Abril

Buenos días, Rodrigo. No se me ocurre nada nuevo y bueno que reseñar. Los días siguen avanzando, con los mismos sustos y sus repercusiones. En resumen, malos tiempos. Pandemia, crisis económica y social, desastres naturales, más crisis, horrores de guerra y crisis multiplicada, así vamos.

Serenidad y paciencia.

Desde casita, no te olvidamos, hijo. Cuídate y no dejes de cuidarnos. Agradecemos tu ayuda. Y te queremos.

Último sábado de marzo

Llueve y las flores rosadas de los prunos han desaparecido ya casi por completo. Tan hermosas y tan efímeras. Son las cuatro y diez, me he despertado demasiado pronto y ya no consigo dormirme. Se nos acaba otro marzo sin ti.

Dieciocho años de ausencia es mucho tiempo solos, Rodrigo. Vivimos echándote en falta siempre. Avanzamos porque esta rueda existencial no para. Por tu hermano. Porque tú también nos quieres así, luchadores. Pero es duro. No deja de serlo aunque los años pasen.

Hoy más que nunca te pienso, te llamo y te quiero, hijo. A veces noto que nos cuidas. Gracias. Otras se me diluye la esperanza. Menos mal que Papá siempre me anima a seguir yendo a buscarte. Dice que volveremos a abrazarnos los cuatro, en piña, que nos esperas. Pero mientras tanto, Rodrigo, qué difícil es este camino en que no estás.

Intentaré dormir un poco. Ojalá logre hallarte en el mundo intermedio de los sueños.

Feliz día del padre

En este sábado lluvioso, todavía viviendo la resaca emocional del aniversario, te pienso y te escribo.Buenos días, Rodrigo.

Te llamé y te encontré en la belleza de la música, el pasado miércoles, en el primer Concierto por las Víctimas del Terrorismo de Getafe. El Ayuntamiento ha ideado esa nueva forma de recordaros y nos invitó. Es un gesto que agradecemos, pero además es que nos gustó mucho. La magia de la buena música y la maravillosa orquesta de cuerda fueron un hermosísimo regalo.

Porque cada vez es más difícil sentir tu presencia. No sé si me vuelvo torpe o es que estás muy lejos, o es que las cosas tienen que ser así. Y en ese contexto, la dulzura de los violines, que siempre me emocionan, también conectaba contigo.

Te seguimos echando de menos, Rodrigo. Muchísimo. Por eso fue tan especialmente hermoso recordarte en la música y sentirte entre esas emociones. Gracias.

Vuela alto, hijo querido. No dejes de hacernos señas y de volar. Volveremos a encontrarnos. Te queremos, te queremos, te queremos.

12 de marzo de 2022

El día después siempre es raro. Este, también. Durante toda la semana previa conseguí no pensar en qué día estaba exactamente. El 11 me encontró de improviso apenas unas pocas horas antes.

Pero el truco no sirvió. Pasé de la irrealidad al miedo otra vez. Te escribo en la madrugada. Estoy despierta demasiado pronto, con angustia, casi pánico. Soñando abrazos.

Vela por nosotros, hijo. Te queremos. Ayúdanos. Vamos a buscarte.

18 veces 11 de marzo

Hoy vuelve a ser 11 de marzo, Rodrigo, cariño. Hace tanto que no estás… Parece como si tu existencia, el tiempo compartido, hubiese sido un sueño.

Quiero esconderme en lo cotidiano, en esas cosas sencillas  que conforman la vida y que tanto se echan en falta cuando da un quiebro inesperado. Pero no me da tregua y este 2022, a tu ausencia injusta y  las seis oleadas de Covid-19, se ha sumado el ataque ruso a Ucrania. Y estamos en guerra. ¡En guerra! Nunca pensé que diría, escribiría, viviría esto.

A veces me llegan hilachas de memorias tuyas. Suaves, desdibujadas. Y ya no me duelen con el filo acerbo de antes, sino con melancólica tristeza. Escuecen, porque no estás, pero también abrigan el corazón con la ternura con la que nos queríamos, y aún nos queremos los cuatro.

Aquí seguimos, Rodrigo. Solos, pocos y cansados, pero resistiendo. Recordándote. Lo que nunca cambia es nuestro amor por ti.

Te queremos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

El finde previo

Hola hijo, buenos días.

Hace dieciocho años la vida era sencilla, cotidiana. Y de pronto desapareciste.

No importa el tiempo transcurrido, todavía duele que no hayas vuelto a casa.

Aquí hemos perdido el eco de tu voz, ya no resuena tu risa por las escaleras, nadie lee los libros de tus estantes, ni mira por tu ventana cómo avanza la primavera en el jardín.

Tu hermano hace lustros que creó su propio hogar, y aunque te cita y te quiere y te recuerda, solo Papi y yo seguimos en este, reviviéndote.

El próximo viernes será de nuevo 11 de marzo.

Último sábado de febrero 2022

Hola, cariño. Estamos en Ribadesella, con las mentes ocupadas en el paisaje, las presentaciones, el contacto con otros, sí. Pero no se me olvida la cercanía del nuevo aniversario,

Por aquí hemos recibido calor humano y señales hermosas de esperanza. Mil gracias por lo que te toca. Hemos recorrido el lugar de punta a punta muchas veces, mañana, tarde y noche. Nos llevamos en la retina el impresionante espectáculo de las olas de invierno. Papá y yo, siempre juntos, contigo en el corazón.

Hoy hablaré de mi novela, y veremos a amigos, y regresaremos por unas horas a Oviedo. Después, la vuelta a casa, procurando que las fechas no nos duelan.

Como si se pudiese… En fin, lo intentaremos.

Te mandamos millones de abrazos. Tqm. Hasta prontito.

Finde de preparativos y estrés

Acabo de caer en la cuenta de que hoy es sábado. Hola, Rodrigo, buenos días, ¿qué tal estás?

Te escribo como la madre del pionero que enviaba cartas por si acaso llegaban. Nunca dejo de escribirte/hablarte por la misma razón. Y porque te añoro. Y, por supuestísimo, porque te quiero.

Pocas novedades te puedo contar. Que llevo tres semanas rehaciendo mis dos novelas en liza, muy cerca de acabarlas. Que estoy exhausta a ese respecto y me vendrá bien desconectar. Que tengo presentaciones y ese viaje próximo me ayudará en dicho sentido. Que me sube el estrés por las mil contrariedades que surgen cuando se rompen las rutinas…

El aniversario de tu muerte injusta anda cerca y siempre que puedo lo conjuro hablando de ti. Lo haré el próximo jueves ante jóvenes que ni habían nacido cuando tú tuviste que irte. Así pasa el tiempo. Hace ya casi dieciocho años que no estás.

Y pronto serán tu cumpleaños y el mío. Y después el de Papá y el de tu hermano, y todos nos haremos más viejos, mientras tú seguirás con tus jóvenes y dulces veinte. Ay, hijo.

Pero no quiero que me abata la desesperanza. Vuela, Rodrigo. Y ven a vernos en sueños. Te esperamos y queremos. Pronto con las flores rosadas de tus prunos. Abrazos de oso: Papá y Mamá.

La cuenta atrás

Hola, cariño. Queda un mes para la fecha fatídica. Da igual el tiempo que pase, siempre duele y nos asalta el efecto aniversario.

Hace tanto tiempo que no estás… Parece como si todo hubiese sido un sueño. Así empieza el síndrome, con la irrealidad. Luego llega la añoranza. Después la pena y el miedo. Finalmente la rabia. Oleadas de sentimientos y sensaciones contradictorios, que se repiten una y otra vez.

La pandemia impidió que siguiese haciendo presentaciones de tu libro, Rodrigo. Pronto volveré a hablar de ti nuevamente. Pero no es fácil. Me cuesta un esfuerzo.

Nos han invitado a la presentación de un documental sobre vosotros. Hay una serie a punto de estrenarse al respecto. Y no creo que llegue a verlos. Me duele tantísimo…

Aquí estamos, hijo querido. Recordándote. Queriéndote. Añorándote. Hoy muy en especial, porque es el aniversario de Nuria, necesitamos saber que voláis muy alto los dos.

Cuidaos mucho. No os olvidamos. Abrazos de oso: Papá y Mamá.

11 de febrero, un mes antes.

No me gustan los onces. Y menos aún este que anuncia el siguiente aniversario. Pero el tiempo fluye y llegan, uno tras otro.

Te pienso. Te llamo, Rodrigo querido.

Es lo único que puedo hacer. Espérame.