siempre contigo. Siempre cuatro.

24 de junio 

 

Feliz mañanita de San Juan, hijo.

Si de veras esta fecha de solsticio tiene un solo gramo de magia, la uso para ponerme en contacto contigo y decirte que te quiero.

Seguimos avanzando, entre el calor y el cansancio, la añoranza y la búsqueda de motivaciones. Te echamos muchísimo en falta, Rodrigo. Pero vamos hacia ti.

Desde el vértigo de la existencia diaria, te llamo, cariño. Por favor, nunca dejes de volar, ni de ser feliz, ni de hacernos señales que nos sirvan de brújula.

Te queremos.