Un pequeñín 

Tuvo una vida corta como estrella fugaz. Sus pocos años estuvieron marcados por una enfermedad repentina y aniquiladora. Su final sorprendió pero a la vez era esperable. Y sin embargo a todos nos ha dejado tocados.

Pobre chiquitito. Martín. El niño que nunca vimos pero todos hemos amado en la distancia se cansó de luchar.

Espero que le hayáis recibido con abrazos enormes ahí, en el Otro Lado. 

Junio ya 

El tiempo no se detiene. Se acaba el curso y yo sigo como puedo, con el cansancio lógico, esta vida loca. Siento con emoción tus guiños renovados, recuerdo tu amable compañía  con nostalgia agridulce, te escribo, busco el halo de tu existencia alegre por la casa… 

Es lo que vengo haciendo muchos meses ya, cuando, de improviso,  la monotonía de los últimos años se rompe. Cambia el ritmo. 

La política ha dado un quiebro inesperado y brota de nuevo la esperanza de recuperar todo lo recortado, esquilmado y robado a manos llenas sin rubor por los que ahora se van sorprendidos del rechazo que producen. Puede que me dé tiempo a ver recuperación antes de jubilarme. De la verdadera, de la educación, los servicios sociales, la sanidad, la libertad de expresión… Y eso me aporta nuevas energías.

Lo hablo con tu hermano y con tu padre. Y a ti te lo escribo.

Feliz cumpleaños

Hace treinta y cinco años que naciste, hijo. Una mañanita de jueves. Solo compartimos contigo veinte cumpleaños,  no llegaste a hacer veintiuno con nosotros. Pero te llevamos las cuentas y te queremos como si siguieras aquí, cariño.

Aunque no pueda impedir que se me llenen los ojos de lágrimas, te recuerdo en este día 24. Y lucho porque siga teniendo connotaciones hermosas en medio de tanta desgracia.

Te queremos, Rodrigo.

Te pienso 

Insomne, en la oscuridad de la noche pienso en ti. En nuestra vida, el paso del tiempo, los casi veintiún años que compartimos y los catorce que estamos echándote de menos.

Esta casa vacía parece la misma y me arropa a veces, cuando no pienso en lo que fuimos y ahora nos falta. Aunque la existencia nos arrastra hacia adelante y parece que no hay nada más que muchas sucesiones de presentes, Rodrigo, hijo añorado, espero con toda mi alma encontrarte en el futuro.

Por ello, por favor, nunca dejes de decirnos dónde estás, porque vamos a buscarte.

Nuestros onces

En este nuevo día once me despierto contigo, porque te he soñado.

Llegábamos  papá y yo a un extraño hotel de altos muros y puerta fortificada que solo se abrió a tu requerimiento. Somos tres, dijimos, como tantas otras veces en las que tú ya no nos acompañas. Pero ese tercero, de pronto, eras tú, Rodrigo, qué alegría.

Entramos juntos y allí, en un hall muy luminoso y dorado, una recepcionista con tono profesional aunque algo seco nos hizo saber que no había habitaciones, que estaba todo lleno. A pesar de tu simpatía y de que intentaste ser amable, no dijo ni una palabra más.

Nos fuimos. Tú llevabas en las manos una consola o tableta o similar, con cierta forma de coche de carreras, que acababas de conseguir. Aún estaba en su blíster de plástico, nuevecita, sin estrenar. Comentaste muy animado que servía para algún tipo de mediciones o cálculos,  que te venía muy bien para lo que estabas haciendo, como si  estuviéramos al día de tus actividades. Hablabas con normalidad, parecía que nos veíamos todos los días, así que la escena trancurría en un ambiente cotidiano y sereno.

Luego me desperté. No sé qué pasó luego, no hubo desenlace ni despedidas. Se cortó la comunicación, porque como tal la entiendo, pero me ha encantado verte y seguir sintiendo la misma serenidad esperanzada de nuestro encuentro unas horas después. Y hasta tengo una interpretación del asunto: que nos haces saber que aunque todavía no hay sitio para nosotros, nos esperas en la recepción del Otro Lado. Aunque solo nos hayamos acercado en sueños.

Gracias, Rodrigo. No veas cómo te queremos.

Día de la madre 2018 

Con tu hermano. Con papá. Sabiendo que nos acompañas a tu manera. 

Te queremos, Rodrigo. Vuela alto, cariño. Y déjanos hitos para seguirte. 

Cinco de mayo 

Buenos días, hijo, como tantas veces, te escribo al amanecer. Estos momentos entre la noche y el día que te dedico  son un pobre sustituto de las charlas que nos robaron. Y hoy necesito hablarte especialmente, pues tras la declaración del fin de la banda terrorista ETA  se reavivan como nunca la pena, la melancolía y el vacío.

Los que nos dijeron que había sido  ETA tu asesina (y les creímos en las primeras horas), los que intentaron manipular nuestra desgracia para tapar sus vergüenzas, ahora presumen de no haber cedido nunca a su chantaje de terror. Cuando las negociaciones tuvieron que hacerlas otros, ellos presumen ¿de qué?, ¿del uso partidista de las víctimas y su dolor?, ¿de haber retrasado este final?

Lloro por los asesinados, sus familias y amigos como lloro por ti. Mucho antes tenía que haberse producido esta disolución. Y se suma el espanto de que las víctimas no han recibido las mismas disculpas: ETA ha diferenciado entre ellas. Las de las fuerzas armadas, según la banda terrorista, eran objetivos militares, y como en cualquier guerra  solo por las bajas civiles piden perdón. Lo triste es que la contraofensiva sucia del Estado les dio cierta credibilidad en su momento. Y ahora se aferran a esa circunstancia. Por eso no me gusta escribir  derrota. Es un término bélico que no quiero usar.

Desaparece ETA bastante más tarde que otros grupos terroristas europeos, parece otro ejemplo espantoso de nuestro proverbial retraso secular. Pero aun tardía es una magnífica noticia. Aunque no resuelva el daño ni el dolor de las víctimas, les queda el triste consuelo que todos los que tenemos esa condición sentimos: que nunca más nadie tenga que pasar por las mismas terribles experiencias.

Lamentablemente otros tipos de terrorismo, como el yihadista que te mató Rodrigo, sigue amenazándonos. Ojalá nuestra sociedad haya aprendido de los errores cometidos hasta ahora y no vuelva a repetirlos. Ojalá todas las víctimas podamos sentir el apoyo incondicional del Estado y que no seremos usados  como arma política.

Mi cumple

Otro año sin ti, Rodrigo.

Te habría regalado todos los míos, me habría cambiado por ti, me habrían parecido suficientes los cuarenta y cuatro que tenía yo el día que te mataron para irme al otro mundo si podías qudarte tú, con tus veinte, y vivir muchos más. Pero nadie me avisó, no tuve esa opción. Maldita sea.

Así que hoy acabo de cumplir cincuenta y nueve, catorce ya sin tu compañía. Y no me asusta la edad. Al final de mi camino estarás tú esperándome, hijo.

Hemos comido  y luego pasado la tarde  papá, tu hermano, B y yo. Teníamos mucho que celebrar, además,  porque se casan pronto. Además, entre nuestros juegos y risas seguro que también andabas tú.

No te olvido.

El puente largo 

Otro parón temporal entre ajetreos. Sol. Lluvia. Primavera loca de calor y frío. Exámenes cada mañana y muchos ratos compartidos con papá. Tu hermano se fue unos días a la playa, pero hemos quedado para comer en mi cumple. Y tú sigues ausente de nuestras rutinas. Aunque te piense, ya no es el vacío de los primeros tiempos. Y sin embargo, los años me cargan más que nunca de melancolía. ¿Dónde estás, hijo? ¿Puedes vernos? ¿Estarás esperándonos el día de nuestra marcha?

Desde casita te mando cariños a montones, Rodrigo. Por favor, cuídate mucho y haznos señas. 

Te queremos. 

Casi mayo 

Nuestro mes. Ese en el que los dos, tú y yo, nacimos, Rodrigo.

Ojalá estuvieras aquí para celebrar juntos los dos cumpleaños. Qué pocos tuviste, hijo. Me habría cambiado contigo para que hubieras podido vivir todo lo que se te quedó para siempre en el tintero. Pero se te llevaron de aquí, cariño. Y desde entonces tengo tu ausencia clavada en el alma.

Me entretengo con los penúltimos exámenes ordinarios. Menudo tostón. Y te pienso. Y te quiero.