En Gijón

Hola, cariño, buenos días.

Hoy, como la Lloca, como las madres de los que se fueron lejos, te llamo y te echo muchísimo en falta.

Hablaré de mi último título en la Semana Negra. Es la tercera vez que vengo a presentar un libro mío y la primera en que estará tambien tu hermano. Me emociona que le hiciese tanta ilusión venirse hasta aquí.

Y entonces me asalta la morriña, y  añoro que estuvieras también tú. Aunque quizás estés,  a tu modo, me digo a mí misma. Ay, ojalá nos veas y nos oigas, Rodrigo.

Llueve. Hace hasta frío. Es curioso llegar de una de calor en Getafe y encontrarse aquí una temperatura tan deliciosa. Pero no todo es fácil, pues mi artrosis se queja un poquito más con este clima.

Qué le vamos a hacer, así es la vida, una mezcla de contradicciones.

No te olvidamos, hijo querido. Por eso te mandamos  millones de abrazos de oso.  Bueno, por eso, y porque te queremos un montón.

Siempre cuatro contigo: Papá,  Mamá y Gonzalo.

Pronto el cumple de Papá

Ya estamos juntitos Papá y yo, el lunes, que es día uno y su cumple, empiezan las vacaciones. Y en septiembre, la jubilación. Seremos dos pensionistas. Se me hace raro vernos tan viejos. Él dice que no lo somos todavía, que ahora simplemente mayores, pero no sé yo, hijo. Me duelen las rodillas, me cuesta andar por la artrosis y, en general, solo podemos ir a peor.

Haremos viajes, aunque nos va costando cada vez más, porque para quedarse en casa siempre hay tiempo. A saber cuánto nos alcanzarán las fuerzas y la energía emocional.

Te echamos en falta en estos momentos especiales. Gracias a que tu hermano nos arropa por ti y por él, el pobre, intentando llenar el hueco que dejaste, se esfuerza mucho.

Tú, porfa, hijo, envíanos señales de que no te has derretido en la nada. Ay, Rodrigo, aún te lloro mientras te escribo.

No te olvidamos, no nos dejes del todo tú. Millones de abrazos de oso: Mamá.

Tu libro

Ya sabes que casi no quedan ejemplares de tu libro,  apenas alguno en las librerías online mas fuertes, y como las distribuidoras no lo encuentran, no lo sirven. Por eso no pude tenerlo ni en la tertulia jurídica que hicimos para el vigésimo aniversario, ni en las Ferias del libro a las que acudí últimamente.

Así que estoy revisando las galeradas de una nueva edición,  ahora muy modesta, solo para que esté disponible en Amazon. Pero eso sí,  con cubiertas y maquetación profesionales.

Releer me llena el alma de melancolía y de añoranza, hijo. Me está costando.  Y también es duro para el maquetador y portadista. Como lo fue, por cierto,  en la editorial anterior.  Es que tu muerte y tu ausencia nos llenan los ojos de lágrimas a todos.

Te escribo con una cierta congoja. Menos mal que comemos con tu hermano.  Y con tus amigos,  E y N, y su peque.

No dejes de venir a vernos, ni cuidarnos a todos,  Rodrigo,  por favor. Muchos abrazos de oso: Mamá

15 de junio de 2024

Hoy va lenta la conexión, o el PC, que ya es viejito, o esta pobre bitácora en la que te escribo y ojalá leas, Rodrigo. Son ya las once de la mañana y estoy en nuestra buhardilla tecleando estas pobres líneas y echándote en falta. Quizá parezca mentira visto desde fuera, pero veinte años y tres meses después de tu muerte aún me asaltan de forma inesperada la rabia, la pena, la angustia y el desánimo.

Me suceden cosas que quizá los ajenos consideren de suerte más que estupenda: publico libros, hago presentaciones, voy a certámenes, firmo en ferias… Todo en un nivel muy discreto y sencillito, de liga regional, de andar por casa. No me he convertido en la Allende, ni se me ha subido el pavo. Porque tu ausencia me mantiene los pies anclados a la cruda realidad de que no somos gran cosa. Y nada del mundo me salva de tu ausencia.

Ni un miligramo de vanidad. No me creo ni un segundo de gloria. Agradezco las oportunidades y sigo avanzando. Porque voy con Papá y tu hermano. Porque voy hacia ti.

Te sigo echando mucho de menos, hijo.

11 de junio de 2024

Hoy tenemos reunión de la Aso. Por ti. Nunca sin ti, hijo. Contigo hasta que vengas a buscarnos. Lo harás, ¿verdad?

8 de junio de 2024

Son las ocho. He abierto todas las ventanas y la casa huele a lluvia próxima y a jazmín. Buenos días, hijo. Aquí seguimos los tres, comunicándonos a menudo, sin olvidarte nunca.

Pronto llegarán las vacaciones de verano y las últimas en activo de Papá, que se jubila en septiembre. Es la novedad, pues en los otros ámbitos todo sigue razonable y discretamente bien.

Y mejor que continúe así. Cuando las perspectivas de futuro nos dan vértigo, intentamos no temer lo inopinado y avanzar las obligaciones del día a día. Porque sabemos que lo terrible puede surgir en cualquier instante. Como tu muerte y tu desaparición repentina, maldita y para siempre.

A veces lo conseguimos.

No esperamos grandes cosas para el futuro próximo. Es bastante triste, pero es lo que hay, y así tenemos que vivirlo.

Nos tenemos los tres, los cuatro contigo, siempre juntos. Y eso es suficiente.

Te queremos, Rodrigo. No dejes de velar por nosotros, que estamos muy solitos y somos muy pocos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

1 de junio de 2024

Querido hijo: esperamos que a la presente todo bien. Aquí todos sanos y deseando saber noticias tuyas.

Así empezaban las cartas de los emigrantes. Ojalá tu distancia fuese solo esa, por más que hubiera que contarla en miles de kilómetros. Estás aún más lejos. Y no existe forma de conseguir reunirnos si no es llegando al sitio que te acoge, espero, y donde nos aguardas, espero también.

Hoy madrugamos para la asamblea de la Aso. Estaremos con los amigos con los que compartimos la mala fortuna del 11-M, luchando siempre por honrar vuestra memoria y la verdad de lo sucedido.

Mientras tanto, ha llegado un calor repentino y sofocante, el verano que me siempre entorpece tanto ya está aquí. Y tú sigues sin volver. Pasan las semanas, los meses, y continúas ausente, Rodrigo, aunque te llamemos. ¿Nos oyes, cariño?

Poco más se me ocurre contarte. No estoy muy lúcida. Pero no falto a nuestra cita semanal.

No te olvidamos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

Tu cumple

Son muchos cumpleaños en ausencia, hijo. Demasiados. Ojalá estuvieses por aquí.

Apenas puedo imaginarte cuarentón. Te has quedado en los veinte,  jovencísimo para la eternidad.

Desde casa, mil abrazos gigantes y mil músicas. Te queremos.

Sábado 18 de mayo

Buenos días desde Alicante, querido Rodrigo.  Hace calor, mucho más que en Getafe. Me he despertado muy pronto, quiero creer que por esa desconcertante sensación veraniega. Espero que tú estés bien, hijo.

Vinimos el martes, pero enseguida volveremos a Madrid, después de tres charlas en institutos alicantinos (La Nucia,  Biar y San Vicente del Raspeig). Mira por donde hemos vuelto a recorrer comarcas de excursiones que hicimos antes. Contigo y los lalos. Ay, muy antes…

He hablado de ti en esos tres centros, a grandes grupos de alumnos y profes. Y he regresado con sensaciones difíciles de definir. No malas, porque las charlas salieron bien, pero sí impactantes, ya que mi cerebro no deja de intentar analizarlas.

Nunca antes había tenido tres charlas seguidas en tres dias consecutivos. Reflexiono sobre el asunto a las 4;17,  demasiado temprano, y comprendo las tres charlas me han afectado emocionalmente.

Las experiencias han sido distintas, todas buenas aunque cada una con sus pequeñas peculiaridades. Pero mi subconsciente las recuerda una y otra vez. Creo que no solo para sopesar los resultados, sino al estilo postraumático que me caracteriza.

Menos mal que he venido con papá y he comentado cada detalle con él. Su apoyo es importantísimo, porque me ayuda a descargar angustias y a enfocarme en los detalles positivos.

Ay, hijo. Siento que todo este ajetreo, ir y venir, conocer a ditintas gentes, me afecta. Siento que esta triple exposición emocional deja huella anímica en mí. Cómo no, por otra parte. Si no fuese así,  no sería humana.

Por eso te escribo hoy, hijo, un poco desmadejada. Pero no te preocupes, se ne pasará pronto. Tú vuela alto. No dejes de volar,  cariño. Ni de cuidar de esta pobre familia tuya.

Mil abrazos de oso. Te quieren hasta ese infinito que habitas: Papá y Mamá.

11 de mayo de 2024

Otro once. Muchísimos desde que no estás y ese número se ha adueñado de nuestras vidas. ¿Qué tal todo, hijo?

Aquí avanzamos, que no es poco. Gracias por ayudarnos. No dejes de tenernos bajo tu mirada, cariño. Seguimos necesitándote mucho.

Hoy tu hermano tiene un concierto. Y la próxima semana nos vamos a Alicante. Los días están llenos de afanes, no nos aburrimos. Papá va contando las semanas que le quedan para jubilarse y nos reímos juntos los dos haciendo ese cómputo. También G, cuando se lo contamos. Por eso te lo escribo a ti, Rodrigo. No sé si me lees o me oyes, pero por si acaso. Ojalá sí.

Veinte años son muchos años. Ya no me asalta el agobio de añorarte de continuo. Ya consigo a veces que mis labios dibujen sonrisas cada vez que te pienso. Aunque las lágrimas siguen escondidas en cualquier rincón y pueden asaltarme de improviso. Eso no cambia.

Desde nuestra buhardilla te escribo y te quiero, hijo. No dejes de volar. Cuídanos, porfa.

Millones de abrazos de osos: Mamá.