Acabando el mes de julio

Buenos días, Rodrigo. Hoy te estoy escribiendo desde el salón, porque en la buhardilla no hay quién pare. Hace demasiado calor, incluso con el aire acondicionado a tope.

Todavía está oscuro, no son ni las cinco. Bonitas horas, ¿verdad, cariño? Es que duermo poco y mal, afligida por las temperaturas y por el dolor agudo de mi rodilla lesionada.

Y así resulta que me despierto tempranísimo, cada día un poco antes que el anterior. Y entonces, como me huye el sueño, indefectiblemente, pienso en ti.

Eres mi compañero de insomnios. Ay, pobre hijo, qué desastre de madre que te da el tostón cada madrugada.

Tú vuela alto, por favor, y no me lo tengas en cuenta.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

20 de julio de 2024

Buenos y tórridos días de verano, Rodrigo. Desde casa y nuestra buhardilla te escribo estas pocas palabras, como cada sábado.

Estamos en plena re-edición de tu libro en Amazon, y todavía surgen pequeños problemas. Espero que estén resueltos pronto, pero no subiré imágenes hasta que todo esté completamente bien. Aunque ya te digo que me gusta mucho la portada y que estoy deseando compartirla.

Por lo demás, lo acostumbrado. Después de unos días fuera, agradecemos que nos arrope la rutina doméstica. Más adelante, algún otro viajecito haremos, ya te lo contaré, cariño.

Ay, hijo, resulta que mañana comemos con tu hermano. Y ahí, cuando estamos los tres juntos, es cuando más se nota que no estás. Ojalá, siempre te lo digo, vinieses también tú. Da igual el tiempo que pase, da igual haber sobrepasado los veinte años de ausencia, te echamos en falta siempre. En lo cotidiano y, de forma muy llamativa, cada vez que pasa algo diferente, bueno o malo, pero especial.

Es que, jolines, hijo, qué solos nos hemos quedado sin ti.

Por eso te mando millones de abrazos y besos, de libros y canciones, de juegos y músicas, de fotos, viajes, pelis y series. Para compartirte las cosas que te gustaban y sentir que todavía nos sirven de conexión. También te envío toneladas de muecas y de bromas, porque sigo añorando tu risa y quiero imaginármela sonando por las escaleras.

Hasta la próxima, Rodrigo. No nos olvides, porfa. Te quiere hasta ese infinito que habitas: Mamá.

Desde Asturias con amor

Hola, cariño,  buenos días,

Llevamos una semana fuera y ya queremos volver a casa. Mañana lo hacemos. Hoy es nuestro último día por aquí.  Disfrutamos de estos paisajes, de los amigos, de las maravillosas temperaturas,  de la Semana Negra, pero siempre de la mutua compañía Papá y yo.

Poco más puedo decirte. Ya me gustaría tenerte por aquí, como a tu hermano.

Amanece. Te escribo en el silencio de esta casona entre valles. Hay niebla. Y una ermita del siglo IX frente a mis ojos.

No te olvidamos,  Rodrigo. Por favor, sigue velando nuestros pasos. Millones de abrazos de oso: Mamá.

En Gijón

Hola, cariño, buenos días.

Hoy, como la Lloca, como las madres de los que se fueron lejos, te llamo y te echo muchísimo en falta.

Hablaré de mi último título en la Semana Negra. Es la tercera vez que vengo a presentar un libro mío y la primera en que estará tambien tu hermano. Me emociona que le hiciese tanta ilusión venirse hasta aquí.

Y entonces me asalta la morriña, y  añoro que estuvieras también tú. Aunque quizás estés,  a tu modo, me digo a mí misma. Ay, ojalá nos veas y nos oigas, Rodrigo.

Llueve. Hace hasta frío. Es curioso llegar de una de calor en Getafe y encontrarse aquí una temperatura tan deliciosa. Pero no todo es fácil, pues mi artrosis se queja un poquito más con este clima.

Qué le vamos a hacer, así es la vida, una mezcla de contradicciones.

No te olvidamos, hijo querido. Por eso te mandamos  millones de abrazos de oso.  Bueno, por eso, y porque te queremos un montón.

Siempre cuatro contigo: Papá,  Mamá y Gonzalo.

Pronto el cumple de Papá

Ya estamos juntitos Papá y yo, el lunes, que es día uno y su cumple, empiezan las vacaciones. Y en septiembre, la jubilación. Seremos dos pensionistas. Se me hace raro vernos tan viejos. Él dice que no lo somos todavía, que ahora simplemente mayores, pero no sé yo, hijo. Me duelen las rodillas, me cuesta andar por la artrosis y, en general, solo podemos ir a peor.

Haremos viajes, aunque nos va costando cada vez más, porque para quedarse en casa siempre hay tiempo. A saber cuánto nos alcanzarán las fuerzas y la energía emocional.

Te echamos en falta en estos momentos especiales. Gracias a que tu hermano nos arropa por ti y por él, el pobre, intentando llenar el hueco que dejaste, se esfuerza mucho.

Tú, porfa, hijo, envíanos señales de que no te has derretido en la nada. Ay, Rodrigo, aún te lloro mientras te escribo.

No te olvidamos, no nos dejes del todo tú. Millones de abrazos de oso: Mamá.

Tu libro

Ya sabes que casi no quedan ejemplares de tu libro,  apenas alguno en las librerías online mas fuertes, y como las distribuidoras no lo encuentran, no lo sirven. Por eso no pude tenerlo ni en la tertulia jurídica que hicimos para el vigésimo aniversario, ni en las Ferias del libro a las que acudí últimamente.

Así que estoy revisando las galeradas de una nueva edición,  ahora muy modesta, solo para que esté disponible en Amazon. Pero eso sí,  con cubiertas y maquetación profesionales.

Releer me llena el alma de melancolía y de añoranza, hijo. Me está costando.  Y también es duro para el maquetador y portadista. Como lo fue, por cierto,  en la editorial anterior.  Es que tu muerte y tu ausencia nos llenan los ojos de lágrimas a todos.

Te escribo con una cierta congoja. Menos mal que comemos con tu hermano.  Y con tus amigos,  E y N, y su peque.

No dejes de venir a vernos, ni cuidarnos a todos,  Rodrigo,  por favor. Muchos abrazos de oso: Mamá

15 de junio de 2024

Hoy va lenta la conexión, o el PC, que ya es viejito, o esta pobre bitácora en la que te escribo y ojalá leas, Rodrigo. Son ya las once de la mañana y estoy en nuestra buhardilla tecleando estas pobres líneas y echándote en falta. Quizá parezca mentira visto desde fuera, pero veinte años y tres meses después de tu muerte aún me asaltan de forma inesperada la rabia, la pena, la angustia y el desánimo.

Me suceden cosas que quizá los ajenos consideren de suerte más que estupenda: publico libros, hago presentaciones, voy a certámenes, firmo en ferias… Todo en un nivel muy discreto y sencillito, de liga regional, de andar por casa. No me he convertido en la Allende, ni se me ha subido el pavo. Porque tu ausencia me mantiene los pies anclados a la cruda realidad de que no somos gran cosa. Y nada del mundo me salva de tu ausencia.

Ni un miligramo de vanidad. No me creo ni un segundo de gloria. Agradezco las oportunidades y sigo avanzando. Porque voy con Papá y tu hermano. Porque voy hacia ti.

Te sigo echando mucho de menos, hijo.

11 de junio de 2024

Hoy tenemos reunión de la Aso. Por ti. Nunca sin ti, hijo. Contigo hasta que vengas a buscarnos. Lo harás, ¿verdad?

8 de junio de 2024

Son las ocho. He abierto todas las ventanas y la casa huele a lluvia próxima y a jazmín. Buenos días, hijo. Aquí seguimos los tres, comunicándonos a menudo, sin olvidarte nunca.

Pronto llegarán las vacaciones de verano y las últimas en activo de Papá, que se jubila en septiembre. Es la novedad, pues en los otros ámbitos todo sigue razonable y discretamente bien.

Y mejor que continúe así. Cuando las perspectivas de futuro nos dan vértigo, intentamos no temer lo inopinado y avanzar las obligaciones del día a día. Porque sabemos que lo terrible puede surgir en cualquier instante. Como tu muerte y tu desaparición repentina, maldita y para siempre.

A veces lo conseguimos.

No esperamos grandes cosas para el futuro próximo. Es bastante triste, pero es lo que hay, y así tenemos que vivirlo.

Nos tenemos los tres, los cuatro contigo, siempre juntos. Y eso es suficiente.

Te queremos, Rodrigo. No dejes de velar por nosotros, que estamos muy solitos y somos muy pocos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.