Otro sábado de julio

Hola, hijo, te escribo muy temprano, buscando el frescor de la madrugada con las ventanas abiertas. Buenos días.

Hoy comeremos con tu hermano y B, hoy empezaremos a planificar los días de viaje que compartiremos dentro de unas semanas. Ojalá estuvieses aquí Rodrigo. Sería tan hermoso viajar todos juntos como antes… Pero así son las cosas desde que se te llevaron de nuestro lado. Dieciocho veranos sin ti, casi los mismos que vivimos contigo. Te echamos en falta, no importa cuánto tiempo pase.

Sigue haciendo calor, a veces terrible, impensable, más fuerte y prolongado que nunca. A ratos, baja un poco su intensidad y podemos refrescarnos en la madrugada. Como hoy.

Y eso es todo lo que puedo contarte por ahora. Seguimos adelante. Siempre contigo en el corazón. No dejes de cuidarnos mientras te seguimos, anda, por favor. Mil abrazos de oso: Papá, Mamá, G y B.

16 de julio de 2022

Hola, cariño.

Hoy te escribo más tarde y desde Gijón, adonde hemos venido de vacaciones, a presentar mi novela NINA y a disfrutar de un poco de asueto.

Y mira qué casualidad, o qué guiño tuyo, entre los diez libros de dos lotes comprados al azar, había uno sobre cómo se elaboró la novela gráfica del 11M; esa que ya conocíamos de antes, que, de hecho, tenemos en casa, en tus estanterías. Comprobarlo nos hizo sentir, a Papá y a mí, que no andas tan lejos. 18 años después, que ya es. Gracias, Rodrigo.

Poco más te cuento. Quizá que nos estamos dando baños de mar y de multitudes y amigos, después de muchas semanas solitarias. Mañana regresamos. Y no volveremos a salir hasta agosto. Ya te iré comentando.

Besos, muchísimos libros, canciones, paisajes y caminatas, hijo querido. No te olvidamos. Hasta prontito: Papá y Mamá.

11 de julio de 2022

Nuestros onces nos encuentran hoy de vacaciones, Rodrigo. Hace mucho menos calor aquí que en casa, aunque más húmedo Y sopla una continua brisa del mar, muy agradable cuando el sol aprieta y que refresca mucho por la noche.

Aquí se acuerdan de tu libro, ¿sabes?, no importa que haga ya tres años que lo presentamos. Y hay mucho público, riadas, auténtico gentío, supongo que por ser domingo, ya veremos los próximos días, pero bien.

Nosotros tampoco te olvidamos, hijo. Siempre te queremos. Abrazos de oso de Papá y Mamá.

8 de julio de 2022

Otra semana más ha pasado, qué rapidez, y te escribo. Buenos días, hijo. Te saludo desde casita, con las ventanas abiertas, escuchando los trinos de los pájaros.

Por fin tengo sensación de vacaciones, supongo que porque Papá las ha tomado y ya no sale cada mañana a trabajar. Nos vamos pronto a Gijón, donde participaré de nuevo en la Semana Negra, pero antes vamos a ver a tus amigos, coincidiendo con G y B, esta misma tarde. Si estuvieras aquí, serías tú el que acudiese; sin embargo, ya ves, allí estaremos nosotros, en tu nombre; unos sesentones celebrando con E y N el último año de la treintena, el que tenías que haber cumplido también tú.

Poco más. Que veremos a los niños de tus amigos, los nietos que no has podido darnos pero que ellos nos comparten y amamos, en tu nombre y en el nuestro.

Nada más, Rodrigo. Solo que te queremos. Con todo nuestro corazón. Que no te olvidamos. Que vamos a buscarte. Y que no dejes de ponernos hitos para poderte encontrar.

Millones de besos, abrazos de oso, juegos, canciones, libros y series. Todo nuestro amor: Papá, Mamá, Gonzalo y, hoy también, tus amigos.

2 de julio de 2022

El cactus floreció ayer, justo el día del cumple de Papá

Buenos días, cariño. Hoy celebraremos con tu hermano el cumpleaños de Papá yendo a nuestro restaurante favorito. Ojalá estuvieses aquí. Vente un rato con nosotros, anda, por favor. No dejo de pensar en lo maravilloso que sería reunirnos también contigo, con tu mujer, con tus posibles hijos. Ya ves, algo que disfruta la gente sin darle importancia a nosotros nos ha sido negado. Ser una familia completa. Para siempre nos duele tu silla vacía.

Se acabaron las clases, que es mi forma de medir el tiempo, ya me conoces, pero todavía no tengo sensación de cambio de ciclo. Supongo que porque aun me esperan obligaciones antes de poder descansar. El lunes doy una charla sobre ti, el sábado vamos los cuatro a celebrar el cumple de N con E y algunos de tus amigos, y, finalmente, el domingo daremos por empezadas esas vacaciones tan necesarias. Te contaré.

Lo cierto es que llevamos un tiempo largo de obligaciones, pero, menos mal, parece que ya podemos descargarnos de tanto barullo. Los días han pasado con una rapidez tan vertiginosa, que se me descuadró el sentido de la realidad y no sé en qué día vivo. Poco a poco lo voy recuperando, aunque el calor, por oleadas, ayuda poco a tener la mente lúcida.

Mucho tiempo ya cuento sin ti, Rodrigo, pero no te olvidamos. Haz sonar los cascabeles de tu risa, por favor, para señalarnos el camino que lleva hasta ti. Te pensamos, hablamos de ti, te queremos.

Abrazos de oso, Papá, Mamá y Gonzalo.

Se acaba junio

Hola, hijo. El tiempo vuela. Entre obligaciones ha pasado otra semana y te escribo. Esta vez tecleo en la tableta, aún en la oscuridad de la madrugada. Buenos días.

Seguimos. Bajaron las temperaturas, cumplimos etapas y objetivos, esperamos con alegría ver pronto a tus amigos, preparamos las vacaciones con presentación de novela incluida. Así continúa la vida sin ti.

A ratos vuelve la pena negra tu ausencia siempre duele, pero intentamos vivir las pequeñas alegrías de las cosas cotidianas.

Y te queremos. Siempre te queremos.

Vuela alto, Rodrigo. Espéranos. Miles de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Sigue el calor

Buenos días, Rodrigo, desde casa y una noche tropical. Llevamos ocho días de calor intenso. Quizá mañana bajen, por fin las temperaturas.

Poco más puedo contarte, cariño. Sigue la gymkana vital, no nos da tiempo a aburrirnos. Siento cierta desconexión de la realidad, todavía cansancio, entre obligaciones y cotidianidades extrañadoras.

Papá y yo te echamos de menos.

Siempre.

Te mando cariños, abrazos de oso, series, libros y canciones. No te olvidamos.

Calor y once

Hola, hijo, buenos días. Hoy tecleo demasiado temprano, apenas he conseguido dormir cuatro horas. Es que estamos sufriendo una noche tropical y la segunda ola de calor de 2022. Fíjate, dos ya sin haber llegado el verano aún. Se anuncia terrible el de este año, ¿no te parece?

Sigo contando el tiempo en cursos. Tres llevo sin ejercer y siento un cansancio emocional y físico como los de antes, los típicos de finales de junio. No me explico el porqué. Me parece haber pasado épocas peores, no entiendo a cuento de qué ahora esta desazón y esta tristeza. Quizá sean consecuencias retardadas del confinamiento y la pandemia. Tal vez me pasa factura la operación de tu hermano y las preocupaciones soterradas ahora se liberan. O haya componentes desconocidos, químicos, hormonales, algo así, que no entiendo pero están, no se explican pero me afectan.

Desde que te fuiste he aprendido a dejar que todo fluya, a vivir sin miedos preconcebidos, y eso estoy procurando. La pena es que me sale solo a veces. ¿Puedes tú ayudarme en eso? Quisiera no agobiarme con preocupaciones previas e innecesarias, pero así se muestra el estrés postraumático, ya nos conocemos.

Ay, Rodrigo, intento seguir viviendo con sencillez. Solo pretendo quererte, recordarte, y escribirte cada sábado y cada once. Como hoy mismo, que coinciden ambos casos. Por eso, ahora, desde casa, a las 3:56, te envío mil abrazos de oso. Y besos, risas, libros, juegos y canciones. No te olvidamos, cariño. Vuela alto.

Desde la asamblea de la Aso

Hoy no me ha dado tiempo a más. Así que te escribo en medio de la reunión, escuchando de fondo la lectura del acta del año pasado.

No te olvidamos, Rodrigo. Miles de besos: Mamá.

ACTUALIZACIÓN: Ya en casa. Todo bien. Tu hermano mejora día a día. Papá con picos fuertes de trabajo. Yo entre la melancolía y la ansiedad. Cosas normales. Ojalá estuvieras aquí, cariño. Te queremos.

Acabando mayo

Buenos días, Rodrigo. Te escribo desde casita, con el mismo cariño y la misma añoranza de siempre. Poquito nuevo tenemos hoy, y es perfecto, ya sabes. Mejor la rutina diaria que un nuevo susto.

Todo sencillo y bien. No pedimos más. Ojalá sea siempre así.

Te queremos. No te olvidamos. Muchos abrazos de oso. Hasta prontito: Mamá.