El renacer de la primavera tarda

Otros años las flores del pruno de la entrada acompañaban estos días: llevé una rama a tu tumba la terrible mañana de tu entierro; te hicicimos señas con ellas  muchas primaveras para señalarte el camino a nuestra casa, tu tierra y  tu familia; te pedimos con su floración maravillosa tantas veces que nos hicieras guiños…

Pero este invierno está siendo más duro.

Mucho más duro. Apenas se notan  los nuevos brotes y parece el lyquidambar (tu otro árbol, siempre el segundón), el más adelantado. Hoy se perciben en él, abultadas, las bolitas verdes que pronto serán hojas. Es el único guerrero del jardín que se enfrenta al frío sin retraerse, no en vano procede de climas más austeros.

Y como cada primavera, te prometemos seguir, como hace la naturaleza con estos renaceres. Continuamos caminando, Rodrigo, cariño. Vamos a buscarte. ¿Vendrás a nuestro encuentro?

Catorce veces once de marzo 

El paso de los días y la  maldita, fatal e insoslayable cuenta de los onces me trae a este nuevo aniversario. Y parece que  se agotan las palabras para expresar tu ausencia, pero nunca el vacío que dejó tu muerte, Rodrigo, hijo querido.

Te escribo, como Machado, hablando sola, en un ansia infinita  de quererle hablar a Dios un día. Tú me escuchas y respondes a tu modo. A veces hasta incluso me consuelas del tedio de vivir sin ti.  No importa que solo sea por  instantes fugaces, porque la esperanza me permite amarte tanto como cuando estabas aquí. O más, incluso.

Aunque los días de este mes sean una tortura y vayan haciéndose cada vez más ásperos, aunque vuelva  el viejo dolor de un  nuevo once de un malhadado marzo, resistimos, hijo.

Como hace catorce años: a fuerza de cariño. Los tres juntos, soñando con  ser cuatro.

El día antes 

Ya estamos inmersos en actos y memoriales. Echo de menos el anonimato de antes, cuando nos refugiábamos entre tus cosas y nuestros recuerdos. 

Me emociono a veces, sigo  cuanto puedo, pero me faltan silencio e intimidad para sentirte cerca.

No dejes de mostrarnos el camino, hijo. Espéranos. Vamos a buscarte. 

Esperando tu aniversario

Sola en casa, porque he pedido un día de asuntos propios, me encuentro un mensaje de amor en FB de una de tus amigas:

Hoy es un día especial. Y yo sólo quiero hablar de una mujer. Porque es la más fuerte que he conocido nunca. De mayor, quiero ser como ella, como tú, mami, que estás pero sin atosigar. Que tienes unos hijos increibles. Porque ahora que soy madre entiendo muchas más cosas y quiero para mi nena lo que has conseguido tú con tu amor incondicional y con el respeto. Porque igual que G. ha crecido, imagino a Rodri igual, pero diferente, ya sabes, mami, en la Comarca nos espera subiendo niveles.
He crecido, he aprendido, he llorado, he reido. En estas fechas mi corazón llora, como el tuyo. Pero sobre todo, sigues en pie, adelante, siempre adelante.
Ojalá todos tuvieramos una madre como tú.
Un gran abrazo de oso, mi hija también los hace.
Pd.Dile a papi que él tiene también un hueco en mi corazón. Y a manito que tiene mucha suerte.

Recuerdo haber ido contigo a su casa un par de veces, a coser disfraces, a charlar y comer juntos. Y varias quedadas de compras de telas. Y luego, sin ti, muchos eventos que deberías haber disfrutado tú y a los que fuimos contigo en el corazón.

En estos días en que las fechas no ayudan,  tu amor y el de tus amigos nos siguen consolando. Aunque hayan pasado catorce años. Aunque sea mucho tiempo.

Mil millones de gracias. Te/os queremos.

Entretenida

Hola, hijo. Este año el 8 de marzo va a ser apoteósico. Tenemos huelga, paros parciales y manifestaciones. Si le sumo la presión de los exámenes y del final de trimestre, sale lo que me está ayudando a no poner toda la atención en el aniversario.

El día 9 puede que me dé el bajón, después de tanto estrés. Es muy posible. No me fío, ya otras veces ese efecto terrible nos ha atacado por sorpresa, cuando nos sentíamos serenos y fuertes. Intentaré estar prevenida.

Tenemos actos el día 10 y el día 11. Tu hermano nos acompañará y tu presencia sutil hará que seamos cuatro. Como antes. Como siempre. No dejamos de pensarte. Ni de quererte.  

Fuerte tendencia a la ansiedad 

En estas fechas de marzo, con el final de trimestre incluido, siento que mantengo a raya el estrés a duras penas. 

El próximo domingo, dentro de una semana, es otra vez once de marzo, hijo. Y no importan el largo tiempo  que ha pasado. Como cada año, deseo pasar por el aniversario suavemente, de puntillas; que lo cotidiano me arrope y proteja del dolor. Pero el mundo no funciona así.

Como en cascada caen sobre mi alma dolorida problemas nuevos que en otras fechas serían solventados con mucha menos dificultad emocional. Resuelvo los urgentes y pospongo lo que puede esperar, pero son un nuevo runrún de angustia que suena en off, que no parece en principio  demasiado incomodante y que termina siéndolo, por supuesto. Nunca hay nada fácil.

Al menos parece que la conspiranoia que nos ha torturado en cada aniversario hasta 2017 no ha rebrotado. Habrá que esperar hasta el último momento para poder corroborarlo. Andan las huestes de trolls muy ocupadas con otras obsesiones impostadas más urgentes, pero nunca se sabe. Ojalá este décimo cuarto sea tranquilo.

En la madrugada, Rodrigo, como cada sábado, te pienso, te llamo y te quiero. No te olvido. 

Sensación de extrañamiento 

Catorce años es mucho tiempo. 

Te pienso. Y tu halo se ha vuelto apenas perceptible. Te hablo, te quiero, añoro la cercanía, la familiaridad, lo cotidiano de la convivencia. 

Catorce años es mucho tiempo de estar separados. Pero muy poco para derrotar el cariño que te tengo, Rodrigo, hijo muy amado. 

Un sábado cualquiera 

Un sábado cualquiera de febrero, como el de hoy, Rodrigo, vuelvo a escribirte que la vida avanza sin ti pero contigo en el corazón. 

El viernes hice mi última, espero, gymkana por el Barrio de las Letras, una jornada agotadora agitando a treinta alumnos. Como no suelo usar el cercanías a menudo, iba pensando en ti. En ese camino cotidiano para miles de usuarios que te alejó de nosotros, ay, malditos terroristas, para siempre.

Entonces, como una señal de que nos acompañas con él, de que no estamos solos, subió tu hermano al mismo tren y al mismo vagón. 

Así que me refugio en nuestra familia,  pequeñita desde que te fuiste, hijo. De tres en apariencia. Pero siempre de cuatro. 

Una cierta mejora 

Buenos días somnolientos, hijo. He dormido poco pero estoy más animada que estas últimas semanas. Me han venido muy bien los días de descanso y, sobre todo, los trece  ejercicios seguidos de relajación del curso que hicimos papá y yo entre el viernes y el sábado.

Encaro la segunda mitad del trimestre con serenidad. Aunque la fecha fatal de tu muerte me espera a la vuelta de la esquina, me pertrecho de esperanza.

No dejes de volar alto, Rodrigo. Te queremos. 

Añoranza nueva y vieja 

Hijo, te echo de menos. Te busco entre los recuerdos desgastados de tanto revisarlos  y te encuentro descolorido como ellos. La proximidad del aniversario encona el dolor de tu ausencia, Rodrigo. No parece importar el tiempo transcurrido, la pena negra vuelve y me hace llorar.

Tú fuiste, tú eres mucho más que esas lágrimas de hoy, cariño. Por eso resisto. 

Te quiero. Te queremos. No dejes de mostrarnos el camino que lleva a tu encuentro. Espéranos.