17 de septiembre de 2022

Hola, hijo, aquí seguimos. Te saludo desde casa, todavía de noche, escribiendo en la tablet. Pienso en ti.

Hace siglos, media vida ya, que no estás. Pero sigo anotando estás líneas para no perder la conexión contigo. G se recupera de la operación de la segunda rodilla, todo está sereno. Que siga así, por favor. En breve empezamos las actividades del nuevo curso. Normalidad.

Y tú tan lejos, siempre anclado en los 20, ¿ cómo habría sido la vida contigo? Sin ti tiene un hueco infinito. Y duele.

No dejes de mirarnos, Rodrigo. Ni de cuidarnos. Hasta que llegue el reencuentro. Miles de abrazos de oso, te quiere: Mamá.

11 de septiembre de 2022

No te olvido, hijo. Y menos aún en este once. Voy a buscarte. Te espero al final de ese embarcadero, sal a recibirme. Mil abrazos de oso: Mamá.

10 de septiembre de 2022

Aquí estoy de nuevo, Rodrigo, escribiéndote unas líneas, agradeciéndote señales, y llorando tu ausencia. Mañana volveré a anotar que es día 11, que hace dieciocho años y medio que no estás, y veintiuno del 11-S con el que empezó todo.

Mientras tanto, tecleo estas pocas frases y te añoro. Ojalá pudiera darte un abrazo enorme. Ojalá escuchar tu voz, ver tu sonrisa, tenerte.Pero la vida está siguiendo sin ti, obstinada y absurda. Nada te hace regresar.

Que volvamos a vernos, hijo querido.

Primer sábado de septiembre

Hola, hijo, buenos días. Aún está oscuro, se notan ya las noches más largas, y se agradece la temperatura, que por fin ronda los 20°C. Llevamos ya una semana en tierra, aunque aún nos cercan los recuerdos del mar y de los lugares maravillosos visitados. ¿Cómo estás, cariño?

Papá y yo hemos pasado estos días un resfriado inoportuno y agotador, con febrícula y dolor de garganta, pero ya estamos recuperados. En algún momento nos hemos preguntado si sería Covid-19, aunque creemos que no, porque no perdimos olfato o gusto, ni la congestión bajó a los bronquios.

Ahora estamos bien, juntos los dos, como acostumbramos, pensándote, Rodrigo. Ojalá nos veas, nos oigas, mires estas frases con cariño, cuides de estos pobres padres tuyos.

El tiempo sigue pasando con rapidez, de forma que empieza mi cuarto curso sin clases y el último, más que posiblemente, de Papá antes de jubilarse. Mientras él regresa a su tarea, yo ando a la caza y captura de las actividades de este año escolar, ya te contaré en dónde termino. Y sigo envuelta en las sensaciones de irrealidad de siempre.

Intento establecer rutinas sanas y creativas, regreso a mis labores escribidoras, acompaño a tu hermano, que en dos semanas vuelve a operarse la segunda rodilla. Cuida de nosotros, porfa hijo querido. Porque te queremos y nos sentimos siempre cuatro. Contigo.

Abrazos de oso. Abrazos, abrazos, abrazos…

Después de una semana de viaje

Entrando en el puerto de Barcelona

Buenos días, hijo, acabamos de volver a casita después de siete días intensos. Ha sido una suerte enorme poderlos compartir con tu hermano y B. La verdad es que ambos han hecho un esfuerzo grande por celebrar así nuestro 40 aniversario, porque tienen pocos días de vacaciones y lo más lógico es que quieran pasarlos a su aire. Ojalá estuvieras aquí. Te echamos en falta.

Nos habría gustado verte participar de las comidas, bebidas, canciones y visitas turísticas. Menos mal que, a tu modo, te hiciste presente. Justo cuando parábamos junto a una tiendita, en Taormina, de vuelta al barco tras la excursión, el rótulo tenía tu nombre, bien grande. Una de esas casualidades felices que nos alegran la vida a pesar de tu ausencia y nos hacen pensar en que volveremos a vernos.

Ahora intentamos regresar a la realidad, pero no olvides que te queremos. En casita o fuera, siempre te llevamos en nuestro corazón. Abrazos de oso: Papá, Mamá, G y B.

Sábado de a cuatro

Hola, hijo, buenos días. No me pierdo charlar contigo aunque andemos lejos. Te llegarán mis frases, no sé cómo ni cuándo: espero que en el tiempo previsto. Ojalá estuvieras aquí.

Compartimos viaje con tu hermano y B. Habría sido hermoso que tú también vinieses. Ya sé que lo haces a tu manera, pero no es lo mismo. Siempre te echamos en falta.

Te escribiré más largo cuando se posible, en el ínterin, valgan esas pobres líneas y todo nuestro amor. Te queremos.

13 de agosto de 2022

Buenos días, hijo. ¿Cómo estás? Aquí sigue el calor. Ahora mismo, a las siete de la mañana y en la buhardilla, el ambiente es sofocante. No sopla ni un poquito de brisa. No refresca. Vivimos un verano tórrido, saliendo poco a la calle, menos mal que romperemos esta ardiente rutina dentro de poco.

En una semana celebraremos con tu hermano y su mujer nuestro 40 aniversario de boda. Contigo llegamos al vigésimo, pero el 25 ya lo celebramos sin ti. Bueno, decir «celebramos» es una figura retórica: lo tuvimos en cuenta, hicimos un viaje, pero entonces tu ausencia dolía tanto…

Eso es lo que te puedo contar de ahora, que ya no duele tantísimo, que te echamos en falta pero el hueco en el corazón que todavía tenemos, que tendremos siempre, ya no nos impide respirar.

Papá y yo envejecemos. Se nos nota poco aún, pero ese es el camino. Vamos juntitos, de la mano, en tu busca. Sin dejar de cuidar de tu hermano mientras estamos aquí, por supuesto.

A veces pierdo la esperanza de volverte a encontrar.

Pero aquí sigo. Porque es la única forma que conozco de no perderte la pista.

Que volvamos a vernos, Rodrigo. Espéranos.

Jueves 11

Hasta ahora, las 11:11, no he caído en la cuenta de que hoy es nuestro día de charla mensual. Todos los onces te pienso, Rodrigo. Hoy, también.

Continúa el calor insoportable, Papá tendrá vacaciones en breve, incluso compartiremos algunos días con tu hermano y su mujer.

Pero seguimos sin ti. Parece que nos acostumbramos a tu ausencia y de repente necesito contarte algo y no estás. Cuánto me gustaría compartirte mil cosas pequeñas, cotidianas y a la vez valiosísimas. De las llamativas e importantes mejor ni hablamos, ¿para qué?

Te echo en falta. Eres un hueco en mi vida y un lugar muy dolorido en mi corazón, hijo. Procuro no dejarme invadir por la pena, pero siempre está ahí, agazapada, al acecho, esperando el momento más inesperado para atacar.

Que volvamos a vernos. Te quiero.

6 de agosto de 2022

Al parecer tenemos que acostumbrarnos a este calor, ay, buenos días, hijo, y calurosos. Nunca había sufrido tanto como este verano. Dicen los expertos que ese es el camino horrible que nos espera tras nuestro poco respeto por el medio ambiente. Muchos temblamos solo de pensarlo y todavía hay algunos que se niegan a aceptar evidencias como esta ola de altísimas temperaturas, o la nevada gigante que nos tuvo quince días incomunicados. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Por fin tu hermano y B tienen vacaciones, Papá todavía no. Por eso seguimos juntitos en casa, haciendo lo posible para sobrellevar este bochorno insoportable. No refresca ni de madrugada. Estoy en la buhardilla, escribiéndote, como es mi costumbre de sábado. El termómetro exterior marca 24,5ºC, el interior 29. Abro todo por ver si entra una brizna de aire, pero mi triste experiencia es que cuando por fin baja la temperatura interna un grado, ya se iguala con la de fuera y tengo que cerrar.

Mira qué cosas tontas te cuento, Rodrigo, lo de cada día. Ojalá me oigas. Te echo de menos y me asalta la duda eterna de si volveré a verte alguna vez. Haz lo posible, cariño, por hacerte notar. Nosotros vamos en tu busca. Ven tú a nuestro encuentro, anda. Es que dieciocho años son muchos sin ti.

Abrazos de oso. Te queremos. Te llevamos siempre en el corazón.

30 de julio de 2022

Hola, cariño, buenos y tórridos días. Hace calor, sigue haciendo calor, no ha dejado de hacer un calor tremendo desde que te escribí la última vez.

No tengo mucho nuevo que contarte, Rodrigo, pero te anoto estas líneas con todo mi amor de madre pesada y dolorida, porque no quiero perderte el contacto, aunque sea este ínfimo de escribirte cada siete días. Ojalá pueda sentir tu respuesta.

Estamos bien. Todos, al menos de momento.

Te queremos, hijo. Vuela alto, no dejes de volar. Millones de abrazos de oso: Mamá.