Cerca del aniversario

Hoy, ocho de marzo, día de la mujer, haré huelga de dos horas y luego iré de manifa por la tarde. Mañana hemos quedado con la familia para comer juntos, así que tendremos también el tiempo entretenido. El domingo será el día previo, intentaré con tu padre que sea un tiempo llevadero y sereno, aunque tenemos dos actos in memoriam.

Y llegará el once, y acudiremos a otros dos, en Atocha y Téllez. Como cada año. Contigo en el corazón, Rodrigo. Por ti. Con el alma encogida por tu ausencia ya de quince años.

Después procuraremos volver a tomarle el pulso a lo cotidiano el día 12. Pero para nosotros tú siempre estarás ausente y presente: siempre será once de marzo.

Marzo

Regresa el mes odioso de tu aniversario, Rodrigo, y se trae consigo las mismas sensaciones de otros años.

Aquí me tienes, cariño, intentando mantener la serenidad. De eso, qué triste y terrible, tengo un largo entrenamiento. Y me preparo para las posibles reacciones emocionales estando ocupada. Porque he aprendido de otras veces que no hay nada mejor que la rutina diaria para arropar el espíritu.

Lo importante es vivir estos días previos al 11 con consciencia, aunque sea dolorosa. Luego, después del mal trago, procuraré de nuevo unirme al rebrote esperanzador de la primavera.

Parece que el buen tiempo se marcha, mientras la lluvia esperada y hasta la nieve, se acercan para el final de la semana. Pero no nos importa. Tú no dejes de venir, que te esperamos.

Mil abrazos de oso, risas, bailes y canciones. Te quiere hasta el infinito:

Mamá.

Un finde largo para desconectar

Desconectar, uffffff, ojalá, eso espero, después de tantos exámenes, reuniones y actividades varias. Unos pocos días, hijo, para encarar la última evaluación con ánimos renovados.

Intentaremos llegar también con serenidad al próximo aniversario. Echanos un vistazo, cariño 🧡. Nos vendrá de perlas tu ayuda. No te olvidamos.

Por qué me meto yo en estos líos


Creo que soy de naturaleza discreta, Rodrigo, y esto lo hago por ti.

Ando un poco ajena a mí misma, en un extraño equilibrio emocional, como ese gato por un riel que muestra la foto que acompaña este post.

Siento pudor, un poco de vergüenza, deseos de esconderme, y, a la vez, la alegría de poder hablar de ti, cariño; de lo que te pasó, de cuánto te echamos de menos, del dolor innecesario producido por unos locos fanáticos, y del sufrimiento aumentado por los intereses espurios de unos caraduras insensibles.

Es tu libro, hijo.

Te quiero.

Tu recuerdo en la presentación

Hola, hijo, otra vez es sábado y te escribo, pero hoy con las emociones de la presentación de tu libro, rodeada de mis compañeros y alumnos. Y de tus amigos.

Estuvieron allí los del cole y el insti, tu grupo adolescente. Y fue hermoso hablar de ti con ellos.

Luego tuve esta miniconversación por whatsapp:

[21/2 17:20] Muchas gracias por mantener a Rodrigo vivo un poco más. Fue muy bonito volver a pasar otro rato con él ayer

[21/2 17:22] yo: 😭😭Gracias a ti por ser su amigo.
Y por venir a la presentación.
Un abrazo grande

[21/2 17:23]Otro par de abrazos por allí.

Te fuiste, pero nos quedan tus amigos.

Desconcierto vital

Estos días de ajetreo me tienen entretenida, y podría parecer que ajena a la fecha que se va acercando. Pero no. Ay, hijo querido, qué vacío has dejado tras tu marcha repentina e injusta.

En el subconsciente persiste un rumor doloroso que amenaza con hervores y que estallará en algún momento. Como un geiser. Aunque ahora se muestre apenas como una cierta incomodidad emocional y el deseo de que estos días pasen cuanto antes.

Te llamo, Rodrigo, pero no te siento. Te me has ido tan, tan, tan lejos…

Nada me curará de este naufragio si no es tu abrazo, la tabla que procuro. Por favor, no dejes de venir a dármelo.

Once de febrero

  

A solo un mes del décimo quinto aniversario. Con exámenes, reuniones, tu libro y mis últimas jornadas laborales, me muevo otra vez entre el estrés y la estupefacción.

Nuestros onces son ya demasiados. Pero yo siempre te espero, Rodrigo.

Entre unas cosas y otras

Entre unas cosas y otras (especialmente exámenes) no te he escrito esta mañana de sábado. Así que, ahora, después de comer, he subido a mi pc a ponerte estas letras.

Yo pensaba terminar mi carrera laboral de la misma manera discreta que he vivido todos estos años, pero tu libro me está sacando del anonimato. Todo el instituto ha sido invitado a la presentación del Centro de Poesía, por lo que me empiezan a preguntar mis alumnos de otros años. Los mayores de este curso ya lo saben de sobra, pero a los peques, de doce o trece, no les he dicho nada y tal vez debiera. No sé. Lo pensaré y haré la próxima semana.

Han llegado unos ejemplares de la editorial y tú fuiste el primero en recibir un libro. Te lo dejé sobre la almohada, tu lugar favorito. Papá se emocionó al verlo.

Allí, como si estuvieras. No puedo olvidar cuánto te gustaba leer, ay, Rodrigo. Ojalá puedas echarle un vistazo a cómo ha quedado la impresión, porque lo que es el texto, lo conoces desde que te escribo. Desde que se te llevaron lejos de nosotros.

No te olvido, hijo. Hago todo esto por ti. Mándame tú ánimo y esperanza para seguir adelante.

Te quiero.

Una fría noche de sábado

Ayer fuimos de nuevo a un concierto de tu hermano. Soplaba un aire gélido, nos perdimos un par de veces y no solemos trasnochar, pero disfrutamos de la velada rockandrolera. Hasta tuvimos suerte y aparcamos muy cerca.

Solo faltabas tú, hijo. Siempre se nota tu ausencia. A veces, también, y anoche sucedió así, sentimos alguna señal tuya. Suele ser muy sutiles y no las sé explicar, pero animan mi pobre corazón. Y te las agradezco mucho, Rodrigo.

Luego, con el paso de las horas, se difumina la sorpresa y me saben a poco. Porque yo lo que quiero es abrazarte, y que me cuentes, y seguir tus pasos, como cualquier otra madre. Y esto, tan sencillo, se me ha negado. ¿Por qué? Es injusto, injusto e inhumano.

Qué duro es esto de vivir sin ti.

Tu mundo y el mío

Durante años atesoré varias imágenes de puentes rodeados de nieblas, símbolos del leve nexo entre nuestros mundos. Durante años tuve atisbos de lo que podía haber en tu lado, y permanecí en el borde del mío, todo lo cerca que pude, por si te sentía, Rodrigo, hijito muy amado, llorado y perdido.

Ahora ha pasado demasiado tiempo para permanecer en el pretil, para andarte buscando de forma tan extrema. Ahora ni tú ni yo estamos en las proximidades del puente, en eso consiste volver a vivir, y por eso las distancias se han multiplicado y te siento lejos.

Me duele saberte lejísimos, no tener ni una pista de ti durante días, meses, tal vez pronto también años. Espero, con miedo, con intranquilidad, que estés bien. Deseo que vivas una nueva existencia, ocupado quizás en asuntos inconcebibles para mi pobre mente, pero vivo, pronto a recuperar nuestra conexión emocional, tú mismo, alegre, listo, divertido y feliz.

Esta madrugada se ha producido el rescate fatídico, tras doce días atrapado en un pozo estrechísimo de perforación, de Julen, el pequeñín de dos años que se le escurrió a su padre entre los dedos cuando iban de paseo. Qué horrenda experiencia, qué angustia, sensación de culpa injusta, pero latente, de irrealidad, de estupefacción.

Y aunque la lógica decía que ese iba a ser el desenlace, leerlo recién levantada, entre las nieblas del sueño, me ha llevado a las de tu puente. Y ha regresado con la noticia el dolor de haberte perdido, siempre ahí, latente, dispuesto a volver, a estrujar hasta las lágrimas a un corazón que parecía ya endurecido y hecho a cualquier adversidad.

Por eso me he acercado otra vez a nuestro límite y te llamo, y te ruego un abrazo. Imagino que hace ya algún tiempo que Julen va de la mano de alguno de sus familiares en ese universo vuestro que os acoge. Lloro el llanto de su padres con el nuestro, que revive, lloro, sigo llorando.

Ay, Rodrigo, desde ese mundo tuyo tan ignoto, haznos señas, por favor, no nos olvides. Porque nosotros te recordamos en cada momento especial y siempre, siempre, siempre, te queremos.