26 de octubre de 2024

Los días se acortan y está noche es el cambio de hora,  «A las tres serán las dos» es la extraña frase que acompaña todos los últimos sábados de octubre, como el de hoy. Siento que la vida se repite y me da coraje que tú no estés aquí en esa serie de repeticiones.

La Aso y sus quehaceres absorbe más parte de nuestro tiempo de lo que nos gustaría. Esperamos que hasta que todo ruede un poco más fluidamente.

El otoño y sus colores hermosean el jardín, las sendas y paseos. Los prunos envejecen, el de la entrada, el tuyo, está malito. Nada permanece.

Seguimos tus pasos, Rodrigo. Espéranos.

19 de octubre de 2024

Hoy salimos de excursión con la Aso. Contigo también.

Espero que sea un día sereno,  de convivencia y de memoria.

Porfa, Rodrigo,  no dejes de venir.

Millones de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Días y días

Siento que te estoy contando nimiedades y las mismas aburridas cosas, Rodrigo. 

Perdóname.

Solo pretendo mantener esta levísima conexión contigo, con la esperanza de que me leas o me oigas, desde dondequiera que estés. Desde algún lugar que deseo que exista, para así poder pensar en volver a abrazarte.

Ay, hijo, sigue siendo difícil vivir sin ti.

Saludos desde Vitoria

Hola, cariño.

Estamos lejos y un tanto descolocados, pero contigo siempre en el corazón ❤️

Porfa, Rodrigo,  no dejes de cuidar nuestros pasos, un poco  temblorosos cuando salimos de la rutina.

Te queremos.

Millones de abrazos y libros, desde este Festival de novela negra. Ojalá estuvieses aquí.

Veranillo de San Miguel

Ya se ha instalado el otoño, han pasado veinte sin ti,  y tú sigues ausente, hijo querido.

Envejecemos. Últimamente siento que me falla este corpachón regordete y poco ágil. Papá está más flaco y se le marcan manchas y arrugas en el rostro. Y tú sin regresar, Rodrigo.  Se hace larga y durísima la espera.

Nos van cercando el tiempo y los achaques. Ley de vida, dicen. Tu hermano nos acompaña por ti y por él,  amorosamente. Vivimos veinte años contigo y otros tantos sin ti. Y sigo sin aceptar tu muerte innecesaria.

Te escribo cada sábado desde hace todo ese tiempo y aún se me inundan los ojos al teclear cuantísimo te añoramos.

No quiero ponerme triste, te mando abrazos de los nuestros. Vuela, cariño. Pero vuelve a casa cuando puedas. Te esperamos.

21 de septiembre de 2024

Siguen pasando el tiempo y mil cosas discretas (agradecemos que la vida no se ponga intensa). Tengo poco nuevo que contar. Y es una alegría que sea así.

Te pensamos hijo. Hablamos de ti. Te seguimos echando de menos infinitamente.

Ojalá leas mis pobres frases, Rodrigo. Ojalá me visites en sueños.

Llueve  El jardín se ha llenado de hojas. Tecleo en la madrugada mientras se me inundan los ojos. Veinte años y seis meses después de tu marcha, sigo llorando cuando menos me lo pienso.

Nunca olvides que te queremos, hijo. Millones de abrazos de oso: Papá y Mamá.

Mediados de septiembre

Hola, cariño. El tiempo vuela. No tenemos obligaciones, pero siempre andamos haciendo algo y se pasan los días sin sentir.

Poco tengo que contarte. Que estoy algo mejor de mis achaques, que comemos con tu hermano para celebrar juntos ese cumple suyo que nos pilló lejos, poco más. La vida continúa sin ti. Inalterable.

Como seguirá sin nosotros, de hecho ya lo hace, pues nos hemos convertido los dos, Papá y yo, en pensionistas y parece, solo parece y da miedo, que estamos orillados a un lado del camino.

Está rara la vida. Será que nunca me acostumbro. Lo cierto es que nada ha vuelto a su ritmo desde que se te llevaron.

Millones de besos y abrazos, Rodrigo. Siempre contigo.

11de septiembre

Seis meses desde nuestro 11, aniversario de los atentados de 2001 y del Chile de Allende, fechas especiales,  recuerdo y memoria, todo eso es el 11 de septiembre.

Y nosotros siempre contigo, cariño. 

Te queremos.

7 de septiembre de 2024

Hoy, el aniversario, hace ya tanto de la despedida del tío Carlos que se me confunden las imágenes y los recuerdos. Era 1995. Tú también sufriste su marcha, tú también le echaste de menos. Te impresionó encontrarte con su tumba un día, inopinadamente. Quién iba a pensar que el siguiente nombre en la lápida sería el tuyo, Rodrigo.

Aquí te seguimos añorando, hijo.

Nos vamos poniendo viejos. La vida sigue sin ti, impertérrita. Muchas cosas empiezan a sernos ajenas. Pero tú nunca, cariño.

Espéranos en el mundo intermedio de los sueños, hijo. No te olvidamos. Siempre, siempre, vamos a buscarte.