Otra semana que empieza 

Hola, hijo, buenos días de un lunes helado. Pienso en ti cuando todavía está oscuro, pero queda poco tiempo para que suene el despertador. Tecleo arrebujada entre las sábanas, sintiendo que el frío muerde mis brazos. Tenemos temperaturas bajo cero y un viento de la sierra que huele a nieve. Te echo de menos.

Por fin suena la alarma odiosa del despertador y somos dos los que te hablamos.  Cada día madrugamos más. Pero incluso  en las actividades cotidianas que ya no compartimos contigo  desde hace casi catorce años,  seguimos pensando en ti.  

Te queremos, Rodrigo. Papá y yo, desde esta mañana congeladora,  te abrazamos con todo nuestro corazón. No te olvidamos. 

WhatsApp 

Sigo teniendo tu número de móvil en la agenda telefónica del mío. Con una foto tuya, joven y sonriente, de tus dieciocho. Han  pasado casi catorce años, pero no quiero borrarte de ella, del mismo modo que no sales de mi vida aunque ya no estés, aunque unos locos canallas  te asesinaran.
Y anoche, de pronto, te descubrí en WhatsApp. 

No sé si reciclaron tu número hace mucho y solo ahora su nuevo dueño ha instalado esa App, o si la resignación es reciente, qué más da. Lo que me alucina es ver tu foto activada junto a la frase «última vez ayer a las 20:11», o que esta mañana,  madrugadora como yo,  marque «hoy a las 6:57».  

Por un instante  glorioso pude fantasear con lo que deberían haber sido nuestras existencias, la tranquilidad de saberte  cerca, a punto de irte al trabajo. Me habría gustado tanto comprobar que sigues bien, que todo fluye por los cauces cotidianos… Escribirte, que me escribieras, darte las buenas noches, las charlas típicas de esa red con tu hermano y con tu padre. 

 Ya no estas, pero por un momento volví a  sentir que somos verdaderamente cuatro. Como antes. 

Contando onces 


No me gusta nada contar el tiempo que no estás, y en especial me molestan los dos meses previos a la fecha maldita de tu asesinato. Son los anticipos terribles, los siento como la espera fatídica de una tragedia anunciada.
11 de enero. A sesenta días del aniversario. Te echo de menos. Te quiero. 

Se acaban las fiestas 

Pasamos ayer un día familiar y entrañable. Casi parecía que estabas tú. Nos hiciste guiños sutiles y tu hermano, qué encanto, hizo su papel y el tuyo. Nos reímos mucho. 

Llueve sin parar, tal vez termine nevando por aquí tanto como por Segovia, (anda la A6 medio colapsada). Te escribo en la penumbra de esta mañana invernal.

Abrazos de oso, Rodrigo. No te olvidamos. 

Queridos Reyes Magos

En esta mañana de sueños infantiles te pienso y te llamo, Rodrigo. Desde tu estrella de cascabeles y risas, por favor, envíanos magia y alegría para este año que empieza, como todos desde que te arrancaron de nuestro lado, sin ti.

Hubo un tiempo en que papá y yo fuimos vuestros reyes y ahora se va llegando el de serlo vosotros, tu hermano y tú, con vuestros hijos. No renunciamos a verte en ese papel, cariño. Sé tú nuestro rey mago celestial. Hasta que volvamos a encontranos.

2018

Una fecha nueva, catorce ya, en que tú no estás. Me enfada mirar hacia el pasado y ver cuánto tiempo nos hemos perdido tu compañía. Estos años tenían que haber sido los de tu década de los veinte, tus estudios, amistades, amores, viajes, trabajos… Lo han sido con crisis y altibajos para tu hermano, y no para ti. Lo fueron para tus amigos y conocidos, pero a ti te fueron robados. Es injusto.

Ha pasado un siglo desde la última nochevieja, tu disfraz de mago, las fotos a tantos amigos nuevos  que nos enseñaste encantado y que terminamos conociendo en persona por culpa de  una banda de fanáticos asesinos.

Empieza otro año sin ti y procuramos encontrarle sentido a esta existencia absurda desde que no estás. 

Te extrañamos mucho, Rodrigo. No dejes de pasarte por esta casa tuya, espéranos en el mundo intermedio de los sueños. 

Parece que estos días te escribo mucho 

Estas vacaciones tienen un filo melancólico insospechado y diferente. Cada tiempo es especial, por lo que veo. Y tecleo en el móvil, desde el insomnio de los despertares tempranos, unas frases que pretenden conjurar la pena de tu ausencia.

Hoy volvemos a disfrutar de una reunión familiar y aun con eso no puedo desprenderme de una  sensación de solitario desasosiego.

Mañana despediremos el 2017 con tu hermano, y eso porque B tiene guardia. Puede que más adelante, otros años venideros, simplemente cenemos solos papá y yo. Ya sabes que no es una festividad que hayamos celebrado nunca mucho.

Vamos juntos en tu busca. Ojalá no tengamos que caminar separados, hijo. No dejes de echarnos una mano, una ayudita,  un vistazo y una sonrisa, por favor.

Cómputos de fin de año 

Es tiempo de echar la vista atrás y contemplar el 2017. Catorce navidades llevamos ya sin ti. Hemos perdido la sensación de tu compañía, hace mucho que no andas por la casa y es tu hermano el que todavía parece trotar por las escaleras, aunque vive ya casi dos años independiente.

Estuvimos juntos veintiuna navidades. Estos cómputos me incomodan, pero no puedo evitarlos. Ni pensar que puede llegar el momento en que tu vida con nosotros sea un período pequeño y lejano por comparación. Tus apenas veintiuno frente a mis cincuenta y ocho marcan una proporción de uno a tres. Pero sería a cuatro si alcanzo los ochenta. Y me molesta infinitamente la brevedad de tu vida, que yo habría cambiado por la tuya sin dudarlo un instante.

Entre las mil sensaciones que me asaltan cuando te pienso, además de las lágrimas que ahora mismo enturbian mi escritura, he captado a veces que tú estás bien y hasta te consideras afortunado de haber llegado pronto al lugar o estado,  no sé, que ahora te acoge. Ojalá sea algo más que una trampa de mi psique. Porque te quiero libre y feliz, esperándonos.

Montones de abrazos, Rodrigo. Por favor, vuela alto y échanos un vistazo amoroso durante las fiestas.

De mi muro en FB hace unos años 

Esta canción me sigue emocionando. Es perfecta para el día después de las reuniones familiares con sillas vacías.

«Sí, mi corazón siempre estará donde esté tu corazón si tú no dejas de luchar» » Y nunca pierdas la ilusión, nunca olvides que al final habrá un lugar para el amor »

Vela por mis sueños, hijo, y yo intentaré no llorarte. Y una noche la tristeza se irá sin avisar. No te olvido, cariño.

LA VIDA ES BELLA NOA Y MIGUEL BOSE «CON LETRA»

UNA CANCIÓN PRECIOSA CON UNA ACTUACIÓN…

youtube.com

26 de diciembre 

Aunque hoy tenía que trabajar y estaba cansado,  anoche tu hermano intentaba mantener la Navidad un poco más. Porque – decía –  se acababa a ojos vistas, se nos iba como arena entre las manos. Me hizo pensar.

Os quiero mucho a los dos, uno en cada universo 🌌 Os he cuidado mientras fuisteis niños, pero ahora sois vosotros los que me enseñáis a mí. Os vais convirtiendo en mis maestros.