1 de junio de 2024

Querido hijo: esperamos que a la presente todo bien. Aquí todos sanos y deseando saber noticias tuyas.

Así empezaban las cartas de los emigrantes. Ojalá tu distancia fuese solo esa, por más que hubiera que contarla en miles de kilómetros. Estás aún más lejos. Y no existe forma de conseguir reunirnos si no es llegando al sitio que te acoge, espero, y donde nos aguardas, espero también.

Hoy madrugamos para la asamblea de la Aso. Estaremos con los amigos con los que compartimos la mala fortuna del 11-M, luchando siempre por honrar vuestra memoria y la verdad de lo sucedido.

Mientras tanto, ha llegado un calor repentino y sofocante, el verano que me siempre entorpece tanto ya está aquí. Y tú sigues sin volver. Pasan las semanas, los meses, y continúas ausente, Rodrigo, aunque te llamemos. ¿Nos oyes, cariño?

Poco más se me ocurre contarte. No estoy muy lúcida. Pero no falto a nuestra cita semanal.

No te olvidamos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

Tu cumple

Son muchos cumpleaños en ausencia, hijo. Demasiados. Ojalá estuvieses por aquí.

Apenas puedo imaginarte cuarentón. Te has quedado en los veinte,  jovencísimo para la eternidad.

Desde casa, mil abrazos gigantes y mil músicas. Te queremos.

Sábado 18 de mayo

Buenos días desde Alicante, querido Rodrigo.  Hace calor, mucho más que en Getafe. Me he despertado muy pronto, quiero creer que por esa desconcertante sensación veraniega. Espero que tú estés bien, hijo.

Vinimos el martes, pero enseguida volveremos a Madrid, después de tres charlas en institutos alicantinos (La Nucia,  Biar y San Vicente del Raspeig). Mira por donde hemos vuelto a recorrer comarcas de excursiones que hicimos antes. Contigo y los lalos. Ay, muy antes…

He hablado de ti en esos tres centros, a grandes grupos de alumnos y profes. Y he regresado con sensaciones difíciles de definir. No malas, porque las charlas salieron bien, pero sí impactantes, ya que mi cerebro no deja de intentar analizarlas.

Nunca antes había tenido tres charlas seguidas en tres dias consecutivos. Reflexiono sobre el asunto a las 4;17,  demasiado temprano, y comprendo las tres charlas me han afectado emocionalmente.

Las experiencias han sido distintas, todas buenas aunque cada una con sus pequeñas peculiaridades. Pero mi subconsciente las recuerda una y otra vez. Creo que no solo para sopesar los resultados, sino al estilo postraumático que me caracteriza.

Menos mal que he venido con papá y he comentado cada detalle con él. Su apoyo es importantísimo, porque me ayuda a descargar angustias y a enfocarme en los detalles positivos.

Ay, hijo. Siento que todo este ajetreo, ir y venir, conocer a ditintas gentes, me afecta. Siento que esta triple exposición emocional deja huella anímica en mí. Cómo no, por otra parte. Si no fuese así,  no sería humana.

Por eso te escribo hoy, hijo, un poco desmadejada. Pero no te preocupes, se ne pasará pronto. Tú vuela alto. No dejes de volar,  cariño. Ni de cuidar de esta pobre familia tuya.

Mil abrazos de oso. Te quieren hasta ese infinito que habitas: Papá y Mamá.

11 de mayo de 2024

Otro once. Muchísimos desde que no estás y ese número se ha adueñado de nuestras vidas. ¿Qué tal todo, hijo?

Aquí avanzamos, que no es poco. Gracias por ayudarnos. No dejes de tenernos bajo tu mirada, cariño. Seguimos necesitándote mucho.

Hoy tu hermano tiene un concierto. Y la próxima semana nos vamos a Alicante. Los días están llenos de afanes, no nos aburrimos. Papá va contando las semanas que le quedan para jubilarse y nos reímos juntos los dos haciendo ese cómputo. También G, cuando se lo contamos. Por eso te lo escribo a ti, Rodrigo. No sé si me lees o me oyes, pero por si acaso. Ojalá sí.

Veinte años son muchos años. Ya no me asalta el agobio de añorarte de continuo. Ya consigo a veces que mis labios dibujen sonrisas cada vez que te pienso. Aunque las lágrimas siguen escondidas en cualquier rincón y pueden asaltarme de improviso. Eso no cambia.

Desde nuestra buhardilla te escribo y te quiero, hijo. No dejes de volar. Cuídanos, porfa.

Millones de abrazos de osos: Mamá.

4 de mayo may the 4th

Hola, hijo, buenos días de sábado primaveral y friki. Te escribo desde nuestra buhardilla, tecleando en el viejo pc y pensándote.

Pasan los días y ya estamos en mayo, el mes de los cumples familiares. El de Dani, el mío, el de Lala, el tuyo y el de Alicia. Hoy, además, may the 4th. Ojalá lo compartas con Juancar allá donde estéis todos vosotros esperándonos. Ojalá volvamos a poder compartir nuestros frikismos de siempre.

Aquí seguimos, hijo. Resistiendo.

Poco más se me ocurre, ando dolorida con mi tendinitis y la cabeza no produce lo suficiente para textos largos. Ojalá me leas y nos eches/ nos echéis una mano con nuestras últimas movidas. Innombrables, de momento, aunque tú las conoces bien. Las de salud también, porfa.

Te espero aquí, en casita, con flores y con abrazos, Rodrigo. No dejes de venir, mueve los corazones y los egos. Porfa.

Abrazos de oso y millones de cariños: Mamá.

27 de abril de 2024

Otra semana loca más ha pasado, con viaje incluido, así que mi percepción temporal sigue alterada. Buenos días, hijo, espero que todo bien en tu mundo ignoto. Aquí, lo usual.

Son las siete de una mañana de lluvia de primavera. El jardín y tus árboles brillan con colores nuevos. Ojalá estuvieses cerca. Ojalá los veas desde el sitio que ahora ocupas, cariño. Te echamos en falta muchísimo.

Hoy veremos a tu hermano, hemos quedado para tomar el café de la sobremesa. En unos pocos días será mi cumple y son ya demasiados sin que me cantes el Happy birthday, aquello que un día dijiste que ibas a hacer en un evento y nos hizo reír a todos. Se te quedó pendiente, cariño. Como tantas cosas que no hiciste, o no hicimos, y llevo añorando amargamente desde tu marcha repentina.

No sé qué va a pasar con tu libro. Creo que se ha agotado la edición y no parece que quieran reeditarlo. Te contaré qué sale de todo ello. Aún quedan dos años de contrato, pero me temo que solo estará disponible en digital. Te diré en cuanto sepa. Nada es para siempre.

Aquí te espero, Rodrigo, en nuestra buhardilla. Queriéndote mucho. No dejes de venir o de cuidarnos. Millones de abrazos de oso: Mamá.

Días de emociones

Hola, cariño, te anoto estas líneas desde la buhardilla que un día compartimos, hace mucho tiempo ya, antes, muy antes…

Acabo de volver de un evento en el que hablé de ti. Es agridulce esto de nombrarte y contar de nuevo lo que pasó el día en que te perdimos. Pero lo hago. Contigo en el corazón.

He dormido diez horas, algo inusual en mí, fue un asunto cansado física y emocionalmente. Pero ahora, sabes, Rodrigo, cincuenta personas más conocen tu nombre y saben de ti.

Te queremos, nunca lo olvides, hijo. No dejes de cuidarnos, por favor.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Tempus fugit

Hola de nuevo, Rodrigo, cómo pasan los días, apenas me he dado cuenta y ya estamos a mitad de mes. ¿Y tú qué tal sigues? ¿Razonablemente bien, como nosotros?

Todavía me muevo entre actividades variadas, lo que me da un objetivo para no perder el norte, pero también su punto de ansiedad. No me quejaré nunca de estos hitos que van salpimentando nuestra vida, aunque me causen un poquito de vértigo o de estrés. De lo que me quejo es de tu ausencia.

Seguimos, continuamos, resistimos, avanzamos este largo camino sin ti pero en tu busca. No nos olvides, hijo, porque nosotros nunca dejamos de pensarte y quererte.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

11 de abril

Regresamos al conteo de los días once. Hola, cariño. Aquí me tienes, redactándote estas líneas y pensando en ti.

Siempre pensando en ti.

Este es es primer mes del cómputo de un nuevo tiempo. Ahora comenzamos, tú allá y nosotros aquí,  un periodo en que tu ausencia será mas larga que los años en que estuvimos juntos. Veinte contigo. Camino de veintiuno sin ti. Y a saber hasta dónde llegaremos.

Fuiste un regalo fugaz, hijo.

Pero te queremos tanto como entonces. Te vamos a seguir queriendo siempre. Hasta que llegue nuestra hora y salgas a buscarnos.

En abril aguas mil

Hola, cariño, buenos días entre lluviosos y soleados, lo esperable en este mes y en la primavera. ¿Y tú, hijo?, ¿qué tal todo? Ojalá pudieras contestarme. Ay, Rodrigo.

Papá y yo seguimos, no nos dejamos abatir. También tu hermano.

Y el asunto es que lo cotidiano no termina de llegar, porque todavía estoy implicada en tres o cuatro actividades que me sacan de esa dulzura necesaria. Aunque, como siempre te digo, no me quejo. Me gusta seguir hablando de ti, no importa que me cueste un poco más de estrés.

Veinte años sin ti, hijo. Lo mismo contigo que sin ti. Y ahora empezando un cómputo más largo para tu ausencia que para tu compañía. Me duele pensarlo, sentirlo. Pero es que no tengo otra manera de alcanzarte, solo puedo continuar andando hasta que llegue a ti. ¿Me esperarás?

Miles de besos, libros, series, canciones, bailes, juegos y abrazos de oso. No te olvidamos. Siempre cuatro: Papá, Mamá y G.