Adiós, abril

No puedo evitar la cuenta atrás de los días. Se acerca mayo, el mes de nuestros cumpleaños, Rodrigo. Se aproxima también el final del curso, tanto que ya he dado mis postreras clases de literatura, a sabiendas, un poco entre dolorosas y melancólicas.

La tarde del jueves, en un acto de la Aso, conocimos personalmente al juez y la fiscal que estaban de guardia el fatídico día de tu asesinato, hijo. El  que instruyó el caso, la que defendió el juicio en la AN. Y charlamos con ellos. Y sigue siendo demasiado extraño y demasiado duro que te hayas ido para siempre.

Se me acaba segundo de bachillerato, ya solo quedan algunos exámenes. Y en medio de esta irrealidad, tú sigues sin volver a casa, con tu rostro juvenil de veinte años grabado en mi retina y en mi corazón. Tu hermano también aparenta menos, pienso que a ti te pasaría algo parecido, si estuvieras. Sin embargo, qué extraño, no estás, todavía no has vuelto a casa. No puede ser.

Un juez y una fiscal, dos juicios, miles de folios de investigación y de hechos probados, nuestras vidas rotas sin ti, tu existencia aniquilada, esta familia reducida a tres, nuestro duelo y el amor que nos sigue uniendo, hijo querido. Todo vuelve una y otra vez.

Es temprano. Debo corregir un poco, y luego llenar la nevera, y más tarde, tal vez dar un paseo, ver una serie, entretener un tiempo que se hizo para siempre ajeno y absurdo desde que no estás tú, cariño.

Apenas dos meses de curso y luego tiempo libre para tantas cosas que he ido posponiendo. El ritmo de la vida me acerca a tu mundo, Rodrigo. No dejes de señalarme el camino que lleva hasta ti.

Pascua 2019

Último día de la semana, último día de vacaciones. Tu hermano ya está de vuelta, regresó a la hora de comer, y como nosotros, pasará la tarde tranquilamente, en su casa.

¿Dónde estás tú, cariño? ¿Puedes vernos? ¿Eres feliz?

Te echamos de menos.

Viernes santo 2019

Llueve y hace frío, pero estamos refugiados en esta casa nuestra que nos protege tanto. Papá y yo solos, porque tu hermano se ha ido estos días, afrontamos las fiestas solucionando pendientes y disfrutando de entretenimientos sencillos. Como solemos hacer en Semana Santa.

No consigo, sin embargo, que lo cotidiano me arrope. Este curso, desde octubre y el anuncio de la publicación de tu libro, me invade de continuo el desconcierto vital. No es que sea un agobio absoluto, solo un runrún de tono muy bajo, pero no se va. Supongo que se suma a la certeza del próximo cambio que supone la cada vez más cercana jubilación.

Desde aquí te hago señas, Rodrigo, hijo querido, con flores y con risas. Con la primavera de nuestro jardín, con libros con viajes en proyecto y todo nuestro amor. No te olvidamos. Espéranos.

Nuestros onces

Por fin de vacaciones puedo escribirte un poquito, hijo. Menudos días locos, no paramos de hacer cosas. Y se superponen unas a otras sin descanso, dándonos la sensación de no dedicar a cada una el tiempo y la atención que se merecen. He escrito la fecha en la pizarra y te he pensado, Rodrigo. Luego me ha arrastrado la vorágine. Incluso he vuelto a mi aula con papá para hacer un arreglo después de comer (así se quedará fraguando todos estos días de asueto), pero ya, por fin, estamos en casita.

Te queremos. No te olvidamos. No nos olvides tú, por favor, y vuela bien alto.

8 de abril

Catorce años sin mi madre, que se fue detrás de ti y se llevó con ella al abuelo. Llevo dos días mustia pensando en vosotros, Rodrigo. En fechas señaladas no me conformo. Me sigue sucediendo, no voy a dejar de enfadarme cada vez, está claro.

Mañana despedimos a otra madre, la de vuestro amigo JC, que se os ha unido hoy, qué esperanzadora coincidencia. Ay, hijo, me asalta la melancolía. No sé cómo, pero resisto. Supongo que tú me envías mucha fuerza.

Te quiero.

Vuelve el frío

Anda nevando, en abril y en primavera, todo lo que no ha llovido o nevado este invierno. Ha vuelto el frío, dicen las previsiones meteorológicas, pero yo no lo sé de primera mano porque estoy metida en casa con un resfriado importante.

Buenos días, cariño. Te saludo tempranísimo, cuando tengo que tomarme la siguiente dosis de antibióticos y me duele a muerte la espalda de tanta tos y estar tumbada. Creo que al menos ha bajado la fiebre.

Te escribo tecleando en el móvil. Miro todas las fotos tuyas que nos acompañan y te envío abrazos de oso. He perdido el sentido del tiempo, parece que llevo siglos aquí enclaustrada, pero hoy es sábado y te escribo, Rodrigo. Como cada semana.

No estoy lúcida para mucho más. Te quiero, hijo. Ya me cuido, y papá está pendiente de todo, vuela tú muy alto y no dejes de soñar.

Por fin se acaba este mes

El rincón de las orquídeas y la primavera que empieza

Querido hijo, otra vez te pongo unas líneas, como la madre de un colono que se fue a vivir a tierras muy lejanas y no sabe si la carta llegará a su destino, insistente, esperanzada, dolorida, llena de añoranza. En estos quince años han pasado muchas cosas, pero nunca hemos dejado de sentir el efecto del aniversario de tu muerte repentina e injusta. Este es el último de los sábados del mes de marzo, mañana tendremos una hora menos y el lunes finalmente llegará abril.

Ya lo sé, Rodrigo. Me dices que medir el tiempo es una convención y que no deberían dolerme más unas fechass que otras, pero es lo que me pasa y así te lo cuento. Cada año quiero dejar atrás cuanto antes el once malhadado que se te llevó lejos, los fatídicos idus de marzo de los romanos, ay, cariño. Te echamos en falta demasiado. Todavía. Para siempre.

Seguimos la vida con el lema que nos dejaste y siempre estamos ocupados (algo que hacer). Nos queremos, sí, y así cumplimos tu propuesta de alguien a quien amar. En eso andamos tu padre, tu hermano y yo, y toda la familia, y los buenos amigos. Algo que esperar es más difuso: hay muchas cosas que nos entretienen hasta que tú vuelvas a buscarnos, pero nuestra máxima aspiración es poder darte un nuevo abrazo de oso, sometimes, somewhere. Y me llegan ecos del último musical que hemos visto en familia, hace poco, y canto contigo que hay un lugar para nosotros en el que volver a encontrarnos. Te queremos.

TONY:
There’s a place for us,
Somewhere a place for us.
Peace and quiet and open air
Wait for us
Somewhere.

MARIA:
There’s a time for us,
Some day a time for us,
Time together with time to spare,
Time to look, time to care,
Some day!

Días más tarde

Después de tantas jornadas cargadas de aniversario, te busco en la normalidad, Rodrigo. Siento que te me escapas entre los dedos, que andas cerca de mí pero no te encuentro. Y eso sucede porque tu estela es muy sutil y tengo que estar calmada y en mucho silencio para captarla.

Anoche, de pronto, navegando entre tus amigos, decidí buscarte en los mundos de fantasía de Tolkien. Entre los libros maravillosos de tus ocho años, y en las películas de El señor de los anillos que tanto amaste.

Y lloré desde las primeras escenas todas las lágrimas que este quince aniversario no he podido porque había que sobrellevarlo con temple y dignidad. Al menos he conseguido eso.

Hoy pretendo seguir la saga, y pensar que veo, y me emociono, y disfruto, y sufro con las mismas imágenes que tú te llevaste recientes y amorosas en la retina. Y quiero soñarte con los elfos, embarcando en los puertos grises, esperándonos al otro lado del mar.

Nunca te olvido, hijo. Vuela alto. No dejes de soñar. Y cuando sea el momento, ven a buscarnos.

Cansancio

Los prunos se llenaron de flores por tu aniversario. Efimeras y rosadas, nos han acompañado desde el lunes, y te han mostrado el camino a casa, como todos los años. Hoy ya casi no se ven, desaparecidas en gran parte, o mimetizadas entre las hojas color púrpura. Tan poco duran.

Así es esta vida, Rodrigo, fugaz a ratos, predecible otras veces.

Quedan muy pocas semanas para los segundos de bachillerato. Tampoco demasiadas para los demás cursos. Y se me pasan los días entre nervios de presentaciones, actos in memoriam, exámenes y tareas variadas. Un vértigo de últimas acciones que me llenan de nostalgia y de irrealidad.

Me pregunto dónde estás, cariño, qué andas haciendo, si me ves y ayudas, como creo tantas veces, o si te añoro tanto que imagino tu presencia. Te echo de menos muchísimo, hijo querido.

Me asalta el miedo a lo desconocido, me reconforta la esperanza; lloro tu ausencia injusta, sonrío al recordar tus muecas, chistes y carcajadas.

Camino con papá, de la mano siempre, en tu busca siempre, con tu hermano siempre. No dejes de mostrarnos el camino que lleva hasta ti.

Te queremos.

15 años sin ti

Este nuevo aniversario se ha teñido de escritura con la publicación de tu libro, Rodrigo. Algo muy especial que, por contraste, acentúa la sensación de irrealidad que me asalta cuando se rompe la rutina.

Y me pregunto dónde están los tiempos de tu infancia, hijo, tus divertidas risas adolescentes, tus enormes, vitales, optimistas ilusiones juveniles, tus planes de futuro.

Todo se lo llevó por delante la maldad fanática de unos locos yihadistas. Y no hay nada que te pueda traer de vuelta.

Todavía me duele el alma de esperarte junto a la ventana, Rodrigo. Todavía me envuelve el frío del miedo de haberte perdido.

No importa que el día a día parezca haber domesticado el vacío de tu cama siempre hecha. De pronto, el hueco de tu silla huérfana, hoy, (quince años después, cómo es posible), resulta más evidente que nunca.

Y añoro el sonido de tu voz, tu risa franca, la huella de tus pasos y los gestos que acompañaban siempre tus conversaciones.

Y comprendo que se me quedaron demasiados abrazos pendientes. Que todavía necesito que me cuentes mil historias de las tuyas. Y compartir contigo viajes, y juegos, y canciones, y quedadas, y comidas, y…

Aún siento dolorosamente que me faltas tú, y no me conformo, y no me acostumbro. Se me multiplica todo el cariño que tenía que entregarte y se me quedó entre las manos, me desborda, se vuelve incontenible y me arrastra con él.

Quince años sin ti, pero siempre contigo.

No sé cuándo volveremos a vernos, hijo. Voy en tu busca, espero que salgas a mi encuentro. Te quiero.