Sábado

Hola, Rodrigo, no es que no me acuerde de nuestra cita sabatina, es que ya te escribí ayer. Y estamos fuera, con conexión solo a ratos.

Pero, qué digo, si tú sabes que te pienso y te quiero siempre. Anda, hijo, por favor, Sigue cuidándonos. Millones de abrazos de oso: Mamá.

11-11, dieciocho años y medio sin ti

De nuevo es once y te escribo, cariño. Estamos lejos de casa, pero no te olvidamos.

Se oye a lo lejos la llamada del mohecín. Son las cinco y media, dos más de nuestra hora habitual. Tecleo en el móvil. Luego intentaré dormir un poco más.

Ojalá estuvieras aquí con nosotros, disfrutando de la magia de Petra. Cuánto te habría gustado Jerash…

Siento que a tu modo nos acompañas y te lo agradezco. Tenemos la habitación 311. Tus números, en un 11-11, los de la caseta de la Feria del Libro de Madrid cuando presentamos Dinos dónde. Te lo agradezco, Rodrigo.

Abrazos de oso, hijo querido. Abrazos, abrazos, abrazos…

Noviembre

Hola, Rodrigo, buenos días.

Es muy temprano y ya hace frío. Tecleo en la tablet para no perder el contacto, aunque tengo pocas novedades. Solo para decirte que te quiero, que no te olvidamos, que nos esperes, cariño.

Te mando millones de abrazos de oso, series, canciones y libros. Con todo mi amor: Mamá.

Rondando el 1 de noviembre

No me gusta el día de los difuntos, bien lo sabes. No necesito una fecha para pensaros, pensarte, pues os tengo siempre cerca. A ti en especial, Rodrigo.

Por esa razón te escribo ahora, en nuestra charla de los sábados, y no lo haré el martes próximo.

Aquí estamos razonablemente bien. Hasta que llegue el susto siguiente, que esperamos sea leve y dentro de mucho tiempo.

Ojalá pudiera saber cómo sigues tú. A veces nos envías cascadas de acontecimientos que queremos creer señales tuyas y que nos devuelven un poco de esperanza. Otras, nos asolan la duda y la melancolía.

Tú vuela alto, cariño. Y haznos oír los cascabeles de tu risa cuando puedas.

Te queremos. Miles de abrazos de oso: Mamá.

Hola, hijo

Ha pasado otra semana , buenos días, Rodrigo. Todo sigue normal, no necesitamos giros de guion vitales, así que poquita cosa nueva puedo comentarte en estas pocas frases de hoy.

G ya camina sin muletas, aunque cojea todavía. Papá trabaja duro y yo entretengo las horas con amenidad, contenta de disfrutar de esta suerte de tiempo libre que estoy viviendo ahora.

La lluvia nos acompaña, por fin, tras un veranillo de San Miguel muy prolongado, y los colores del otoño, y su dulzura. Te pienso mientras contemplo el jardín y deseo con todas mis fuerzas que me estés escuchando y que podamos reunirnos de nuevo al final de esta existencia.

La duda duele, prefiero la esperanza. Cuídate, cariño. Que nos volvamos a abrazar. Millones de besos, Mamá.

Despiste de sábado

Menos mal que me ha avisado el móvil, porque estaba convencida de que hoy era viernes. Gracias al recordatorio de WordPress, que acaba de saltar, te escribo estas pocas frases desde la tableta.

Pero ese despiste no significa que no te piense. Ya lo sabes.

Hoy cumple años GG y pasaremos un rato con ella y su linda familia, en esa casa a la que me llevaste tú, hace ya demasiado tiempo. Cómo no recordarlo…

Te quiero, hijo. Con todo mi corazón. No te olvido.

Miles de abrazos de oso: Mamá.

Once de octubre

Hoy es otro de nuestros onces, hijo. Por eso, escribirte es lo primero que hago esta mañana.

Porque no te olvido, porque te quiero siempre a mi lado, como en las viejas fotos. Eso es algo de lo que no me percaté hasta que se te llevaron, ay cariño. Cuando ya no estabas y las busqué para recordarte, me di cuenta. Estabas siempre junto a mí.

Gracias por ese amor tan leal, Rodrigo.

Te echo de menos. Toda mi vida está marcada por tu ausencia. Espero volver a darte los mil abrazos que no pude. Mientras tanto, vuela y sé feliz. Pero no dejes de decirnos dónde estás y ni de esperarnos.

Millones de besos de todos nosotros: Papá, Mamá, G y B, tus amigos y mucha gente de bien que te lleva en el corazón.

8 de octubre de 2022

El otoño está siendo seco y dulce, con muy buenas temperaturas. Las hojas de los árboles empiezan a amarillear, la viña enrojece, y el lyquidambar fluctúa entre ambas tonalidades. Tu árbol favorito y las vistas del jardín desde tu ventana nos hablan de ti, aunque no estés.

Hoy tengo una presentación de NINA. Vendran G y B. Y no sé cuántos amigos, supongo que poca gente ya, pero la hago. Por fin sin mascarillas.Si estuvieses aquí, si vinieras, ¿cómo sería? Te echo en falta siempre.

Tendré nueva publicación dentro de un año y ya casi termino otra novela más, la vida fluye suave y me asustan los zarpazos que puede darnos de pronto, en cualquier momento inesperado. Estrés postraumático de manual al que no me acostumbro.

Pero así es esta existencia. Así vivimos, sin ti, hijo.

Te mando millones de besos, abrazos, libros, risas, música, pelis juegos y presentaciones literarias.Te quiere hasta el infinito: Mamá.

Melancolía

Me duele comprobar que ya no espero oir tu voz por la casa, que la realidad de tu ausencia se ha apoderado de esos momentos que volvían a veces y me hacían sentirte más cerca. Pero no me rindo. Te llamo, te pienso y te quiero como siempre, incluso más. Con mi amor no va a poder el tiempo. Lucharé por ti hasta que mi memoria se borre o se me lleve la Parca.

No me olvides tampoco tú, Rodrigo. No pasees los prados celestiales que borran los recuerdos, sigue siendo uno de nuestra pequeña familia de cuatro, hijo, por favor.

Volveremos a vernos. Y a abrazarnos con mil abrazos de oso. Te quiere: Mamá.

Sábado, 24 de septiembre de 2022

Aquí estoy de nuevo, Rodrigo, en la buhardilla, escribiéndote, como todas las semanas. ¿Qué tal estás? Nosotros seguimos bien, con la segunda operación de menisco de tu hermano en buena evolución y mucho menos estrés al respecto que con la primera.

Todo lo demás, en principio, va adelante sin mayores complicaciones. Pocas cosa nuevas te puedo contar, y que siga así, no me quejo de monotonía, disfruto de lo cotidiano, aunque sea sencillo.

A veces te imagino aquí. Solo un ratito. No me hago la película de tenerte de verdad, conviviendo con nosotros, con tu propia familia, trabajo y vida, no, ojalá. Simplemente te imagino a mi lado por unos segundos, y me parece que entonces me acompañas esos instantes. Y tu recuerdo se tiñe de unos momentitos de posibilidad.

¿Qué otra cosa puedo hacer, si te añoro tanto, que no sea pensarte? Espero que no te parezca mal, hijo.

Eso es todo por hoy, cielo. Tú vuela alto y espéranos, que terminaremos por encontrarte. Miles de abrazos de oso, te quieren mucho: Papá y Mamá.