15 de febrero de 2025

Hace veintiún  años, se dice pronto pero se vive con dificultad, andabas por aquí,  hijo. Con nosotros.

Entonces la vida parecía sencilla,  casi domesticada. Tu hermano y tú iniciábais vuestras aventuras estudiantiles más allá del barrio,  los amigos de siempre,  lo conocido.

Apenas te dio tiempo a vivir,  ni siquiera llegamos a alcanzar una mínima rutina, y nos fuiste arrebatado. Se te llevaron sin compasión.

Y no sé por qué no pudimos vivir como tantos otros. No encuentro razon plausible para que lo esperable, lo que todos a nuestro alrededor transitaban en paralelo, se convirtiese en  horror para nuestra pobre familia de cuatro.

Desde la casa que entonces compartíamos y ahora habitamos papá y yo en solitario, te envío mil millones de besos,  Rodrigo. A pocos días de un nuevo aniversario,  no te olvidamos.

Quiero considerar ayuda tuya todo lo bueno y especial nos ha sucedido estos últimos días. Muchas gracias, cariño.

11 de febrero de 2025

No sé muy bien cómo resulta que estamos a un mes de un nuevo aniversario. Demasiados onces sin ti, Rodrigo. Y ahora con responsabilidades no buscadas y para nada bonitas.

Por favor, cariño, échanos una mano.

8 de febrero de 2025

Hoy llueve y hace frío. Lo esperable en invierno,  pero las orquídeas, entre cristales, extienden sus tallos y anuncian flores pronto. Ojalá eso sea también para nosotros y renazcamos esta primavera, un poco menos achacosos y un mucho más lúcidos.

Querido Rodrigo, ¿llegas a leer estas pobres líneas mías de cada sábado?

Nunca pierdo la esperanza de que sea así.

Porfa, hijo, échanos una mano. No dejes de cuidar de Papá y de mí, de tu hermano… ni de esperarnos.

Millones de abrazos de oso, cariño, de risas y de libros.  Te queremos.

Febrero 2025

Me marean las cifras que marcan el tiempo,  Rodrigo.  Cómo puede ser que hayan pasado veinte años, diez meses y veinte días sin ti. Sigo encontrando inaceptable el hecho de tu ausencia.

Te escribo tras una semana desagradable, que añado al cómputo vital para olvidarla, entera llena de incómodos  malestares de flaca salud.

Seguimos aquí, hijo. Como podemos.

Jamás te olvidamos.

25 de enero de 2025

Hola, cariño, buenos días lluviosos. Te saludo desde casa. Papá todavía duerme y yo madrugo, como siempre,  ya lo sabes.

No hay nada nuevo importante que contar. Mejor. Algunos achaques de nuestra edad y condición, obviamente, y una escapada de dos noches, pero poco más.

Ojalá nos veas y nos cuides. Ojalá no estés demasiado lejos, ay, Rodrigo.

Te queremos. Y te echamos muchísimo en falta.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

18 de enero de 2025

Continúo moviéndome entre la extrañeza vital y la frustración, querido Rodrigo,  de no tenerte cerca.

Envejecemos a pasos agigantados, siempre sin ti, áspera, dura, terriblemente sin ti.

Poco más.

Buscamos en qué distraer, ocupar, dar sentido, a nuestras vidas. Intentamos no perder la esperanza.

Míranos, por favor, hijo.

Te queremos.

11 de enero de 2025

Apenas fue ayer el vigésimo aniversario y resulta que estamos a dos meses del veintiuno. Buenos días,  hijo, la realidad se me antoja extrañísima.

Apenas he hecho propósitos para este año nuevo,  solo resistir a los achaques que han dejado de rondarme porque se han instalado campechana y absolutamente.

Papá y tu hermano me cuidan un tanto preocupadillos, ojalá estuvieras, Rodrigo. Somos tan pocos y nos asusta todo tanto…

Ela está muy mayor y repite las mismas frases una y otra vez, con voz pastosa, lejísimos de lo que fue, cada vez más ajena a la realidad.

Esta es la vida que vivimos sin ti.

No te olvidamos,  cariño. Porfa,  no nos olvides tú.

Siamo a Roma

Con tu hermano, contigo en el corazón, recorremos las calles atestadas de esta ciudad eterna.

Ojalá estuvieras aquí estos pocos días. Mañana regresamos a casa y tampoco nos esperas allí.

La vida sigue funcionando, extraña y cruel, desde tu marcha. No me explico cómo es que no implosionó, entonces; cómo puede ser que no nos haya pedido disculpas ni una vez durante estos veinte años, ocho meses y veinticinco días de tu ausencia forzada.

Me despierto en medio de la noche y te escribo estas líneas, Rodrigo. Porque no te olvidamos. Y te queremos.

28 de diciembre de 2024

Se nos acaba el año veinte de tu ausencia y tú lejísimos, Rodrigo. Casi el mismo tiempo contigo que sin ti, tu presencia se difumina entre las mil vacuidades de lo cotidiano. Y me duele no tenerte muy amarguísimamente. Y te echo muchísimo falta, hijo.

Nuestra próxima cita ya será en enero, el primer sábado de un 2025 a la vuelta de la esquina. ¿Estarás con nosotros a tu modo sutil? Ay, ojalá, cariño, no nos dejes  solos del todo.

Estas fiestas remueven penas y añoranzas, es inevitable, por lo que parece. Que tú no estés es la peor de todas.

No dejes de cuidarnos, porfa, Rodrigo. Es que seguimos tristes y somos demasiado pocos.

Millones de abrazos gigantes: Mamá.

Nochebuena y Navidad

En estas fechas en que hijos que viven lejos se acercan a ver a sus ancianos padres, y se reúnen las familias, soñaré que tú vives en el otro lado del universo y que llamarás para decirnos que estás bien y que volveremos a encontrarnos.

Algún día.