Por fin se acaba este mes

El rincón de las orquídeas y la primavera que empieza

Querido hijo, otra vez te pongo unas líneas, como la madre de un colono que se fue a vivir a tierras muy lejanas y no sabe si la carta llegará a su destino, insistente, esperanzada, dolorida, llena de añoranza. En estos quince años han pasado muchas cosas, pero nunca hemos dejado de sentir el efecto del aniversario de tu muerte repentina e injusta. Este es el último de los sábados del mes de marzo, mañana tendremos una hora menos y el lunes finalmente llegará abril.

Ya lo sé, Rodrigo. Me dices que medir el tiempo es una convención y que no deberían dolerme más unas fechass que otras, pero es lo que me pasa y así te lo cuento. Cada año quiero dejar atrás cuanto antes el once malhadado que se te llevó lejos, los fatídicos idus de marzo de los romanos, ay, cariño. Te echamos en falta demasiado. Todavía. Para siempre.

Seguimos la vida con el lema que nos dejaste y siempre estamos ocupados (algo que hacer). Nos queremos, sí, y así cumplimos tu propuesta de alguien a quien amar. En eso andamos tu padre, tu hermano y yo, y toda la familia, y los buenos amigos. Algo que esperar es más difuso: hay muchas cosas que nos entretienen hasta que tú vuelvas a buscarnos, pero nuestra máxima aspiración es poder darte un nuevo abrazo de oso, sometimes, somewhere. Y me llegan ecos del último musical que hemos visto en familia, hace poco, y canto contigo que hay un lugar para nosotros en el que volver a encontrarnos. Te queremos.

TONY:
There’s a place for us,
Somewhere a place for us.
Peace and quiet and open air
Wait for us
Somewhere.

MARIA:
There’s a time for us,
Some day a time for us,
Time together with time to spare,
Time to look, time to care,
Some day!

Días más tarde

Después de tantas jornadas cargadas de aniversario, te busco en la normalidad, Rodrigo. Siento que te me escapas entre los dedos, que andas cerca de mí pero no te encuentro. Y eso sucede porque tu estela es muy sutil y tengo que estar calmada y en mucho silencio para captarla.

Anoche, de pronto, navegando entre tus amigos, decidí buscarte en los mundos de fantasía de Tolkien. Entre los libros maravillosos de tus ocho años, y en las películas de El señor de los anillos que tanto amaste.

Y lloré desde las primeras escenas todas las lágrimas que este quince aniversario no he podido porque había que sobrellevarlo con temple y dignidad. Al menos he conseguido eso.

Hoy pretendo seguir la saga, y pensar que veo, y me emociono, y disfruto, y sufro con las mismas imágenes que tú te llevaste recientes y amorosas en la retina. Y quiero soñarte con los elfos, embarcando en los puertos grises, esperándonos al otro lado del mar.

Nunca te olvido, hijo. Vuela alto. No dejes de soñar. Y cuando sea el momento, ven a buscarnos.

Cansancio

Los prunos se llenaron de flores por tu aniversario. Efimeras y rosadas, nos han acompañado desde el lunes, y te han mostrado el camino a casa, como todos los años. Hoy ya casi no se ven, desaparecidas en gran parte, o mimetizadas entre las hojas color púrpura. Tan poco duran.

Así es esta vida, Rodrigo, fugaz a ratos, predecible otras veces.

Quedan muy pocas semanas para los segundos de bachillerato. Tampoco demasiadas para los demás cursos. Y se me pasan los días entre nervios de presentaciones, actos in memoriam, exámenes y tareas variadas. Un vértigo de últimas acciones que me llenan de nostalgia y de irrealidad.

Me pregunto dónde estás, cariño, qué andas haciendo, si me ves y ayudas, como creo tantas veces, o si te añoro tanto que imagino tu presencia. Te echo de menos muchísimo, hijo querido.

Me asalta el miedo a lo desconocido, me reconforta la esperanza; lloro tu ausencia injusta, sonrío al recordar tus muecas, chistes y carcajadas.

Camino con papá, de la mano siempre, en tu busca siempre, con tu hermano siempre. No dejes de mostrarnos el camino que lleva hasta ti.

Te queremos.

15 años sin ti

Este nuevo aniversario se ha teñido de escritura con la publicación de tu libro, Rodrigo. Algo muy especial que, por contraste, acentúa la sensación de irrealidad que me asalta cuando se rompe la rutina.

Y me pregunto dónde están los tiempos de tu infancia, hijo, tus divertidas risas adolescentes, tus enormes, vitales, optimistas ilusiones juveniles, tus planes de futuro.

Todo se lo llevó por delante la maldad fanática de unos locos yihadistas. Y no hay nada que te pueda traer de vuelta.

Todavía me duele el alma de esperarte junto a la ventana, Rodrigo. Todavía me envuelve el frío del miedo de haberte perdido.

No importa que el día a día parezca haber domesticado el vacío de tu cama siempre hecha. De pronto, el hueco de tu silla huérfana, hoy, (quince años después, cómo es posible), resulta más evidente que nunca.

Y añoro el sonido de tu voz, tu risa franca, la huella de tus pasos y los gestos que acompañaban siempre tus conversaciones.

Y comprendo que se me quedaron demasiados abrazos pendientes. Que todavía necesito que me cuentes mil historias de las tuyas. Y compartir contigo viajes, y juegos, y canciones, y quedadas, y comidas, y…

Aún siento dolorosamente que me faltas tú, y no me conformo, y no me acostumbro. Se me multiplica todo el cariño que tenía que entregarte y se me quedó entre las manos, me desborda, se vuelve incontenible y me arrastra con él.

Quince años sin ti, pero siempre contigo.

No sé cuándo volveremos a vernos, hijo. Voy en tu busca, espero que salgas a mi encuentro. Te quiero.

Cerca del aniversario

Hoy, ocho de marzo, día de la mujer, haré huelga de dos horas y luego iré de manifa por la tarde. Mañana hemos quedado con la familia para comer juntos, así que tendremos también el tiempo entretenido. El domingo será el día previo, intentaré con tu padre que sea un tiempo llevadero y sereno, aunque tenemos dos actos in memoriam.

Y llegará el once, y acudiremos a otros dos, en Atocha y Téllez. Como cada año. Contigo en el corazón, Rodrigo. Por ti. Con el alma encogida por tu ausencia ya de quince años.

Después procuraremos volver a tomarle el pulso a lo cotidiano el día 12. Pero para nosotros tú siempre estarás ausente y presente: siempre será once de marzo.

Marzo

Regresa el mes odioso de tu aniversario, Rodrigo, y se trae consigo las mismas sensaciones de otros años.

Aquí me tienes, cariño, intentando mantener la serenidad. De eso, qué triste y terrible, tengo un largo entrenamiento. Y me preparo para las posibles reacciones emocionales estando ocupada. Porque he aprendido de otras veces que no hay nada mejor que la rutina diaria para arropar el espíritu.

Lo importante es vivir estos días previos al 11 con consciencia, aunque sea dolorosa. Luego, después del mal trago, procuraré de nuevo unirme al rebrote esperanzador de la primavera.

Parece que el buen tiempo se marcha, mientras la lluvia esperada y hasta la nieve, se acercan para el final de la semana. Pero no nos importa. Tú no dejes de venir, que te esperamos.

Mil abrazos de oso, risas, bailes y canciones. Te quiere hasta el infinito:

Mamá.

Un finde largo para desconectar

Desconectar, uffffff, ojalá, eso espero, después de tantos exámenes, reuniones y actividades varias. Unos pocos días, hijo, para encarar la última evaluación con ánimos renovados.

Intentaremos llegar también con serenidad al próximo aniversario. Echanos un vistazo, cariño 🧡. Nos vendrá de perlas tu ayuda. No te olvidamos.

Por qué me meto yo en estos líos


Creo que soy de naturaleza discreta, Rodrigo, y esto lo hago por ti.

Ando un poco ajena a mí misma, en un extraño equilibrio emocional, como ese gato por un riel que muestra la foto que acompaña este post.

Siento pudor, un poco de vergüenza, deseos de esconderme, y, a la vez, la alegría de poder hablar de ti, cariño; de lo que te pasó, de cuánto te echamos de menos, del dolor innecesario producido por unos locos fanáticos, y del sufrimiento aumentado por los intereses espurios de unos caraduras insensibles.

Es tu libro, hijo.

Te quiero.

Tu recuerdo en la presentación

Hola, hijo, otra vez es sábado y te escribo, pero hoy con las emociones de la presentación de tu libro, rodeada de mis compañeros y alumnos. Y de tus amigos.

Estuvieron allí los del cole y el insti, tu grupo adolescente. Y fue hermoso hablar de ti con ellos.

Luego tuve esta miniconversación por whatsapp:

[21/2 17:20] Muchas gracias por mantener a Rodrigo vivo un poco más. Fue muy bonito volver a pasar otro rato con él ayer

[21/2 17:22] yo: 😭😭Gracias a ti por ser su amigo.
Y por venir a la presentación.
Un abrazo grande

[21/2 17:23]Otro par de abrazos por allí.

Te fuiste, pero nos quedan tus amigos.

Desconcierto vital

Estos días de ajetreo me tienen entretenida, y podría parecer que ajena a la fecha que se va acercando. Pero no. Ay, hijo querido, qué vacío has dejado tras tu marcha repentina e injusta.

En el subconsciente persiste un rumor doloroso que amenaza con hervores y que estallará en algún momento. Como un geiser. Aunque ahora se muestre apenas como una cierta incomodidad emocional y el deseo de que estos días pasen cuanto antes.

Te llamo, Rodrigo, pero no te siento. Te me has ido tan, tan, tan lejos…

Nada me curará de este naufragio si no es tu abrazo, la tabla que procuro. Por favor, no dejes de venir a dármelo.