Hoy despedimos agosto

Hola, hijo, buenos días de un nuevo sábado. Hoy te escribo desde la tablet, un poco menos agobiados por dolencias y temperaturas bochornosas.

Se acaba el verano pero todavía no las vacaciones. Te seguiremos contando pequeñas aventuras, espero.

A pesar de la enorme distancia de espacio-tiempo que nos separa, te llamamos y tenemos siempre con nosotros,  Rodrigo. No nos olvides, porfa, cariño.

Millones de abrazos de oso, de libros, juegos, canciones y bailes. Te queremos.

Buenos días

Con el cumpleaños de tu hermano vivimos ya las últimas semanas de agosto. Esperamos que todo bien, Rodrigo.

Te escribo poco, apenas puedo teclear en el móvil, pero sabes bien que no te olvidamos.

Porfa, cuídanos, que estamos muy solos sin ti. Pero que eso no te impida volar muy alto, ¿vale?

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Agosto

Seguimos aquí,  entre olas de calor y dolencias variadas,  ¿me lees, Rodrigo? Ojalá nos veas, ojalá me oigas. Te echo muchísimo de menos, hijo.

Pasan los días y sus afanes, el bochorno todavía no cesa, la gente está de vacaciones y nosotros, en casa, jugamos a la contra, para huir de las multitudes y de la temporada alta.

Y poco más puedo contarte, cariño. Cierta mejoría y nada más que sea medianamente significativo.

Porfa, échanos un vistacito de ayudas múltiples.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

11de agosto de 2024

Veinte años y cinco meses sin ti. Espero que lo que falta para volver a abrazarte sea menos largo.

No te olvido. Espérame tú también,  hijo.

Agosto tórrido

Hola, cariño, buenos días, feliz sábado.

Aquí todo idéntico: calor, recuperación lenta, añoranzas de tu compañía, desilusiones varias, y mucho estar en casa.

Son las seis y todavía no amanece. Leo los periódicos digitales en la tablet y te escribo estas líneas. Porque no te olvidamos,  Rodrigo.

Ojalá  pudiera verte. ¿Puedes acercarte en un sueño? Eso nos decimos cada noche Papá y yo.

Vuela alto,  hijo.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Tu libro de nuevo

Hola, Rodrigo, buenos días de verano y vacaciones.

Hoy puedo contarte que estoy algo mejor de mis males artrósicos, aunque la recuperación va muy lenta. Y que hemos quedado con tu hermano nuevamente. Y que ya está disponible la segunda edición de tu libro.

Ha quedado muy a mi gusto, ahora que puedo decidir yo sola. Con una portada que hizo llorar a tus amigos, porque dicen que les recuerda mucho a ti. Y una maquetación delicada.

Ojalá no hubiera tenido que escribirlo, cariño. Ojalá estuvieras aquí.

La vida sigue sin tu compañía y cada vez nos sentimos más solos. Nuestra familia de tres se queda muy pequeña. Así que tú no nos dejes del todo, porfa, hijo. Vela nuestros pasos. Ayúdanos.

Millones de cariños y canciones. Te quiere con toda su alma: Mamá.

Acabando el mes de julio

Buenos días, Rodrigo. Hoy te estoy escribiendo desde el salón, porque en la buhardilla no hay quién pare. Hace demasiado calor, incluso con el aire acondicionado a tope.

Todavía está oscuro, no son ni las cinco. Bonitas horas, ¿verdad, cariño? Es que duermo poco y mal, afligida por las temperaturas y por el dolor agudo de mi rodilla lesionada.

Y así resulta que me despierto tempranísimo, cada día un poco antes que el anterior. Y entonces, como me huye el sueño, indefectiblemente, pienso en ti.

Eres mi compañero de insomnios. Ay, pobre hijo, qué desastre de madre que te da el tostón cada madrugada.

Tú vuela alto, por favor, y no me lo tengas en cuenta.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

20 de julio de 2024

Buenos y tórridos días de verano, Rodrigo. Desde casa y nuestra buhardilla te escribo estas pocas palabras, como cada sábado.

Estamos en plena re-edición de tu libro en Amazon, y todavía surgen pequeños problemas. Espero que estén resueltos pronto, pero no subiré imágenes hasta que todo esté completamente bien. Aunque ya te digo que me gusta mucho la portada y que estoy deseando compartirla.

Por lo demás, lo acostumbrado. Después de unos días fuera, agradecemos que nos arrope la rutina doméstica. Más adelante, algún otro viajecito haremos, ya te lo contaré, cariño.

Ay, hijo, resulta que mañana comemos con tu hermano. Y ahí, cuando estamos los tres juntos, es cuando más se nota que no estás. Ojalá, siempre te lo digo, vinieses también tú. Da igual el tiempo que pase, da igual haber sobrepasado los veinte años de ausencia, te echamos en falta siempre. En lo cotidiano y, de forma muy llamativa, cada vez que pasa algo diferente, bueno o malo, pero especial.

Es que, jolines, hijo, qué solos nos hemos quedado sin ti.

Por eso te mando millones de abrazos y besos, de libros y canciones, de juegos y músicas, de fotos, viajes, pelis y series. Para compartirte las cosas que te gustaban y sentir que todavía nos sirven de conexión. También te envío toneladas de muecas y de bromas, porque sigo añorando tu risa y quiero imaginármela sonando por las escaleras.

Hasta la próxima, Rodrigo. No nos olvides, porfa. Te quiere hasta ese infinito que habitas: Mamá.

Desde Asturias con amor

Hola, cariño,  buenos días,

Llevamos una semana fuera y ya queremos volver a casa. Mañana lo hacemos. Hoy es nuestro último día por aquí.  Disfrutamos de estos paisajes, de los amigos, de las maravillosas temperaturas,  de la Semana Negra, pero siempre de la mutua compañía Papá y yo.

Poco más puedo decirte. Ya me gustaría tenerte por aquí, como a tu hermano.

Amanece. Te escribo en el silencio de esta casona entre valles. Hay niebla. Y una ermita del siglo IX frente a mis ojos.

No te olvidamos,  Rodrigo. Por favor, sigue velando nuestros pasos. Millones de abrazos de oso: Mamá.