5 de febrero de 2022

Buenos días, Rodrigo. Espero que estés bien. Nosotros seguimos sin mayores novedades, retirados del mundanal ruido. Lo de siempre estos últimos tiempos.

Así que, poco tengo que añadir a mi cantinela de otros sábados. Que ha brotado la primera orquídea, que tengo previstas presentaciones a finales de mes aunque todavía sin confirmar, que llevo dos semanas escribiendo muchísimo, que casi son ya dieciocho años sin ti.

Te pensé ayer en el centro comercial, plagado de regalos de san Valentín. Recordé tu alegría tras los exámenes y que buscabas algo discreto para tu novia recién estrenada. Cosas sencillas de esas que conforman la vida y que tanto se echan de menos cuando da un quiebro inesperado. Como tu muerte. Como tu ausencia injusta.

A pesar de haber pasado tanto tiempo, a veces me llegan hilachas de memorias contigo. Suaves, desdibujadas. Y ya no me duelen con el filo acerbo de entonces, sino con melancólica tristeza. Escuecen, porque no estás, pero también abrigan el corazón con la ternura con la que nos queríamos, y aún nos queremos los cuatro.

Aquí estamos, hijo querido. Resistiendo. Recordándote. Lo que nunca cambia es nuestro amor por ti.

Miles de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Aislada sin pretenderlo

Hola, cariño. Hoy me he despertado a las tres. Tengo la vista y la mente muy cansados, así que te escribo desde la buhardilla, mientras Papi está en una reunión de esas pesadas y horribles, y a mí se me cierran los ojos.

Seguimos en pandemia y en la sexta ola. Excepto el día de la presentación, apenas veo a nadie. Mis actividades presenciales han vuelto a Zoom y de pronto, ahora que me pongo a reflexionar, me doy cuenta de que esta semana apenas he salido de casa un par de veces. Tampoco vemos a tu hermano, solo nos leemos o hablamos por teléfono.

Jo, lo siento, me he enfangado con mi novela, venga a escribir y escribir, y he perdido el sentido de la realidad. Hasta que hace un momento, el WordPress del móvil me ha recordado que hoy es sábado y toca hablar contigo. Madre mía, qué despiste 🙂

Será que me hago vieja. O que la dichosa COVID-19 está acabando con mi cordura. Pero como nunca es tarde si la dicha es buena, te pongo estos párrafos y te digo que te quiero. Con todo mi corazón, Rodrigo. Mándame pistas y ayudas, que las necesito, porfa. Ya te lo agradezco de antemano. Y vuela alto.

Volveremos a vernos.

22 de enero de 2022

Ayer hizo un año de la muerte de JCC. Papá, G y yo hemos recordado la fecha con agridulce desazón. Ojalá sigáis juntos, hijo, como en la adolescencia. Ojalá andeis cuidándonos a todos los de este lado, también juntos. Os echamos en falta por aquí.

Tu hermano es ahora el de una escapadita a Alicante. Con la pandemia, lo preferimos como lugar seguro donde podemos mantener todas las precauciones.

Lo cierto es que esa casa y esa ciudad nos ayudan a los cuatro en muchos sentidos. Especialmente a cambiar de aires y romper la monotonía. Su clima es maravilloso en invierno. Además, la casita de los Lalos parece tener todavía un poco de ellos, de esencia familiar y curativa.

En fin, cariño , no sé me ocurre ninguna otra novedad que contarte, pero te escribo, como todos los sábados. Para que sepas que no te olvidamos, Rodrigo. Para que no dejes de velar por nosotros.

A diecisiete años y diez meses de tu marcha, cómo duele tanto tiempo sin ti, te pienso, hijo querido. Te quiero. Y te mando millones de abrazos de oso.

Desde casa, con mucho frío

La nevadona de 2021

Hola, cariño, te escribo muy temprano, entre edredones, porque hace un frío polar. Estamos a – 3°C.

Tu hermano está recuperándose bien, Papá y yo continuamos bastante recluidos, y poco más. Estuvimos unos días en Alicante y el clima no nos fue tan propicio como en el viaje anterior, pero disfrutamos todo lo que pudimos del mar y del sol.

El próximo lunes hago una presentación. Es lo único diferente y especial en estas semanas, espero que salga bien. No dejes de venir a tu modo, porfa, Rodrigo.

Te queremos mucho. Hasta pronto.

11 de enero de 2022

Hago el cómputo de los onces de tu ausencia, Rodrigo, y me salen 218. Ay, hijo, resulta que cuento los meses sin ti como hacía antes, cuando eras un bebé y parecía que la vida iba a ser bondadosa contigo.

Tal como teníamos previsto, estamos en Alicante, en la casa de los lalos que ahora es nuestra y nos arropa mucho. G nos pidió que no dejásemos de venir, pues pasa la COVID-19 flojita. Después del susto, menos mal que no tiene ni fiebre, solo congestión nasal, laxitud muscular y dolor de cabeza, como un resfriado. En fin, se nota que es joven y tiene las dos vacunas de Pfizer. Estos días, entonces, teletrabaja y prefiere que estemos lejos para no contagiarnos.

Poco más te puedo decir, cariño. Que Papá y yo nunca te olvidamos y que te queremos. Hasta pronto, montones de abrazos de la pesada que te quiere tanto: Mamá.

Recluidos

Buenos días, Rodrigo. Hoy tecleo en el móvil y recluida en casa con Papá. Tu hermano dio positivo el día de Reyes en un autotest de antígenos, así que estamos esperando por si acaso nos contagió la última vez que lo vimos. Fue el martes pasado, llevábamos mascarillas y de momento no tenemos síntomas, pero seguimos el protocolo.

Parece ser que la nueva variante es algo más suave, en el caso de G parece un resfriado de vías altas, con mucha congestión pero sin fiebre. Estamos menos agobiados porque tiene las dos vacunas, pero la preocupación va por dentro. Imposible no tenerla en nuestro caso de angustia post traumática.

En fin, cariño, échanos una mano, porfa. Te queremos. Besos hasta tu cielo. Vuela alto.

2022

Hola, Rodrigo. Te escribo a ti, en tu bitácora, mis primeras palabras de este año. Nuevamente los cómputos nos hacen pensar en comienzos y novedades, cuando la realidad es que solo es un día más que ayer. En todo caso, te pienso. Y te quiero.

Nochebuena y Navidad solitarias, en casita Papá y yo. El 25 comimos con tu hermano y B. Hoy, solo con él. Nada de reuniones familiares grandes, simplemente nuestra diminuta familia nuclear, ventanas abiertas y todas las precauciones. El mundo se ha vuelto distópico, extraño y ajeno.

Estamos en las decimoctavas festividades sin ti. Es muchísimo tiempo, pero no te olvidamos, hijo.

Millones de abrazos de oso. Contigo siempre en el corazón. Te queremos.

Navidad 2021

Hola, cariño, buenos días navideños. Te saludo desde otra Nochebuena extraña. La de 2020, por la pandemia, nos reunimos solamente con tu hermano. Esta vez hemos estado solos Papá y yo.

B no pudo quedarse con su familia, por brote inesperado de COVID-19. G ya estaba con nosotros y el asado casi en su punto cuando llamó para decir lo que pasaba. No quería venir con nosotros por prudencia y, por supuesto, le pedimos a tu hermano que no la dejase sola en Nochebuena. Así que ellos y nosotros hemos cenado en pareja.

Hoy tocaba comer juntos los cuatro. Se harán una prueba antes de venir. Ya veremos qué sucede.

Así que anoche Papá y yo comimos cordero y bebimos lambrusco, y nos fuimos pronto a la cama. Tal vez hoy comamos en familia. O quizás no. Sin embargo, no estamos tristes. Quizá porque te soñé la noche previa. O porque habíamos estado un ratito con G. O porque hemos aprendido a querernos en la distancia, a pesar de todo.

Feliz Navidad, Rodrigo. Millones de abrazos.

Casi Navidad

Hola, Rodrigo, buenos días. Hoy te escribo muy temprano y desde otro lugar. Enseguida estamos en casa de nuevo, solo es una escapada.

Todos seguimos bien. Esperando las próximas festividades, solitarios y hartos de desconcierto. Lo que hay. Lo que nos está tocando vivir.

Pasamos un día alegre y soleado con amigos, pero con la noche llegó el frío. Ahora y afuera debe de estar bajo cero. Y se nota, a pesar de la fuerte calefacción.

Con tu hermano seguimos en contacto siempre. Contigo, todo cuanto podemos, hijo querido. Pero es muy poco escribirte aquí y esperar el reencuentro. Te echamos mucho en falta.

Por eso, cariño, no dejes de velar por nosotros. Millones de abrazos. Te queremos. Hasta pronto: Papá y Mamá.

11 de diciembre de 2021

Buenos días, Rodrigo. Hoy tenemos doble cita, por sábado y por once, en este lugarcito virtual en el que te busco, te escribo y nos encontramos.

Poco queda para la Navidad y vuelve a mostrarse tristona y solitaria. Demasiadas sillas vacías, más la tendencia al aislamiento de esta covid19 recalcitrante, hacen muy mala combinación.

La familia se reduce, poco a poco se van contigo, hijo, y aquí ni hay relevo, ni surgen suplentes. Sufro por tu hermano, que no te tiene a ti y se quedará solo cuando su padre y yo no estemos. Pero ya no me corresponde otra cosa que no sea esperar lo mejor, porque el partido se juega en su cancha.

Por supuesto que me encantaría que nuestra diminuta familia aumentase con hijos suyos, pero esa es una decisión personalísima y privada. Mira a ver si tú le echas una mano desde tu mundo, Rodrigo. Si puedes. Si te parece conveniente. Porfa.

Desde este otoño casi acabado, de árboles sin hojas, viento y grisura intento no ponerme triste y te mando millones de cariños. Te quiero. Siempre. Papá también, cada noche me pide que te sueñe y te lo repita. Es que no te olvidamos, Rodrigo, nunca, nunca, nunca. Abrazos de oso.