El finde antes de Navidad

Hola, hijo querido,  buenos días. Hoy, solsticio de invierno,  te escribo estas líneas deseando que las puedas leer. Y que me contestes muchas veces como el martes pasado:

I just call to say I love you, I just call to say how much I care…

No es lo habitual. O es que yo estoy torpe y roma, y no me entero de tus mensajes sutiles. En fin, millones de besos agradecidos,  de todas maneras.

Solo puedo contarte que aquí seguimos sin ti como buenamente podemos. Que siempre tienes tu silla a la mesa. Que soñamos con volverte a abrazar… y que no te olvidamos.

Que tengas una muy feliz Navidad, Rodrigo.

Fiestas navideñas

Hola, Rodrigo, buenos días del día de la fiesta de la Aso. En unas horas nos vamos para allá y estaremos rodeados de niños. ¿Cómo andas tú?

Aquí la vida toma velocidad y luego para,  así que la transitamos como a trompicones. Siempre dolorosamente sin ti. Siempre con toda la serenidad que podemos.

Como te decía, vamos a rodearnos de niños y de su maravillosa energía, pero con un filo de dolor. Porque en nuestra familia no los hay. Y somos poquísimos, cada vez menos, en cada reunión navideña.

La verdad, cariño, sin nuevas generaciones no hay esperanza de futuro. Es duro aceptarlo, pero es lo que hay. Ya resulta áspero vivir sin ti y sin tus hijos, Rodrigo. Y la pena se acentúa sin los de tu hermano, que va pareciendo que no serán.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y que la vida da muchas vueltas. No sé qué decirte, Rodrigo. En nuestra diminuta familia parece que se diluye, se hace diminuta y levísima. No dejes tú de ayudarnos, porfa, a mantenerla como llama encendida.

Te queremos, hijo. Te queremos.

11 de diciembre de 2024

Todos los onces, como hoy, te pensamos, Rodrigo.

Aunque hayan transcurrido ya veinte años y nueve meses, no te podemos ni queremos olvidar. Tú vuela alto, cariño. Y no dejes de cuidarnos.

Diciembre

Te escribo todavía de noche, esperando que llegue el frío del invierno, Rodrigo. Dicen los meteorólogos que este año empezará a partir de ahora.

Estamos en el puente de la Constitución y la Inmaculada, aunque ya las fechas no tienen el sentido de antes, cuando teníamos horarios laborales. Ahora la vida es más continua y sencilla.

Ayer pasamos la tarde con tu hermano,  para hoy y mañana no tenemos planes en especial,  porque preferimos huir de las fechas multitudinarias. Y porque las próximas semanas están llenas de acontecimientos y actividades a veces agobiantes.

Seguimos aquí, los tres, cuatro de corazón, y siempre contigo. No te olvidamos, hijo. Porfa cuídanos.

Mil abrazos de oso: Mamá.

Último sábado de noviembre

Hola, cariño.  Estas citas semanales contigo son un hito en el continuo temporal. Aquí me doy cuenta, aquí constato absolutamente, el tempus fugit.  Y me duele tu ausencia.

Anteayer Papá y tu hermano me acompañaron en el acto de nombramiento de colegiados de honor, de eméritos,  en mi Colegio Profesional.

Faltabas tú.

Aunque Papá dice que estuviste, a tu modo y a  mi lado, te echamos en falta los tres.

Así seguimos, Rodrigo.

Nunca te olvidamos.

23 de noviembre de 2024

Siempre se me hace extraña la fecha. Cada vez que te escribo, me parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde la última ocasión,  normalmente una semana. Y ya ni te cuento desde que no estás…

Vivo, intento vivir, una rutina de existencia sencilla. Me asaltan nuevos quehaceres y vuelvo a estresarme. Y tú te me diluyes, qué rabia me da, Rodrigo, entre tanto ajetreo.

No te preocupes, que no nos rendimos. Aquí estamos. Contigo en el corazón. Así que sigue cuidándonos, hijo.

Te queremos.

Mediados de noviembre

Buenos días muy madrugadores, Rodrigo. Otra vez me parece que ha pasado la semana demasiado deprisa. Tempus fugit.

Vivimos entre rutinas suaves y desconciertos vitales varios. Tu ausencia siempre es de estos últimos y siempre duele, de mil maneras distintas e inopinadas.

Y así continuamos, sin saber a ciencia cierta hacia dónde nos estamos dirigiendo. Porque así es vivir, esta serie de variopintos sucesos encadenados. Y, porfa, que sigan siendo suaves.

Te echamos en falta.

11 del 11 de 2024

Veinte años y ocho meses sin ti.

Parece todo un sueño.

Pero lo cierto es que hace demasiado tiempo que no estás.

Te echamos de menos infinitamente.

Noviembre

Hola, cariño, buenos días de un nuevo sábado, cómo corre el tiempo…

Papá y yo vamos haciendo rutina, aunque aún nos persigue la sensación de vacaciones.  Vemos a tu hermano a menudo. Charlamos mucho con él.

Todo fluye ordenada y pacíficamente, solo faltas tú, Rodrigo. Siempre, en toda circunstancia, alegre o triste,  echamos de menos tu compañía.

No tenías que haberte marchado tan antes de tiempo, hijo. Ojalá sientas nuestra añoranza de ti y te pases a vernos. Ojalá volvamos a encontrarnos.

Aquí sigue estando tu casa y tu gente. Y te queremos.

Primeros de noviembre de 2024

No he querido escribirte el día 1, de los difuntos, ni te he llevado flores. Nunca lo he hecho, tampoco ahora. Hoy, que es 2 y dicen que el día de los santos, te pongo estas letras, hijo querido. Más que nada por sábado, aunque tampoco quiero desechar la otra advocación. Con todo el tiempo que llevas lejos, ya habrás ascendido en los escalafones, ¿no?

Ay, ojalá me leas y te rías.

Aquí seguimos como podemos, fastidiados sin ti, pero con la compañía de G. Siempre echándote en falta, pero unidos los tres y en tu nombre.

Esta vida sigue, cargada de desgracias nuevamente. Los centenares de muertos y desaparecido tras una DANA espantosa en Valencia nos hacen pensar en ti, en vosotros. Reavivan nuestros recuerdos traumáticos. También nuestra empatía. Y volvemos a preguntarnos qué hacemos aquí, el por qué de esta existencia de desdichas y sufrimiento.

Porfa, en lo que puedas o te dejen, cuídanos. A todos.